El asesino de Adama en Bilbao, uno de los presos más peligrosos de España

Fabricio J. S., durante el juicio por la muerte del preso José Márquez, en Córdoba.
Fabricio J. S., durante el juicio por la muerte del preso José Márquez, en Córdoba. / E.C.

Ha sido condenado a otros 18 años por matar a un recluso en un baño de la cárcel de Córdoba, en la que cumple condena por el crimen de su excompañera a puñaladas

Josu García
JOSU GARCÍA

A Adama Aua Bari la asesinó de ocho puñaladas, una mientras dormía y las otras siete por la espalda, cuando trataba de huir. La mujer, con la que había mantenido una relación sentimental, no tuvo posibilidad alguna de defenderse. Sucedió en el barrio bilbaíno de Otxarkoaga, el 27 de septiembre de 2004. La Audiencia de Bizkaia le impuso un castigo de 22 años y medio de cárcel. En junio de 2014, Fabricio J. S. volvió a matar. Esta vez acabó con la vida del colombiano José Márquez, en el interior de un baño de la prisión de Córdoba. La emprendió a puñetazos y le pateó mortalmente mientras se encontraba en uno de los pocos lugares del penal donde no graban las cámaras de seguridad. Por este último crimen acaba de ser condenado a otros 18 años de privación de libertad. Y aún tiene pendiente un juicio por atacar con un cuchillo a seis vigilantes.

Nacido en octubre de 1982 en Guinea-Bissau, la historia de este joven africano es la de un hombre extraordinariamente violento y temido. Desde que ingresara en prisión preventiva, hace más de una década, ha permanecido siempre en módulos de alta seguridad. La mayor parte del tiempo, en aislamiento. Hoy en día se encuentra en una celda solo y únicamente sale al patio tres horas bajo la atenta mirada de cuatro funcionarios de prisiones. Acumula más de 40 sanciones por mal comportamiento y en el centro penitenciario de Alcolea, en la ciudad andaluza, todo el mundo le tiene miedo. Así lo declararon varios presos, en el transcurso del juicio celebrado por el asesinato del interno sudamericano. Está considerado uno de los presos más peligrosos de España. Tras su último crimen fue trasladado al Puerto de Santa María, donde ha seguido protagonizando altercados.

Policías y empleados llevan el féretro de Adama. / Luis Calabor

Fabricio J. S. llegó a Bilbao hará unos 15 años. Se movía entre Madrid, Portugal y la capital vizcaína. Su expareja, a la que maltrataba habitualmente y acabó asesinando, se dedicaba a la venta ambulante y viajaba mucho. No tenía una residencia fija. Pasaba temporadas en la villa, pero también en Lisboa, donde residían sus padres. El 26 de septiembre de 2004, ambos acudieron, junto a una amiga, a un pub del Casco Viejo. Luego, los tres fueron a dormir a un piso de Otxarkoaga.

Según la sentencia que le condenó entonces a 22 años de prisión, Fabricio mató a Adama porque la mujer se negó a mantener relaciones sexuales. Fue un crimen horrible. La acuchilló en un brazo mientras dormía. Ella trató de escapar. Logró salir al rellano de la escalera, pero su exnovio la agarró y la introdujo en la vivienda a la fuerza. La golpeó y la lanzó contra el sofá para después apuñalarla siete veces cuando se encontraba inmovilizada boca abajo. Los jueces consideraron como hecho probado que las heridas de arma blanca «se realizaron directa e inhumanamente para aumentar el dolor de la víctima».

Impacto social en Bizkaia

El fallo recoge que, mientras la golpeaba y acuchillaba, el joven gritó: «Muérete puta; si no te acuestas conmigo no te acuestas con nadie». El asesinato de Adama tuvo un notable impacto en la sociedad vizcaína, pese a que la mujer no estaba muy arraigada en Bilbao. El año 2004 fue especialmente duro en lo que a violencia machista se refiere. El Ayuntamiento de Bilbao se personó en el juicio como acusación particular. Era la segunda vez que lo hacía en su historia.

Las claves

Crimen horrible
«Eres una puta. Si no te acuestas conmigo, no te acostarás con nadie», gritó mientras la apuñalaba
Último incidente
En junio de 2016 atacó a seis vigilantes con un 'pincho'. A uno de ellos le hirió en el cuello

El jurado fue contundente y declaró a Fabricio culpable de asesinato en marzo de 2006. El juez le impuso una pena de 22 años y medio de cárcel. Su nombre desaparece de los medios de comunicación hasta que vuelve a matar en Córdoba, en 2014. El caso es especialmente sangrante porque se supone que el sistema de alta seguridad de la prisión tendría que haber funcionado y prevenido la mortal paliza. Al ser insolvente, el Estado tendrá que asumir ahora su responsabilidad e indemnizar a los familiares del joven colombiano.

«Viendo su comportamiento y la evolución, es muy probable que cumpla las penas de forma íntegra», asegura una de las personas que participó en el último juicio. Fabricio ha purgado 12 de los 22 años y medio a los que fue castigado por el crimen de Adama. Después tendrá que encarar otros 18 por la muerte del interno sudamericano. Y podría caerle un tercer castigo, ya que tiene pendiente un juicio por atacar de forma brutal a seis funcionarios con un 'pincho'. A uno de ellos se lo llegó a clavar en el cuello y a otro le provocó un corte en el rostro.

«Todo el mundo le tiene miedo», dice un preso de ETA

En el juicio por el asesinato del preso colombiano José Márquez declararon dos presos de ETA, que fueron citados por la acusación particular. Uno de ellos «no fue muy explícito» en su comparecencia ante los jueces, pero el otro sí dio más detalles de su vida en el penal de Alcolea (Córdoba) y describió el temor que Fabricio despertaba entre los internos. «Todo el mundo le tenía miedo», advirtió, sin ningún género de dudas. Tras matar al interno sudamericano en el baño de la sala de musculación, el asesino de Adama Aua Bari fue trasladado a la prisión del Puerto de Santa María, donde ha seguido protagonizando incidentes.

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