Asaltan un bar de Ibarrekolanda y dejan 4 horas encerrada en el baño a la camarera

El robo se produjo a plena luz del día en la calle Benidorm, en Bilbao./LUIS CALABOR
El robo se produjo a plena luz del día en la calle Benidorm, en Bilbao. / LUIS CALABOR

Dos individuos armados con un destornillador irrumpieron en el local a plena luz del día y lo desvalijaron antes de huir a pie

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

Una camarera permaneció encerrada durante cuatro horas en el baño de un bar de Ibarrekolanda, en Bilbao, el pasado miércoles durantre un asalto en el que dos ladrones se llevaron la recaudación. Los individuos irrumpieron en el local a punta de destornillador y, mientras lo desvalijaban, metieron a la empleada en el servicio. Una vez que se hicieron con el dinero de la recaudación, cerraron el local por fuera y se llevaron las llaves. No fue hasta cuatro horas después cuando llegó el dueño y pudo liberar a la camarera, presa de un ataque de nervios.

El asalto se produjo el pasado 1 de noviembre en el bar Gazteiz, que lleva 30 años abierto en la calle Benidorm. Era aproximadamente mediodía cuando la trabajadora, después de comprar el periódico, abrió la persiana. Poco después irrumpió en el establecimiento un individuo a cara descubierta, que acto seguido se tapó con un pasamontañas, y luego un segundo asaltante. Según explicó el responsable del local a este periódico, los ladrones obligaron a la mujer mediante amenazas a tirarse en el suelo.

«Después la encerraron en el baño y empezaron a trastear, lo revolvieron todo, se llevaron hasta los paquetes de monedas y la ‘Xbox’ de mi hijo», relató el propietario, que calcula que en total se apoderaron de unos 1.000 euros en metálico, sin contar el vídeojuego, el bolso y el teléfono móvil de la trabajadora.

«Que vuelvan otra vez»

El asalto se produjo a plena luz del día en una jornada festiva. En la panadería que se encuentra justo al lado ni se enteraron porque a esa hora tenían mucho movimiento. Cuando ya habían arramplado con todo lo que encontraron de valor, cerraron llevándose las llaves y huyeron a pie por la acera. La víctima se quedó en el interior completamente incomunicada, no tenía teléfono móvil y nadie escuchó sus gritos de auxilio. Así permaneció hasta pasadas las cuatro de la tarde, cuando llegó el dueño del bar. «Tenía la cara blanca, estaba muy mal y eso que es una persona dura», señalaba. Ambos han presentado una denuncia en la Ertzaintza y la víctima prestará hoy declaración ante los investigadores. Por el momento, la mujer no ha vuelto al local.

«Lo que más me fastidia es que les ha salido bien. Lo malo es que vuelvan otra vez», confesaba ayer el dueño, que durante tres décadas al frente del negocio «nunca habíamos tenido problemas de este tipo». Mientras un cerrajero cambiaba la cerradura de la puerta, el propietario barajaba cómo reforzar la seguridad del establecimiento para evitar nuevos asaltos.

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