El vertedero de Artigas abre un nuevo vaso para basuras que se llenará «en 3 ó 4 años»

El recinto, que ocupa una superficie equivalente a tres campos de fútbol, tendrá capacidad para 243.500 metros cúbicos de residuos no reciclables

Jesús J. Hernández
JESÚS J. HERNÁNDEZ

Cada vez que algún vizcaíno abre la tapa de un contenedor verde y lanza allí una bolsa de basura comienza un viaje sorprendente. Los residuos (nada menos que 1,13 kilos por persona y día) llegan transportados en camiones a la planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB), donde se recupera todo lo que es posible reciclar. Lo que no tiene utilidad acaba en Artigas, el gran vertedero de Bizkaia. Cada cierto tiempo, se colmata. La última vez fue en febrero de 2016 y obligó a la Diputación a desviar los residuos a Jata, un recurso que «permanecía inactivo desde el 1 de enero de 2014. No habían concluido aún las obras para acondicionar un nuevo vaso de 20.000 metros cuadrados. Un espacio gigantesco, con capacidad para 243.500 metros cúbicos, que comenzará a funcionar mañana. «Llega con dos meses de retraso por la falta de stock de algunos materiales de reciclaje. Es leve y lo damos por bueno, ya que nos parecía importante utilizarlos», defendió Elena Unzueta, diputada de Sostenibilidad y Medio Ambiente.

Las cifras

1,13
kilos es la cantidad de basura que se genera por persona y día en el territorio.
81 %
de los desechos se aprovechan en Bizkaia, el 37,14% para la generación de energía eléctrica.

El nuevo depósito está en la vaguada derecha del vertedero, donde se prevé que futuras actuaciones lleven a ocupar una extensión de 14,7 hectáreas. Los dos lados de la cresta suman una capacidad total de 2,6 millones de metros cúbicos, que se irán ganando en sucesivas actuaciones. Artigas comenzó a funcionar en 1976 y fue cedido por el Ayuntamiento a la Diputación en 2014. Sus montañas de césped recortado esconden una cantidad ingente de basura. De hecho, la construcción de este vaso se enfrentaba a una dificultad importante: el gigantesco depósito se asienta sobre una mole de 30 metros de residuos, un material que se comprime con facilidad.

El gigantesco depósito se asienta sobre una mole de 30 metros de residuos compactados Celdas superpuestas

Contra derrumbes y fracturas

Nerea Escallada, responsable de las Infraestructuras Ambientales de la Diputación, detalló que «se han utilizado geomallas de refuerzo» para evitar derrumbes y fracturas. «También se han introducido novedades técnicas, como los pozos de captación de gas, que antes se extraía con sondeos, a posteriori, y que ahora están ya repartidos por todo el vaso facilitando la liberación de gas». Un regulador instalado en las cercanías permite modular la cantidad de gas en cada una de las dos celdas que conforman el vaso. La impermeabilización es otra de las claves. Además de capas intermedias de polietileno, se han canalizado y desviado las aguas fluviales para que no terminen en el nuevo vertedero.

Todo está listo para mañana, cuando descargarán los primeros camiones. Será entonces cuando el vertedero de Jata quede inactivo, aunque se use «en casos excepcionales». Deja atrás numerosas protestas vecinales tanto por el tránsito de camiones como por malos olores y aparición de bolsas de plástico en el entorno.

Unzueta: «Todo el material usado aquí viene del reciclaje»

«Apostamos por la economía circular y por el reciclaje. Todos los materiales que se han usado en este nuevo vaso son reciclados. Está en sintonía con esta apuesta clara que hacemos a favor de la reutilización». Elena Unzueta, portavoz foral y diputada de Sostenibilidad y Medio Ambiente, visitó ayer Artigas. «Tiene una gran capacidad, lo que nos da tranquilidad. Pero insistimos en la concienciación de la ciudadanía», añadió. La responsable foral también recordó ayer que esta vertedero cumple con «todas las normativas autonómicas, estatales y europeas» y «alcanza los máximos estándares de calidad exigidos».

La ampliación de Artigas ha costado a la Diputación 3,6 millones de euros y en su construcción se han usado 200.000 metros cuadrados de materiales geosintéticos y 95.000 metros cúbicos de áridos. Ha sido necesario levantar un dique de contención de diez metros. El nuevo vaso tardará en colmatarse, al ritmo actual, «tres o cuatro años». «Nuestra apuesta es aumentar las tasas de reciclaje. Que dure más depende de todos», añadió Unzueta. Más tarde o más temprano, un nuevo depósito tendrá que levantarse sobre el actual. «Los bloques se irán retranqueando», precisó una de las ingenieras.

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