Artículo 833

Decenas de miles de vascos hincan codos

Artículo 833
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La teoría general de nuestro tiempo enfrenta al emprendedor con el opositor, atribuyéndole al primero el empuje, el carácter, y al segundo el conformismo y la comodidad. Yo entiendo lo que se quiere decir, pero no termino de verlo claro. Puesto entre la espada y la pared, creo que preferiría sentarme descalzo en una de esas ‘wellness ball’ a diseñar el espíritu fundacional de mi empresa 4.0 a encadenarme al escritorio para memorizar capítulos del temario de Procedimentología del Proceso Administrativo. Mi elección no tendría que ver precisamente con el empuje. ¿Acaso no hace falta bastante para someterse durante meses a una dura rutina de estudio, quizá sacando horas de donde no se tienen mientras se atienden responsabilidades laborales y familiares? Las probabilidades de opositar y sacar una plaza dependen del esfuerzo y la capacidad, pero también de los números. Y es habitual que el de aspirantes supere al de plazas de un modo aterrador.

Tampoco termino de ver claro que, a cambio de una tortura intensa pero pasajera, una oposición te garantice tener un buen trabajo para toda la vida. Son los nuestros tiempos convulsos y, según mis cálculos, es arriesgado descartar que en diez años no vivamos en los territorios atlánticos de la Gran Corea del Norte Posnuclear. A ver quién le dice entonces al comisario de la plantación de soja juché que él se sacó una plaza muy buena en Osakidetza.

Desafiando con intrepidez a la estadística y a la distopía, decenas de miles de ciudadanos van a optar a las seis mil plazas de empleo público que oferta ahora la Administración vasca. Son un montón de gente y el país ha adquirido una cierta condición de sala de estudio. Deberíamos hablar más bajo, para que no se desconcentren.

Tiene Miguel Delibes un relato melancólico y desternillante sobre un opositor. Su protagonista lleva «doce años estudiando diez horas diarias» y en el momento de la narración, como se acerca una nueva convocatoria, lleva «diez días estudiando doce años diarios». Para distraerse, el pobre va un día al cine a ver una de piratas. Cuando en la pantalla Roger ‘El Cojo’ grita «¡Al abordaje!», él, derrumbado exhausto en su butaca, regresa mentalmente al temario: «Se presumirá perdido por causa de abordaje el buque que, habiéndolo sufrido, se fuera a pique en el acto. Artículo 833».

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