La arquitectura desborda Bilbao

as colas que se formaron en la casa consistorial daban la vuelta al edificio. / Manu Cecilio

Decenas de miles de vizcaínos abarrotan los 47 edificios de la villa que pueden visitarse hasta esta tarde en el festival Open House

MARÍA DE CASTRO

Que los bilbaínos tienen una relación especial, casi simbiótica, con su ciudad es algo que pocos discuten. Ayer quedó patente en la celebración del festival arquitectónico Open House. El evento, que continuará hasta las 19.30 de hoy, se celebraba por primera vez en la capital vizcaína y partía de una premisa sencilla: abrir a la ciudadanía las puertas de 47 edificios que generalmente permanecen cerrados. Miles de vecinos, ávidos por descubrir los rincones ocultos de la ciudad, se arremolinaban ya desde primera hora frente a construcciones como el Ayuntamiento. «Nos ha tocado una espera de tres horas, pero ha merecido la pena por el Salón Árabe, que es espectacular», comentaba Clara Fraile frente a la casa consistorial, donde los voluntarios tuvieron que salir a media mañana a disuadir a todos los que seguían acercándose a engrosar la fila, que daba la vuelta al edificio.

La misma escena se repitió en el Teatro Arriaga y fueron muchos los que optaron, con el folleto del festival en ristre, por remontar la ría y probar suerte en edificaciones como las viviendas Etxargi o Torre Iberdrola. Allí la gente esperaba paciente bajo un sol que caía a plomo y rehacía sobre la marcha el listado de preferencias. «Íbamos a ir a Bailén, pero como había mucha gente hemos pensado en visitar esto», comentaba Ander Lafuente, un joven de Barakaldo, desde las entrañas del sifón de Deusto.

«Un pasadizo secreto»

El túnel subterráneo de 460 metros que cruza la ría entre la Universidad deustotarra y el Museo de Bellas Artes dejó anonadado al nutrido grupo de visitantes que guiaba Ana García. Esta empleada del Consorcio de Aguas se animó a hacer de cicerone para los asistentes. «Antes la ría era una cloaca navegable, eso ha dejado de ser así gracias a que hemos construido una red sustitutiva del medio natural con estos colectores», aseguraba mientras su índice apuntaba a las tuberías que trasladan las aguas residuales desde la margen derecha hasta la depuradora de Galindo, en Sestao.

«El tubo me recuerda al metro con el hormigón armado», comentaba Begoña Pardo, una profesora que incidía en «lo pedagógica que es la visita». La estudiante Ariadne Méndez resaltaba el aspecto ambiental. «Sirve para concienciarte, porque muchos tiran cualquier cosa al váter y creen que desaparece». Ambas se sorprendieron con la trampilla frente al Museo de Bellas Artes que hacía las veces de puerta de salida. «Parece un pasadizo secreto», comentaban. Al otro lado de la ría, la arquitecta británica Victoria Thorton -impulsora del festival- esperaba para acceder al sifón. También se mostraba maravillada, pero por la enorme afluencia del evento. Bilbao superó las expectativas.

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