El Ararteko pide más plazas para menores extranjeros ante el colapso de los centros

Imagen del incendio provocado que el pasado 12 de diciembre destrozó el centro de Amorebieta./E. C.
Imagen del incendio provocado que el pasado 12 de diciembre destrozó el centro de Amorebieta. / E. C.

En la última visita al caserío de Amorebieta en marzo había 68 chavales para un máximo de 40 plazas, pese a que ya se habían abierto nuevas instalaciones

Ainhoa De las Heras
AINHOA DE LAS HERAS

El Ararteko, Manuel Lezertua, recomienda a la Diputación de Bizkaia ampliar el número de plazas para acoger a menores extranjeros no acompañados, conocidos como 'menas', ante la «sobresaturación continuada en el tiempo» de los centros destinados a ellos. Así, en la última visita que realizó el pasado mes de marzo al caserío de Amorebieta, una vez concluida la reforma por el incendio provocado que lo destruyó tres meses antes, sigue habiendo 68 menores cuando la ocupación máxima no debería superar los 40.

El Defensor del Pueblo vasco ha emitido una resolución que cierra el expediente abierto de oficio en 2017 para conocer la situación en los centros de acogida de urgencia, como es el caso de Amorebieta. En este tiempo ha realizado cuatro visitas. Las conclusiones se han retrasado debido al fuego que obligó a su desalojo, la reubicación de los chicos y la posterior reforma. El Ararteko concluye que para garantizar la atención «en condiciones de dignidad» a todos los menores extranjeros que llegan a Bizkaia, como ha hecho hasta ahora, se debe incrementar «gradualmente» el número de plazas residenciales.

En el informe, repasa la evolución del centro de Amorebieta entre la primera visita, el 27 de marzo de 2017, y la última, el pasado 14 de marzo. Hace un año, había en el centro 53 chicos, de los que 14 tenían 17 años, a punto de la mayoría de edad, y otros 5 habían sido devueltos del centro Zabaloetxe (Leioa). Por su «comportamiento disruptivo (brusco) y actitud de confrontación, con incumplimiento reiterado de las normas», regresaban para iniciar de nuevo su itinerario en la red. El resto, tenía entre 14 y 16 años.

El número de chicos ha ido creciendo, pero la plantilla de educadores se ha mantenido en el tiempo, con cinco por las mañanas -más dos profesores de taller-, nueve por la tarde y tres los fines de semana. Lezertua confirmó que se encontraban «cansados» y afectados por el estrés, por lo que reclama a la Diputación que «articule medidas para el cuidado de la salud y las condiciones de trabajo de los profesionales».

Cuidar a los educadores

Las instalaciones, además, se encontraban en situación de «precariedad», con humedades que obligaron a cerrar una de las habitaciones. A partir de abril de 2017 se registró un «cambio brusco de la hasta entonces tendencia descendente de las llegadas», hasta el punto de que en menos de dos años se había triplicado la presencia de estos jóvenes. Así, durante los primeros nueve meses del ejercicio pasado se atendió a 490 menores. La Diputación se encontró con serias dificultades para conseguir nuevas ubicaciones por las dimensiones necesarias y las reacciones contrarias de los vecinos.

La tercera visita se realizó el 28 de noviembre y el Ararteko comprobó entonces «el importante deterioro de las condiciones del centro, tanto materiales como de funcionamiento y del clima de convivencia». Se llegaron a contar 104 chicos y eso que a muchos se les derivó a otros servicios. «Por su relato y apariencia, parecían proceder de familias con un nivel socioeconómico más alto» que antes.

Tenían desde su origen el destino de Bilbao definido, lo que responde a «proyectos migratorios familiares». Por este motivo, trasladaron a la Ertzaintza sus sospechas de la existencia de «mafias que facilitan la ruta de Marruecos a Bizkaia». El Ararteko considera que se trata de un «fenómeno supraterritorial» y constata la «falta de solidaridad de otras comunidades autónomas con un número muy bajo de menores extranjeros en sus centros». En la cuarta y última visita, no obstante, ya se habían arreglado los desperfectos, pero seguía habiendo 68 menores. Todos estaban «activos» y el ambiente era de «optimismo recobrado».

El hacinamiento, un «riesgo para la seguridad»

El «hacinamiento» en los centros de menores representa un «riesgo para la seguridad». En noviembre de 2017, días antes del incendio que arrasó el caserío de Amorebieta, había más de 100 jóvenes. Las habitaciones estaban llenas de literas y las taquillas destrozadas. Como había que duplicar las comidas y las duchas, los educadores incrementaban sus labores de control y se reducía el tiempo destinado a actividades formativas y educativas, lo que aumentaba el riesgo de «incendios, agresiones, abusos», señala el informe. La «preocupación» del Ararteko era «máxima». La mayoría de los problemas los protagonizaban los chicos 'devueltos' de otros centros que iban formando un «grupo numeroso y poderoso, con conductas claramente retadoras e intimidatorias» hacia los educadores.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos