«Alertar siempre de lo peor sería como lo de que viene el lobo: nadie nos creería»

José Antonio Aranda observa el cielo encapotado desde el observatorio de Euskalmet. / IGOR AIZPURU
José Antonio Aranda observa el cielo encapotado desde el observatorio de Euskalmet. / IGOR AIZPURU
José Antonio Aranda - Responsable meteorológico de Euskalmet

El experto asegura que en las inundaciones que anegaron Muxika coincidió todo. «La lluvia se concentró donde podía hacer más daño»

JOSÉ DOMÍNGUEZ Bilbao

Asegura que en cada predicción se cruzan miles de datos con los que se diseñan multitud de escenarios. Pero que nunca trasladan a la población los más negativos. Por una cuestión de «credibilidad». «Alertar siempre de lo peor sería como el tema de que viene el lobo: nadie nos creería», señala el responsable meteorológico de Euskalmet. Y reconoce que el día del diluvio que azotó a Muxika, el 11 de enero, tampoco lo hicieron, pero porque ni se plantearon una hipótesis tan violenta. «Ni nosotros ni nadie», remarca José Antonio Aranda. Aunque también admite que ese «error» es de los que más le ha costado encajar. «Ya nos hubiese gustado avisar antes y que al menos no quedase allí ni un solo coche», confiesa. Con todo, destaca las bondades de un servicio que, gracias a las nuevas tecnologías, atina más que nunca. «Y se hace mucho caso a nuestros avisos que, con las redes sociales, llegan a todos», se congratula.

- ¿Realmente no se pudo hacer más por avisar de la que se les venía encima a los vecinos de Muxika?

- Estudiamos lo ocurrido para que no nos vuelva a pasar, pero fue algo muy excepcional. Sobre todo por la intensidad de la lluvia. Podrían haber caído allí 120 litros por metro cuadrado en un día en vez de 80 sin provocar inundaciones, pero nunca se habían registrado 26 en una sola hora. En ninguna de las 128 estaciones de Euskalmet. Nunca. Y luego se juntó todo: un suelo saturado de agua por tantas precipitaciones desde noviembre, que se concentraron en una cuenca muy pequeña, un afluente del río Oka, un riachuelo enano...

- ¿Significa eso que el mismo fenómeno en otro lugar no hubiese causado tantos daños?

- Metes ese chaparrón en otro sitio y podría haber tragado el doble de lluvia. En el mismo río Ibaizabal. Y menos en la ría. Los cauces amplios absorben sin problemas toda esa agua. Muxika tuvo muy mala suerte.

- ¿La suerte puede influir en la meteorología?

- Sí, porque la lluvia cayó en el peor sitio, donde podía hacer más daño. Y jamás habíamos medido algo tan intenso, y el frente se formó tan rápido que nadie pudo prevenirlo.... Muy mala suerte.

Hitos meteorológicos

Ola de calor.
Agosto 2003. Dos días a más de 40 grados (costa), cinco a 35. El agua del mar llegó a 27.
El año de las nieves.
Invierno 2004-05: Siete nevadas, seis a cota del mar. -21 grados en Iturrieta.
Temporales.
Invierno de 2014. Nueve en tres meses. El oleaje destroza el espigón de Bermeo.
Ciclogénesis.
Klaus (enero 2009) y Xynthia (febrero 2010).

- Vamos, que de saberlo antes, ¿tampoco se podría haber hecho más?

- Nos movimos en cuanto vimos algo. Al ser la cuenca tan pequeña fue todo rapidísimo, cuestión de minutos. Los servicios de emergencia ya estaban allí cuando el río todavía no había subido. Podríamos haber avisado a la gente para sacar las cosas un poco antes, pero poco más. Ya nos hubiese gustado que al menos no quedase ni un solo coche allí...

Los «bandazos» del tiempo

- ¿Qué otros fenómenos se le pueden escapan a Euskalmet?

- Cuanto más violento y pequeño sea, más difícil detectarlo. El más complicado es el tornado. Sobre todo en esta orografía. Aunque también se da en poquísimas ocasiones.

- El cielo está muy inestable. ¿Recuerda periodos similares?

- Inestable quizá no sea la palabra; este invierno se comporta de forma muy incierta. ¿La que más?, no me atrevo a decirlo. Pero nos está haciendo polvo.

- ¿Hasta cuántos días son fiables las predicciones actuales?

- Siete días... Si hay estabilidad puedes acercarte bastante, pero si no... Por ejemplo, para este fin de semana todos los modelos han dado bandazos impresionantes. Hace cinco días había posibilidad de una ola de frío del norte, con nieve a cotas bajísimas -la entrevista se realizó el miércoles-. Esto cambió, se fue mitigando el frío y entraron más precipitaciones. Ahora parece que vendrán menos -más el viernes que ayer-. Y a partir del lunes -mañana- se ve más estabilidad, pero puede pueden producirse cambios tranquilamente.

- La población está expectante...

- Lógico, es la peor época. Desde diciembre a febrero hay más probabilidad de vientos fuertes, oleaje, heladas en el interior, nieves... Pero a partir de marzo bajan muchísimo. Ha habido eneros de 29 días con avisos, como ocurrió hace dos años.

- ¿No se exagera con tanto anuncio de previsión de mal tiempo?

- Es importante distinguir entre aviso amarillo, alerta naranja y alarma roja. El 90% de los mensajes que se emiten son avisos, nada grave. Y no los lanza Euskalmet, sino la Dirección de Atención de Emergencias y Meteorología. Eso implica que no sólo se valoran cuestiones meteorológicas -como se hace exclusivamente en el resto de la Península, subraya-, sino que se tiene en cuenta cómo puede impactar el tiempo en la sociedad. No es lo mismo el riesgo de nevada un fin de semana sin tráfico que un día laborable cuando se pueden colapsar las carreteras; o una tormenta en un junio repleto de actos multitudinarios en la calle. Podemos ayudar mucho en situaciones laborales, de ocio...

- Hay sensación de que se ponen en lo peor por si acaso...

- Un pronóstico siempre tiene un margen de incertidumbre. Y nunca cogemos el peor escenario. Si hiciésemos eso siempre estaríamos con el tema de que viene el lobo y, ante problemas serios, nadie nos creería, con lo que no conseguiríamos nuestro objetivo final: que la gente se autoproteja y tenga cierta confianza.

«Lo ocurrido en Muxika me dio una rabia impresionante, pero no hubo manera de preverlo»

- Y en esta labor las redes sociales cumplen una labor fundamental.

- Totalmente. Llegamos al instante a nuestros 105.000 usuarios en Twitter y a los 27.000 de SOS Deiak, que se multiplican al compartir los mensajes. Podemos avisar de lluvias en una zona concreta, con lo que el margen de maniobra por parte de la población es impresionante. Y, sobre todo, los propios usuarios nos reportan lo que están viendo, con lo que tenemos muchos mas ojos.

- ¿Se llegará a predecir el tiempo con total exactitud?

- En meteorología no existirá jamás exactitud. Eso sí, mejorará más. La informática y las comunicaciones han avanzado una barbaridad. Ahora hacemos previsiones con todos los datos del mundo y cada pocas horas.

- ¿Cuál podría ser el mayor error predictivo de Euskalmet?

- El de Muxika me dio una rabia impresionante. Y la cota de nieve en Gipuzkoa del día de Reyes. Bajó a 200 metros y pensábamos que iba a pasar otra cosa. Aunque a nivel personal recuerdo las inundaciones de 2011 en el Urumea -murió un vecino de Irún arrastrado por el agua-. Habíamos activado todo, pero no subimos el nivel de riesgo al rojo. Ahí nos dimos cuenta de que la población hace mucho caso a los colores. Algún ciudadano habría tomado más precauciones.

Precauciones ante una alerta

- ¿Y el mayor acierto?

- Quizá la ciclogénesis explosiva Xynthia el 27 de febrero de 2010, la segunda alerta roja que emitíamos. Había incertidumbre de hacia donde iría, pero teníamos que decidir. Apostamos por la alerta roja, porque pasaría por Galicia, que era lo que más nos afectaba. Así ocurrió y aquí se registraron vientos de 227 kilómetros, el segundo valor más alto de Europa. Sin embargo, una aseguradora nos dijo que pagó mucho menos que lo preveía para un vendaval de ese nivel gracias a que la gente adoptó muchas precauciones. Ahorró tanto como para financiar Euskalmet muchos años. Ese beneficio fue para todos.

- ¿Cuáles son los puntos más problemáticos de Euskadi?

- A nivel de nieve la autovía A-15 entre Andoain e Irurzun. Barazar también es complicado, aunque Urkiola tiene más pendiente y nieva más, pero sin tanto tráfico pesado.... Y cuando no hay viento, el valle de Iturrieta, junto a Salvatierra, registra las mínimas absolutas. En Bilbao llueve más que en Vitoria, pero menos que en San Sebastián...

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