«Si me alcanza la cristalera, me parte la cabeza en dos, he vuelto a nacer»

Nieves recoge trozos de cristales de su terraza. / Luis Ángel Gómez

«Estaba a punto de salir a colgar la ropa», protesta Nieves, una vecina de la calle Esperanza, que denuncia el «abandono» que sufre el elevador y los peligros que conlleva

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

No es la primera vez que los vecinos de los números 6, 8 y 10 de la calle Esperanza se quejan del peligro que supone vivir con el ascensor de Begoña encima de sus casas. Llevan años quejándose al Ayuntamiento de Bilbao y al Gobierno vasco por los continuos desprendimientos que se producen por el ««abandono y penoso estado» que presenta este elevador, fuera de servicio desde julio de 2014, y cuya estructura de hormigón se eleva unos 50 metros sobre sus tejados.

Los afectados lamentan que ninguna institución atienda sus reclamaciones. «Nadie nos hace caso. Ni sabemos las veces que nos habremos quejado, pese a que llevamos un montón de años recordándoles que así no podemos continuar. ¿50, 80, 200 veces? Hemos perdido ya la cuenta, pero da lo mismo. Nadie nos hace ni puñetero caso. Solo Surbisa muestra interés. Nos han llegado a decir que hasta que no suceda una desgracia vamos a seguir en las mismas. Es decir, sin solución alguna», denuncia Nieves, que ayer vio rondar el peligro «más cerca que nunca».

Hacia las cinco de la tarde se disponía a colgar la ropa. Estaba a punto de salir a la terraza, pero, en un abrir y cerrar de ojos, volvió a meterse a la cocina tras escuchar un ruido tremendo. «Fue brutal. Me asusté mucho. Pensé: ‘Otra vez que nos ha caído algo. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así?’. Si llego a salir y me alcanza la cristalera, me parte la cabeza en dos y me mata. Ya no estaría aquí. Así que ahora estoy hasta contenta, porque es como si hubiera vuelto a nacer», confesó la afectada, atenazada aún por los nervios, mientras recogía trozos de la cristalera que cayeron sobre su patio.

Si la tragedia le rozó ayer a ella, otras veces ha amenazado a más residentes, que viven entre el miedo y la indignación. En septiembre de 2008 un gran estruendo, «parecido al de un trueno o una bomba», despertó de madrugada a Clotilde Agirre. Unos cascotes cayeron del histórico ascensor y rebotaron contra su tejado y patio. Algunos fragmentos agujerearon una mesa colocada en el exterior de su casa. A finales de 2013, Roberto Escalona, presidente de la comunidad de propietarios del número 8, puso el grito en el cielo después de que piedras de hasta 9 kilos se desprendiesen de la caja que envuelve el elevador y se precipitara contra su terraza.

«El Gobierno vasco y el Ayuntamiento no nos hacen caso. Solo actuarán cuando pase algo» protestas

Nieves insistió ayer en lo que resulta una obviedad para todos los vecinos: «El ascensor se cae literalmente a trozos. Está tan deteriorado que el problema sólo se soluciona desmontándolo y retirándolo para siempre. Mientras no se haga eso, el peligro persistirá. ¡Estamos hartos!». Ante el temor a sufrir nuevos percances, estos vecinos del Casco Viejo han llegado incluso a cambiar sus hábitos cada vez que salen a la calle. Utilizan el eje de Viuda de Epalza, en vez de Esperanza, para acceder a El Arenal.

Los vecinos ven muy difícil solución a su problema debido al conflicto que enfrenta a la firma concesionaria -Ascensores a Begoña- y el Gobierno vasco. La adjudicataria se niega a seguir adelante con el servicio a consecuencia de las pérdidas acumuladas desde 1996, coincidiendo con la inauguración del ascensor que enlaza la estación de Metro Bilbao del Casco Viejo con el barrio La Cruz.

Las claves

Tres años cerrado: El ascensor realizó su último viaje para conectar la calle Esperanza con la parte alta de Mallona el 8 de julio de 2014.

Reapertura: Gobierno vasco y Ayuntamiento han mostrado su disposición a reabrirlo, pero la concesionaria se niega por las pérdidas acumuladas.

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