POR LOS AIRES

Se estudia la construcción de un teleférico a Artxanda

Un operario limpia el cartel de Bilbao que ha sido instalado hace poco en el mirador de Artxanda./M. C.
Un operario limpia el cartel de Bilbao que ha sido instalado hace poco en el mirador de Artxanda. / M. C.
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Puede que haya un asunto sobre el que los columnistas sí hagamos predicciones infalibles. Los teleféricos. No es el cambio climático o Cataluña, lo reconozco, pero tampoco está mal. Fíjense en lo que el maestro Olmo escribió hace diez años en estas páginas: «A lo mejor alguien caza la idea y quién sabe si en un futuro más o menos lejano podemos tener también nuestro teleférico a Artxanda». En aquella columna, Olmo reflexionaba sobre si no sería el Bilbao del momento, el de «los grandes proyectos urbanísticos», el que abordaría una posibilidad sobre cuyas bondades le había escrito un lector en los años sesenta: la construcción de un teleférico que uniese la zona de Uribitarte con Artxanda.

Medio siglo después, el proyecto se ha estudiado en serio y espera en un cajón del Ayuntamiento. El teleférico saldría de Abandoibarra, llegaría hasta la zona del funicular en lo alto de Artxanda, movería veintinueve cabinas y su construcción costaría entre siete y once millones.

Antes de seguir con el proyecto, permítanme que me detenga en el cajón. ¿Tendrá el Ayuntamiento más estudios detallados dentro de ese cajón tan secreto y prometedor? ¿Y sobre qué tratarán? ¿Discotecas subacuáticas en la ría? ¿El ‘hyperloop’ desde Santurtzi a Bilbao? ¿Conexiones con los barrios altos (por favor, por favor) mediante una flota de zepelines?

Yo me sitúo de inmediato a favor de este repositorio fantasioso. Demuestra una gran coherencia en lo tocante a Oriente Medio que el Ayuntamiento no solo cuente con un Salón Árabe, sino también con un Cajón de Aladino. Otra cosa es que haya que construir lo que salga del cajón. Llegada la hora de las apuestas fuertes, a veces no es sencillo distinguir lo audaz de lo temerario. El teleférico a Artxanda costaría un dineral y quizá convendría que Artxanda se convirtiese en algo más que un mirador antes de preocuparse por llevar allí a la gente de un modo fabuloso.

El funicular, por cierto, también es muy bonito.

El proyecto revolucionario, y el que probablemente obtendrá amplios consensos, consiste en transformar Artxanda en el jardín lúdico de la ciudad. Y conseguir que se llene de bilbaínos en busca de oxígeno y diversión. Será con vida y fauna autóctona como más les guste todo a los turistas después, así lleguen por tierra, mar o aire.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos