Las aguas de la ría recuperan la actividad

José Luis Castelo, de Txurdinaga, se animó con su silla de ruedas.
José Luis Castelo, de Txurdinaga, se animó con su silla de ruedas. / Ignacio Pérez

La travesía de Bilbao a Santurtzi y la jornada de ocio de los discapacitados de Bizkaia animan el cauce

SILVIA OSORIO

La ría de Bilbao recuperó ayer todo su esplendor. En una mañana típica del Botxo, con nubes que pasaban amenazantes, la actividad retornó al cauce del Nervión tras la alerta generada por la leptospira. Esta bacteria, que fue detectada en cinco deportistas que participaron en el Bilbao Triatlón del pasado 20 de mayo y que se contagia por contacto directo o indirecto con la orina de animales -principalmente de la ratas-, había generado revuelo e incertidumbre a la hora de meterse de manera prolongada al agua, incluso hasta el punto de que el Club Deportivo Bilbao optó por aplazar su histórica prueba de natación.

Pero la preocupación quedó ayer en un segundo plano. Los últimos análisis realizados por encargo del Ayuntamiento de Bilbao indicaron que no hay rastro de esta bacteria. Unos resultados que, aunque mantienen que «no es apta para el baño» por la existencia de niveles altos de E.colis y enterococo, han templado la situación y permiten a este cauce que atraviesa Bizkaia reivindicarse como lo que es: un motor turístico y un espacio de ocio y disfrute.

A primera hora de la mañana, el muelle del Museo Marítimo fue el escenario del inicio de la cuarta edición de la Travesía de la Sardina, una competición a nado desde la capital hasta Santurtzi que emula el paseo que antaño realizaban las sardineras, pero a la inversa. Promovida por el club de natación de la localidad marinera, es la primera prueba que se celebra tras la aparición de los casos de leptospirosis, sin mermar los ánimos de los participantes a darse un chapuzón de más de dos horas. «No tengo ningún miedo. Son casos puntuales y no nos tenemos que dejar llevar por el alarmismo», comentaba convencido Javier Castro, que el año pasado ya se zambulló en la travesía corta, desde Sestao. «¡Y aquí estoy! No me pasó nada», añadía.

Con más experiencia, Enrique Etxebarria, que se ha bañado varias veces en el Nervión, no lo dudó. «Nunca he tenido problemas y me fío de eso. Además, me he informado, y en distancias que son cortas las bacterias se activan más, y en esta prueba, como vamos más separados y no hay tanto burbujeo, es menos probable», arguyó este deportista de Urduliz.

Para prevenir, la organización estableció varias medidas hasta ahora inusuales: la obligación de darse una ducha con gel biodegradable nada más salir del agua y el veto a nadadores con heridas o cortes. «Estoy tranquilo, pero todas las medidas de seguridad que puedan poner me parecen bien», opinaba Edorta Núñez, vecino de Zierbena, que se estrenaba en la prueba.

Hubo también quienes se lo pensaron dos veces. «Entre nosotros hemos comentado bastante el tema, pero todo el mundo dice que está limpia. Un poco de respeto sí da, ya que al final siempre tragas agua», afirmaba Noe Arranz mientras se enfundaba el neopreno. La travesía se saldó finalmente con un total de 87 participantes, 43 menos que los 130 previstos. Desde la organización achacaron las bajas a la coincidencia en fechas con el Campeonato de Euskadi en Vitoria. «Van a conseguir mínimas para el Campeonato de España y tenían que ir. El resto de gente no nos han dicho que no haya venido por algo concreto», esgrimió una integrante del club.

«Normalidad»

«Normalidad» también aconsejó Oihane Agirregoitia, concejal de Juventud y Deporte de Bilbao, que se pasó por el muelle de Pío Baroja para arropar a las cerca de 50 personas discapacitadas que practicaron paddle surf o piragüismo en una iniciativa de Fekoor. «Hay que seguir disfrutando de la ría como lo hemos hecho hasta ahora, con las medidas de precaución que sean necesarias, pero sin alarmismos. No hay más que mirar a lo hoy tenemos: personas con ganas de disfrutar de este espacio privilegiado de la ciudad».

José Luis Castelo fue uno de ellos. Se montó, con su sillas de ruedas incluida y con la ayuda de un monitor, a una tabla adaptada de surf de remo. «A pesar de todo lo que se ha dicho, ¡tengo unas ganas increíbles de echarme al agua!», exclamaba entusiasmado. Una sonrisa que también repitió en el rostro de la pequeña Alina, que optó por la piragua. «Soy muy atrevida. Ya me he montado varias veces, y me encanta».

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