Bailar en silla de ruedas sí es posible

Alumnos de Dantzatxen muestran la coreograía 'El poder de los sueños'

Dantzatxen es una academia bilbaína donde personas con y sin diversidad funcional aprenden ritmos sevillanos, modernos y hasta en lengua de signos. En esta escuela no existen barreras para disfrutar del baile

SAYURI NISHIME

A Uxue Franco le da igual el género musical, con apenas 11 años está dispuesta a «bailar de todo». Lo demuestra moviendo con algo de dificultad, pero con una sonrisa, sus brazos al son del estribillo de 'Aldapan gora'. En 2012 le detectaron el Síndrome de Kabuki, un desorden congénito que afectó a su movilidad. Cada año le realizan exámenes neurológicos y cardíacos para examinar el alcance de la enfermedad, pero su mejor terapia es también su pasión y la pone en práctica en Dantzatxen, una academia de baile en Bilbao. El talento lo ha heredado de su madre, María Jesús Pelaez, quien revela que el gusto por el baile viene de familia, «a su hermana pequeña le encanta, a su aita no tanto».

Uxue, al igual que todas las alumnas y los alumnos de Dantzatxen, ha derribado el muro del ‘Yo no puedo’, con el fin de recordar que la barrera para la inclusión es la reproducción de los estereotipos. Si bailar es su pasión, nada les impide disfrutar de ritmos sevillanos, modernos y hasta en lengua de signos. Personas en silla de ruedas, con problemas de movilidad, ciegas y sordas, entrenan sus dotes de baile en el gimnasio del Instituto CIPF Txurdinaga LHII. «Noto que aquí los bailes son adaptados para ella, intentan que pueda hacerlos. Creo que es la primera vez que está tan cómoda», asegura María.

Fue hace un año que los colaboradores de Txokobide decidieron crear este espacio en Bilbao para «enseñar los beneficios del baile inclusivo», explica Eriz Delgado, uno de los dinamizadores del proyecto, que no duda en salir a la pista en cuanto escucha las primeras notas musicales. Con estas clases demuestran que cualquiera puede hacer lo que se proponga, pero también fomentan la práctica de ejercicio y ponen a disposición de sus alumnos un espacio de encuentro donde divertirse y aprender en grupo.

«No se baila con los pies»

Un lema habitual entre quienes practican la danza afirma que «si sabes caminar, sabes bailar», pero en esta academia bilbaína utilizan otro: «No se baila con los pies, sino con el corazón». Así lo demuestra Ibai Martínez de 16 años. Desde pequeño ha acompañado a su madre, Concepción Peña, a clases de baile en la Asociación Amatxu. «Ensayaba conmigo y se partía de la risa. Le encantaba». Por ello decidió inscribirlo hace un año en Dantzatxen, y desde entonces, siempre se le ve contento. «Su actitud es muy positiva, no con palabras pero sí en la mirada».

A los pocos días de nacer, los doctores le diagnosticaron a Ibai parálisis cerebral, le faltaba el aire y no toleraba la alimentación oral. En su día a día no faltan las visitas a neurología, ortopedia y digestivo, entre otros especialistas, pero su rutina favorita es practicar en la academia. Él prefiere la música moderna al flamenco y su pareja de baile es su madre. «No maneja las manos, así que me pongo delante y me muevo como si fuese él. Con su sonrisa es bastante», explica Concepción.

El objetivos es «que ellos vean que son capaces de poder hacer algo que, de cara a la sociedad y a todo el mundo, es imposible», expresa Vanesa Ferro, profesora de yoga de Dantzatxen. Para ella, los beneficios físicos y mentales en los alumnos han sido notorios. Principalmente porque el baile, además de ser un espacio de diversión, es una herramienta que permite potenciar la capacidad de movilidad, mejorar la autoestima y facilitar las relaciones. Es ahí, donde radica la premisa básica de la danza como terapia: «Todo movimiento corporal puede llevar a su vez a cambios en la 'psiquis', promoviendo la salud y el crecimiento personal».

«No maneja las manos, así que me pongo delante y me muevo como si fuese él. Con su sonrisa es bastante» Concepción peña, madre de ibai martínez

Alumnos ensayan la coreografía 'Aldapan gora'. En el centro, Concepción Peña con su hijo Ibai Martínez.
Alumnos ensayan la coreografía 'Aldapan gora'. En el centro, Concepción Peña con su hijo Ibai Martínez. / DANTZATXEN

«En nuestra pista no hay barreras»

Noelia Jiménez ha estado en escuelas de baile desde pequeña, «siempre tirando por Hip-Hop, street dance y danza moderna». Desde hace un año participa en Dantzatxen, un espacio que le ha permitido disfrutar del baile desde una experiencia menos individualistas y más colaborativa. «Es diferente, estás con personas con problemas de movilidad y tratas de apoyarlos y compartir con ellos esta afición». En esta pista no se trata de quién se luce más, sino de demostrar que «no hay barreras».

A sus 17 años, cursa el segundo año del ciclo formativo en Atención a Personas en Situación de Dependencia. En la academia comparte sus habilidades como profesora de apoyo. «Las coreografías son más lentas y los movimientos menos bruscos, pero lo importante es ayudar a las personas en su movilidad y que todos disfrutemos».

Noelia se pone delante para guiar una de las coreografías: ‘Mi gente’ de J Balvin. No necesitan llevar la cuenta porque el ritmo que tienen les basta para seguir cada uno de los pasos. «Aquí no se discrimina a nadie». Personas de todas las edades, con y sin diversidad funcional, disfrutan desde los ritmos más suaves, hasta los más caribeños. Por hoy, se han acabado las clases en esta academia, pero Uxue sigue bailando al salir de la pista. «Se te caen las lágrimas cuando la ves bailar», concluye su madre. Y como dice una de las canciones que han ensayado en esta sesión, estos alumnos van «cuesta arriba, paso a paso».

LOS ALUMNOS

Uxue Franco.
Su pasión es el baile y disfruta de todos los ritmos. Cursa sexto de primaria en la Ikastola Abusu y cada quince días suele montar a caballo. Salta, aplaude y ríe al recordar que pronto le tocará ir nuevamente.
Ibai Martínez.
Es más de música moderna. También le gusta visitar las piscinas y participar en todas las actividades que se promuevan en el Centro de Educación Especial Zabaloetxe, donde estudia el grado medio. Dentro de tres años, pasará al grado superior en el Centro de Día de Adulto.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos