Aburto y Rementeria reprenden a los hoteles por disparar los precios en las finales de rugby

Aficionados al rugby pasean por Bilbao, la semana pasada./Manu Cecilio
Aficionados al rugby pasean por Bilbao, la semana pasada. / Manu Cecilio

Instituciones y empresarios acuerdan fijar unas tarifas máximas para evitar «abusos» en grandes eventos

Luis López
LUIS LÓPEZ

Esto del capitalismo es muy fácil de entender. Si hay mucha oferta y poca demanda, los precios bajan. Si hay mucha demanda y poca oferta, los precios suben. Es lo que acaba de ocurrir en Bilbao con los hoteles. Las finales de rugby atrajeron a decenas de miles de personas, pero en el área metropolitana sólo había algo más de 4.000 habitaciones para acogerlas. Ante la falta de capacidad, los precios en la ciudad se dispararon. Oferta y demanda. Las habitaciones se vendieron carísimas y hubo quien pagó por ellas. Otros se fueron. Ya está.

¿Así de fácil? Pues no. Bilbao está intentando ganarse un nombre y un prestigio en el circuito de los eventos internacionales y de los congresos, un mercado pujante que mueve miles de millones. Hace algo más de una semana expertos del sector advertían en este periódico de que, para ser competitivas, las ciudades debían contener los precios. No dejarse llevar por el entusiasmo de acontecimientos puntuales que les hagan morir de éxito. Si en una cita masiva se recibe a los visitantes con el cuchillo entres los dientes, el destino cae antipático. Asusta. Y las empresas que gestionan estas cosas ponen un negativo a la ciudad oportunista que le puede cerrar las puertas de futuros eventos.

Así que los principales responsables institucionales de Bilbao y Bizkaia, el alcalde y el diputado general, dieron ayer un tirón de orejas a los hoteleros. Unai Rementeria convocó a los representantes empresariales del sector para reprenderles y aclararles que «esto no es bueno para la imagen de Bizkaia, ni es coherente con la apuesta institucional de traer grandes eventos. No podemos traerlos si luego espantamos a los visitantes con precios abusivos». El diputado general no se guardó reproches y aunque admitió que «es legítimo aprovechar momentos especiales» de gran demanda, «una cosa es aprovechar, y otra abusar. No hagamos a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros».

«No me gusta»

Por eso, pidió a los empresarios «visión a largo plazo, no a corto, cortísimo». «No queremos que los visitantes vengan solo una vez, y solo un día; queremos que vengan muchas veces y que hablen bien de Bizkaia». Tras la reunión, según coincidieron fuentes forales y empresariales, se llegó al acuerdo de trabajar de forma conjunta para establecer un precio máximo que evite «abusos» en citas futuras.

En la misma línea se manifestó Juan Mari Aburto. «Nuestro trabajo es mirar hacia delante, al futuro, y no solo obtener beneficios en un momento concreto», ilustró. El alcalde se mostró tajante en una entrevista en ETB-1 sobre el encarecimiento de los hoteles durante las finales de rugby: «Tengo que decir alto y claro que no me gusta».

Bilbao, ciudad de grandes eventos

Lo que ya fue: finales de rugby
439 euros era el precio al que se vendía una habitación en un bed&breakfast del Casco Viejo para de las finales de rugby, cuando normalmente está en 75. Un hotel de dos estrellas que para un viernes normal cuesta 125 euros se elevaba hasta los 550. Una cama en un dormitorio compartido, la opción más económica, superaba holgadamente los 100 euros. Las tarifas en hoteles de más categoría crecían hasta los 700 y, en ocasiones, hasta los 1.000 euros.
Lo que viene: MTV
225 euros es el precio al que se está vendiendo una habitación en un hotel de dos estrellas para el día 4 de noviembre, cuando será la gala de los premios MTV; su precio para una semana después, el día 11, es de 40 euros. En un tres estrellas –ni el más caro, ni el más barato– se piden 288 para la fecha señalada, y 68 para la semana siguiente. En un cuatro estrellas la diferencia es de 400 frente a 89.

¿Qué hacer entonces para evitar que este tipo de comportamientos ponga palos en las ruedas a una estrategia de promoción en la que las instituciones están invirtiendo tanto tiempo y dinero? Xabier Otxandiano, concejal de Desarrollo Económico, aclara que «no podemos regular los precios». Pero sí «trabajar de la mano del sector, porque el coste del alojamiento es un factor determinante para la competitividad de una candidatura». Es decir, los hoteles deben mentalizarse de que no hay que matar a la gallina de los huevos de oro. «Hay que tener una visión a largo plazo; es una de las lecciones aprendidas en estas finales».

Pero, ¿tanto han subido los precios de los hoteles en Bilbao la semana pasada? ¿Acaso no suben siempre en todas las ciudades cuando hay eventos así? ¿Quién dice cuándo el encarecimiento es normal, y cuándo extraordinario? Álvaro Díaz-Munío, presidente de la asociación hotelera Destino Bilbao, niega la mayor. «Quien crea que los precios en Bilbao han sido desorbitados durante esta cita de talla mundial es que no ha entendido nada», dijo tras la reunión con Unai Rementeria. Respecto a las declaraciones de Aburto, le reprochó que se haya pronunciado sin ponerse antes en contacto con ellos y dando por buenas «noticias sin contrastar». Según explica el portavoz de los hoteles, «el 60%» de las habitaciones disponibles en su asociación se reservó a un precio «más que razonable» para la organización de las finales de rugby, «para que el evento pudiese venir a Bilbao». Con el resto, trataron de compensar ese gesto. Pero, asegura, sin abusos.

«Es una pena»

Sin embargo, los hoteleros se quedan solos defendiendo esta posición. ¿Quién tiene la última palabra? Quien más manda: la gente que ha venido hasta Bilbao para gastarse su dinero. Durante el jueves, el viernes y el sábado varios redactores de este periódico realizaron reportajes sobre el ambiente en las calles de la ciudad y la queja unánime era el disparatado coste del alojamiento. «Llevamos diez años yendo a finales en Londres, Edimburgo, Dublín... y es la primera vez que nos inflan tanto los precios», decían unos. «Nos han cancelado la reserva que habíamos hecho hace meses por 80 euros, para sacar la habitación a la venta por más de 400», decían otros.

También los periodistas internacionales acreditados, acostumbrados a estas peripecias, dejaron patente su disgusto ante esta situación. De hecho, ya hace semanas que diarios como el Irish Times advertían a la afición de que para viajar a la capital vizcaína había que venir «con los bolsillos llenos». Y anteayer mismo el Daily Mail, tras elogiar a Bilbao y la organización, añadía que «es una pena los precios desorbitados que pusieron los hoteles».

Los hinchas disfrutaron a lo grande en San Mamés.
Los hinchas disfrutaron a lo grande en San Mamés. / Luis Ángel Gómez

«En el mercado juega la demanda y la oferta, pero hay que tener un límite»

Hay pocos sectores que estén tan interrelacionados como el comercio, la hostelería y los hoteles. Si le va bien a uno, les va bien a todos. Por eso, en este conflicto nadie quiere hacer sangre. Pero sí lanzar mensajes. «En el mercado juega la oferta y la demanda, sí, pero hay que tener un límite», reflexiona Héctor Sánchez, gerente de la Asociación de Hostelería de Bizkaia, en relación con el encarecimiento de las habitaciones durante el rugby. «Bilbao está creciendo en turismo congresual porque los precios de los hoteles no son carísimos, eso nos hace competitivos».

Lo ocurrido la semana pasada, tanto en este sentido como «en las previsiones de actividad», que se quedaron por debajo de lo esperado, «es algo de lo que podemos aprender de cara al futuro». Eso sí, «crucificar a los hoteles no creo que sea del todo justo, porque esto ha ocurrido dos días al año, y también hay fines de semana flojos...». En todo caso, «todas las opiniones de la gente que ha protestado no deben caer en saco roto, y seguro que los hoteles escuchan».

En el mismo sentido se manifiesta Aitor Elizegi, presidente de BilbaoDendak. «La capacidad de escucha en el sector servicios es esencial». Y aunque comienza ensalzando al sector hotelero porque «la relación calidad-precio de los hoteles en Bilbao es una joya», también cree que en acontecimientos como las finales de rugby «debemos coordinarnos para hacer de ellos eventos de país, y entenderlos como una inversión a medio y largo plazo». Lamenta que «algunos de los precios que hemos visto la semana pasada no están a la altura del proyecto común», pero entiende que los hoteles, muy castigados durante la crisis, traten de hacer caja en días señalados. Por eso asume que contener los precios es una apuesta a medio plazo que «daría más calma al sector».

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