El Correo

El sida repunta entre los jóvenes al caer el miedo al sexo de riesgo

El sida repunta entre los jóvenes al caer el miedo al sexo de riesgo
  • «El temor es un buen mecanismo de defensa», sostiene la agrupación T4, que atiende en Bilbao a afectados por el VIH desde hace 25 años

Cuando en la década de los 80 a Marco Imbert le diagnosticaron el virus del VIH, se compró un panteón para que su familia pudiera enterrarlo. Entonces el pronóstico de vida no superaba los cuatro años. Ahora, este peluquero chileno asentado en Bilbao acaba de cumplir 53 y tiene perfectamente controlada su carga viral. «Llegue a tomar 14 pastillas de una toxicidad alta. Ya solo necesito dos y no me hacen tanto daño al hígado y a los huesos».

La llegada de la terapia antirretroviral y otros avances están permitiendo experimentar lo que hasta ahora solo era una incógnita médica: envejecer con el conocido como síndrome de la inmunodeficiencia adquirida, el sida. La asociación T4, que trata en la provincia a las personas con esta enfermedad desde hace 25 años, organizó ayer la jornada ‘ViHvir después de los 50’. El evento reunió en Bizkaia Aretoa a más de 150 personas y puso sobre la mesa los nuevos retos que se plantean para los infectados.

«Gracias al gran trabajo de profesionales sanitarios y sociales el sida ya no se relaciona con la muerte», se alegró el alcalde Juan Mari Aburto, que inauguró las jornadas junto a otros representantes institucionales. Entre los ponentes no solo figuraban investigadores punteros como el doctor Giovanni Guaraldi, también había una madre, un trabajador o un militante que hablaron en primera persona. «Trabajan, son padres, tienen parejas... El estigma, eso sí, se mantiene y pesa mucho. Los requisitos laborales son muy estrictos para ellos. No se aceptan personas con enfermedades infecciosas, aunque estén tratadas y no sean contagiosas», aseguraba Álvaro Ortiz de Zarate, coordinador de los equipos que componen T4.

«Gestionar el placer»

La asociación dispone de centros de atención diurna para 64 personas y varias residencias de convalecencia con 28 plazas. Uno de sus programas más fuertes se centra en fomentar una sexualidad placentera y saludable. «No queremos enseñar desde la prohibición y la culpa. Preferimos que los jóvenes aprendan a gestionar el placer». Durante un estudio realizado a chavales de entre 15 y 20 años en las fiestas de Bilbao, Ortiz de Zarate comprobó preocupado que muchos asumían relaciones sexuales de alto riesgo sin ser conscientes de las consecuencias. «Hay un repunte de infecciones del VIH en los jóvenes». Las estadísticas muestran un claro incremento entre los 25 y los 29 años, y también contemplan casos en población todavía menor, desde los 15.

El propio Imbert, que trabaja como agente de salud en T4, cree que las nuevas generaciones no se dan cuenta de la gravedad de este virus. «El miedo es un buen mecanismo de defensa. Curiosamente, a pesar de que el estigma y la marginación se mantenga, ya no se teme al VIH. Esto sucede tanto en la comunidad LGBT como entre los heterosexuales, cuya preocupación se centra casi exclusivamente en el embarazo y en la pérdida de la virginidad. Muchos de estos se olvidan de las enfermedades de transmisión sexual o del riesgo de la penetración anal sin preservativo». Imbert ha podido comprobar este nuevo fenómeno en los talleres formativos: «Ya no ven el sida como un peligro mortal, sino como una simple enfermedad crónica que se soluciona con unas pastillas. Están banalizando el riesgo -lamenta-. No lo saben, pero aceptar que tienes que vivir con VIH el resto de tu vida es casi tan duro como afrontar la muerte». Tras un combate físico y psicológico con el virus, Imbert se alegra ahora del simple hecho de poder envejecer y llevar una vida normal.

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