El Correo

Los padres podrán decidir el orden de los apellidos de sus hijos a partir de junio

  • Si los progenitores no se ponen de acuerdo antes de tres días, un funcionario del Registro Civil decidirá: orden alfabético o sorteo

Primero el apellido del padre, después el de la madre. La inercia y la tradición han estado presentes en la ley a través de una norma que ha hecho prevalecer el apellido del varón sobre el de la mujer a la hora de inscribir a un hijo o a una hija. Una discriminación formal a la que la entrada en vigor de la nueva ley del Registro Civil pondrá fin el próximo mes, después de haber pospuesto seis años su puesta en marcha, con el fin «de avanzar en la igualdad de género».

Lo cierto es que el Código Civil ya preveía la posibilidad de que ambos progenitores, «de común acuerdo», decidieran «el orden de transmisión de su respectivo primer apellido, antes de la inscripción registral». Si no se ejercitaba esta opción regía «lo dispuesto en la ley», es decir, la predominancia masculina: «El primer apellido de un español es el primero del padre y el segundo es el primero de los personales de la madre, aunque sea extranjera». Pero en la práctica, este embrollo legislativo conducía a que, en caso de querer poner el apellido de la madre primero, hacía falta la autorización de ambos progenitores.

Es decir, padre y madre tenían que presentarse, juntos y en persona, ante el funcionario del Registro Civil o en la oficina correspondiente del centro médico –ahora se permite inscribir a los bebés en algunos hospitales en un plazo de 72 horas– para que se hiciera efectivo. Un trámite molesto para una madre recién salida del hospital o que aún permanece ingresada. El caso es que si sólo acudía el padre o si no llevaba una autorización firmada por la madre, no valía. Esto es lo que a partir de junio sí será posible. Bastará con que los progenitores se pongan de acuerdo y firmen un documento de autorización que pueden remitir al registro cualquiera de los dos. En caso de no indicar el orden de los apellidos que se prefiere, el encargado del Registro Civil requerirá a los progenitores para que en tres días lo comuniquen. Si no lo hacen, este funcionario «acordará el orden de los apellidos atendiendo al interés superior del menor». Procurará evitar malsonancias a la hora del combinarlo con el nombre, optará por el orden alfabético o lo decidirá por sorteo.

Una opción todavía mínima

Según datos facilitados por el Ministerio de Justicia, los registros oficiales contabilizaron el año pasado 3.000 peticiones para anteponer el apellido materno, el número más elevado de los que se tiene constancia y el doble de los 1.547 contabilizados, por ejemplo, en 2010. Sin embargo, comparado con el número de nacimientos que se producen al año en España –400.000 en 2016–, la cifra de familias que elige esta opción es aún mínima.

La nueva norma tiene un alto valor simbólico, ya que en ella subyace evidentemente el propósito de avanzar en el desarrollo de las políticas de igualdad, aunque no solo: la actividad registral de los últimos años revela que en el ánimo de muchas familias a la hora de realizar este tipo de trámites prima también el deseo de preservar apellidos a punto de extinguirse o el de evitar concordancias malsonantes. Y, muy importante, la reforma permitirá acelerar los trámites para que las víctimas de la violencia de género o sus hijos puedan eliminar cualquier rastro del agresor en la identidad de los descendientes.

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