El Correo

La música de piano conquista las calles de Bilbao

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Un grupo de personas escucha la música de uno de los pianistas. /IGNACIO PÉREZ

  • La Fundación Serra distribuye seis instrumentos por la ciudad para uso de los vecinos

Al filo de las once de la mañana Irantzu se ha acomodado frente a un piano de cola que presidía la Plaza de Santiago y, temblando, se ha puesto a tocar. Aunque lleva casi una década estudiando música, esta estudiante de 17 años no está habituada a tocar al aire libre. «Me he levantado supernerviosa», confesaba con una sonrisa. A unos metros, un par de niños que jugaban a la pelota en la plaza han interrumpido su correteo para escuchar las notas del estudio de Vertini que la joven interpretaba.

Irantzu es una de las dinamizadoras de la iniciativa ‘Tu ciudad se llena de Pianos’. La acción, impulsada por la Fundación Jesús Serra y el Concurso Internacional de Música María Canals, ha repartido desde primera hora de la mañana seis pianos de cola en rincones emblemáticos de la ciudad.

El objetivo que se marcan es simple: poner los instrumentos a disposición de cualquier persona que los quiera tocar. Pianistas autodidactas, niños curiosos, virtuosos de la música o estudiantes titubeantes han confluido desde primera hora en lugares como el museo Guggenheim, donde un afinador se afanaba a mediodía en la puesta a punto de una de estas joyas instrumentales.

«Un piano en cada espacio de cada ciudad»

La planta baja de Azkuna Zentroa, con la atmósfera íntima creada por sus paredes negras y luces difusas, ha sido otro de los escenarios escogidos por los promotores de la iniciativa, que se prolongará hasta las ocho de la tarde. Allí, Nerea Díez, una joven ataviada con una camiseta de Iron Maiden, desafía a los prejuicios sobre géneros musicales y se marcaba una interpretación de la banda sonora de Amelie que ha arrancado los aplausos de la multitud de curiosos que se ha congregado a su alrededor. «Deberían poner un piano en cada Alhóndiga, en cada centro cultural, en cada parque de cada ciudad», aseguraba José, uno de los espectadores.

A apenas unos centenares de metros, frente al Corte Inglés de la Gran Vía, la sinfonía urbana provocada por el ruido de cláxones de coches se disipaba frente a las notas que emanaba de otro piano. Jessica, una pequeña de tan solo nueve años, interpretaba con esmero la melodía de ‘Para Elisa’, que ha aprendido viendo videos en Youtube.

Escenas similares se han podido observar en la calle Ercilla y frente al Edificio de la Diputación. Allí, Ramón, un jubilado de 88 años resumía en una frase el sentimiento que han compartido centenares de vecinos a lo largo de la jornada: «Esto es lo mejor que me ha pasado hoy. Fíjate en cómo mira ese niño embelesado el piano, da gusto verle. Esto es felicidad, no se paga con dinero».

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