El Correo

Un estreno sobre ruedas

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Eguzkiñe y Agus, vecinas de Uribarri, estrenaron el nuevo recorrido y se acercaron hasta Kukullaga. / Y.V.

  • Miles de vizcaínos disfrutan de la nueva Línea 3 del Metro expectantes por la mejora que supone para el transporte público de Bizkaia

¡Qué habría sido este sábado si el metro que se inaugurase fuera el de la playa! Porque han sido casi 30 grados los que han marcado a mediodía los termómetros de la villa, y la gente se ha puesto de acuerdo para ir de excursión... por el interior. Por los barrios altos de la ciudad, que después de siete años de obras ya están conectados bajo tierra. El primer viaje ha sido gratis, bullicioso, con pequeños retrasos y aglomeraciones, reproches con razón y una sensación generalizada de que estamos mejor que antes, de que la espera ha merecido la pena. «¡Ahora podemos ir a ver al Athletic a Lezama!», comentaba un hombre en un vagón. Y la gente asentía, como descubriendo de pronto una posibilidad en la que no habían caído.

A Lezama... «¡y al Ballonti!», aunque en el estreno Encarni se llevaba a los niños más cerca, «a comer al Casco Viejo». Es vecina de Otxarkoaga, una de las siete paradas que integran la Línea 3, que conecta Matiko con Kukullaga (Etxebarri), y precisamente la que ha elegido el lehendakari, Íñigo Urkullu, para la inauguración del nuevo tramo del suburbano, que ha costado 279 millones de euros. A las 11.30 se 'cortaba la cinta' y a las doce empezaron a pasar los primeros convoys, los nuevos, que son distintos.

«Más espaciosos», comentaban los usuarios, y eso que a ratos iba el personal apretado. «Faltan barras en el techo para agarrarse y 'empujadores' en los andenes para que entremos todos». Lo decía un hombre de broma, pero «lo de los empujadores es verdad, existe en Japón ¿eh?», aclaraba. Provisionalmente hoy había en los andenes otra figura, la del sufrido informador, que también ordenaba a la multitud para evitar sustos. «¡Dejen salir antes de entrar! ¡Si no pueden entrar, no entren!». Lo decían a gritos pero para hacerse oír, porque mostraban una paciencia infinita. «¿Pero este andén no es el que va a Matiko?», «¿Cómo puedo llegar ahora a Amorebieta? ¿Y a Derio?», «¿Esto que une las dos líneas de colores en el mapa son ascensores?», «Yo voy a Uribarri y no sé por dónde entrar...», «Es que donde pone Lezama tenían que haber puesto también Matiko ¿no? Como es la misma dirección», «¿Puedo entrar con el perro como siempre?»...

Las dudas eran muchas en la remodelada estación de San Nicolás, en el Casco Viejo, nuevo epicentro del suburbano. La estación que cogerá el testigo de Abando en el ránking de las más transitadas: 28.000 personas al día, 10 millones al año, según las previsiones de Metro Bilbao.

Victoria Violeta y Fortunata García, que viven en Matiko, posan en la nueva estación del Casco Viejo.

Victoria Violeta y Fortunata García, que viven en Matiko, posan en la nueva estación del Casco Viejo. / Y.V.

La reapertura (solo se había abierto excepcionalmente en Santo Tomás y Aste Nagusia) de la nueva y futurista intermodal se hizo sin protocolo. Un operario retiró la valla de protección y todos para adentro. Llevaban esperando un rato a la puerta Begoña y Santiago, con un ramo de flores. «Son para nuestra hija, que vive en Etxebarri y hoy es su cumpleaños. Siempre cogemos el metro en El Karmelo, pero queríamos ver la nueva estación». Decía la gente que es bonita, amplia, luminosa, que las cristaleras (doce cristales fijos en la parte superior que dejan ver la plaza y la iglesia) han sido un acierto. También que podrían poner baños y que hace una corriente terrible. Hubo más quejas: no anuncian por megafonía las paradas, no hay todavía oficina de información porque la estación está sin acabar, no se pueden mandar WhatsApps porque a ratos no hay cobertura, y muchos usuarios se quejan de «tarifazo», en alusión al encarecimiento de los billetes (el ocasional ha subido entre 10 y 15 céntimos).

La otra queja era por el despiste, esperado y general. El primero, nada más entrar en el vestíbulo de San Nicolás. Matiko para la derecha y a la izquierda, Kukullaga... y también Matiko. «Es que hay dos tramos de escaleras para el andén de Matiko, es para evitar aglomeraciones», explicaba uno de los informadores, repartidos por todas las estaciones.

En la de Matiko esperaban la novedad Fortunata García y Victoria Violeta, amigas de origen boliviano, trece años en Bilbao la primera, recién llegada la segunda. «Tenemos el metro a dos pasos. Nos va a venir fenomenal para ir a Moyua, a Deusto, a las tiendas grandes de Barakaldo... Yo en verano trabajo en Plentzia y antes iba siempre corriendo hasta Moyua para coger el metro allí, ahora lo tengo a dos minutos de casa», comentaba Fortunata, que no madrugó para estrenar el nuevo transporte. Se montaban casi a las tres de la tarde «para ir a un curso de informática en Abando».

Siguiente estación... Uribarri, la parada con más accesos, hasta cuatro. Comentaban Agus Martínez y Eguzkiñe Zalbide que se les ha hecho «larga la espera», pero ha merecido. «Ya teníamos muchos autobuses en el barrio y andando llegamos en cinco minutos al Ayuntamiento, así que lo único que nos faltaba era el metro. Este barrio va a parecer la milla de oro... salvo por las cuestas, claro». Iban de paseo hasta Kukullaga, donde el metro sale a la superficie (la estación es acristalada), a una zona de parque que esta mañana de sábado estaba especialmente concurrida con la novedad.

Allí esperaba al siguiente metro (pasaban cada diez minutos aunque las horas que indicaban los marcadores no siempre coincidían con la llegada de los convoyes), Estrella Anta, aguantando la solana porque la estación está al aire. «Lo hemos cogido en Zurbaranbarri porque somos de allí. Yo trabajo en el centro de Bilbao, así que ahora llegaré en dos minutos».

Algo más de trayecto hacían Letizia y Joseba, que viven en Pozas. «Tenemos unos amigos en Txurdinaga y vamos a verles. Están encantados con el metro». Ellos también porque hasta ahora iban a visitar a la cuadrilla «en el autobús 38, que es incómodo porque para mucho y siempre va muy lleno».

Aunque lleno iba también hoy el metro. Tanto que en el Casco Viejo, la estación más concurrida porque da acceso a todas las líneas, la gente a ratos se quedó fuera, a esperar al siguiente tren. Se acababa de marchar uno y llegaba Oihane Mestraitua, que estaba haciendo un experimento. «Soy de Begoña y siempre cojo el metro en Santutxu pero me ha dicho mi ama que en Zurbaranbarri hay un ascensor que igual me queda más cerca, así que voy a probar».

Nos quedamos sin saber si el cambio le va a compensar o no a Oihane porque dentro del metro había un auténtico mogollón. Los responsables del Metro calculan 70.000 potenciales clientes para la Línea 3, que añadirá 6 millones de viajeros al año a la red general del suburbano. Ayer completaron el recorrido del nuevo tramo más que los potenciales clientes... por aquello de la novedad.

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