El Correo

«Ahora lo realmente 'vintage' son los videojuegos de antes»

/ Ignacio Pérez
  • El Bilbao Exhibition Centre acoge hasta mañana la 35º edición del Desembalaje, la mayor muestra de objetos y piezas de decoración vintage y retro, antigüedades y almoneda de la península

«Nuestros juguetes emblemáticos eran el geiperman, el madelman o la Nancy y yo los colecciono todos». Joseba Ortiz es un seguidor de Peterpan que a sus 50 años se niega a crecer y que ha decidido rescatar el mayor número de aquellos objetos que tan feliz le hicieron la infancia a él y a todos los que nacieron a partir de la década de los sesenta. Y también es uno de los 140 expositores de la 35º edición del Desembalaje, la mayor muestra de objetos y piezas de decoración vintage y retro, antigüedades y almoneda de la península, que se celebra hasta mañana en el Bilbao Exhibition Centre. Más de 60.000 piezas en oferta de todos los gustos, estilos y épocas aunque, para este coleccionista, la palma se la llevarían los videojuegos, eso sí, no los de ahora, que a son muy sofisticados, «mejor los de antes, esos si que son vintage».

Charo no merodeaba por el stand de Joseba Ortiz precisamente por los juegos electrónicos, pero se derretía con las muñecas. «Vengo a comprar, pero sobre todo en busca de recuerdos”, reconocía. Sensaciones que quiere transmitir a sus nietos -va a ser abuela por quinta vez-, aunque ellos «todavía» no lo entiendan. «A una de ellas le compre una 'nenuco' y le sorprendía su carita tan blanca, quizás es muy pequeña para valorarla, pero no voy a cejar de inculcarles el cariño por las cosas de antes».

Quien si que se emociona con la historia con mayúsculas es José Álvarez. Así lo demostraba al desgranar las cualidades de un reloj de 1790 procedente del valle francés de Morez, cercano a Suiza. «Es una joya, ya no solo por su mecanismo, que no tiene ni gota de holguras tras cien años largos y que cuenta hasta despertador, sino por su decoración, con el gallo en referencia a la república francesa, o las águilas típicas de Napoléon», subraya. Él continúa con la afición que comenzó su padre hace 40 años y que les ha permitido conocer los mejores mercados de antigüedades de Europa.

En la muestra despertaba la admiración de muchos una de las primeras motocicletas a motor que mostraba Kirru desde Abadiño, o la figura del caballo inglés a tamaño natural que había traído Pere Costa junto a un espectacular plátano de dimensiones imposibles o una no menos llamativa escultura femenina. También había raquetas antiguas y los primeros esquís de patinaje, cámaras fotográficas con más de 100 años, muebles eclécticos que precisamente por serlo buscan una nueva oportunidad de recuperar su esplendor al rebufo de esta nueva moda del vintage. Y, como no, monedas a través de las cuales los colecciones son capaces de desganar buena parte del devenir mundial a lo largo de los siglos.

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