El Correo

Un bosque para combatir la tristeza hospitalaria

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Pandas y garzas acompañarán a los pequeños. / YVONNE FERNÁNDEZ

  • Una iniciativa artística promovida por la Fundación Uriarte y Wallart transforma la planta de Pediatría de Cruces en un bosque mural por el que pasarán 10.000 niños al año

Quienes acudan a partir de ahora a la quinta planta de Pediatría del Hospital de Cruces no encontrarán las paredes blancas y asépticas que generalmente pueblan los hospitales. Por el contrario, podrán observar cómo sus muros se han transformado en un bosque imaginario, poblado por pandas y garzas que acompañarán a los 10.000 pequeños que pasarán cada año por los pasillos pintados del área.

El proyecto artístico nació de la voluntad del centro de humanizar las instalaciones dedicadas a la atención infantil. Un deseo que se ha visto materializado gracias a la labor conjunta de la Fundación Uriarte, que financió el proyecto, y de Wallart, el colectivo artístico que ha llenado de vida las paredes de la planta. «Perseguimos mejorar la vida de las personas mediante el arte», asegura Aarón Diego, uno de los artistas que transformó a golpe de brocha la estética del lugar. «Los diseños se han hecho pensando en pacientes, familiares y profesionales. Buscamos llevar una sonrisa a quienes entren por los pasillos de la zona de pediatría».

Basta con observar la reacción del reguero de personas que transitan por el pasillo para constatar que lo han logrado. Mila Gutiérrez conoce bien el lugar. Desde septiembre ha estado acudiendo regularmente con su hijo Arkaitz, que debe someterse a pruebas periódicas por unos dolores estomacales. Mientras espera a que el doctor llame a su hijo, contempla las paredes con satisfacción. «Para los niños es mucho más agradable entrar en un entorno así. Tengo un hijo más mayor que estuvo ingresado hace doce años y no era tan acogedor como ahora». Arkaitz, de nueve años, se encuentra absorto jugando con un camión en miniatura, levanta un momento la mirada y remacha la sentencia de su madre con una afirmación breve. «No parece un hospital».

La sentencia de Arkaitz resume la esencia del proyecto. Según explica Itziar Astigarraga, jefa del servicio de Pediatría, el germen de la iniciativa fue la voluntad de contribuir a la mejora emocional de los pacientes mediante la decoración. «Pensamos que si los niños se sentían en el hospital como en un bosque, les iba a ayudar a disminuir la ansiedad y el sufrimiento que supone estar en el hospital». El correteo de Arkaitz por los pasillos, convertidos en sinuosos senderos en mitad de un bosque mágico, da buena fe de ello.

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