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Cada vez que entra y sale de casa, su madre dirige su mirada a la fotografía de Rubén. Su retrato está ahí desde hace tanto tiempo que es difícil recordar cuándo lo colocó en la mesa del recibidor. Lo que sí sabe es lo que siente cada vez que lo mira. Hasta hace poco, cada vistazo venía acompañado de sentimientos de angustia, tristeza e incertidumbre que dejaban paso a una pregunta. El mismo interrogante que le ha carcomido durante 15 años, 8 meses y 16 días: ¿Dónde estará mi niño?
La última vez que se vio a Rubén fue el 20 de febrero de 2001, justo el día que celebraba su 21 cumpleaños. Salió de casa de sus padres, en la localidad vizcaína de Basauri, a las once de la noche. Rubén, el mayor de tres hermanos, un chaval cariñoso e inteligente, tal y como le definen quienes le conocieron, dejó una carta de despedida para sus padres. Era una nota inquietante, ya se intuía que algo terrible podía pasar, pero que tampoco era concluyente. Básicamente, porque de forma enigmática dejaba la puerta abierta a ponerse en contacto con ellos en el futuro. Pero se esfumó, como si se lo hubiese tragado la tierra.
A sus padres, como le pasaría a cualquier familia en estas circunstancias, se les vino el mundo encima. Les invadió una profunda preocupación que no dejó de crecer en los días siguientes. Dos días después de encontrar la nota de despedida, acudieron a la comisaría de la Ertzaintza de Basauri para denunciar la desaparición. Les dieron todos los datos de los que disponían. Y se marcharon a casa a esperar noticias. Sus padres, según fuentes de su entorno, acudían todas las semanas a la ertzain-etxea. Preguntaban si había alguna novedad. Si tenían alguna pista. Algo a lo que agarrarse. Y siempre recibían la misma respuesta. «No sabemos nada». La misma contestación hasta que un día un agente les dijo que no hacía falta que fuesen a la comisaría a preguntar, que si había alguna novedad ya se pondrían en contacto con ellos.
Los padres de Rubén, emigrantes que llegaron a Euskadi a mediados de la década de los 60 en busca de un futuro para su familia, obedecieron y se fueron a casa. A esperar. Quizá su hijo, como se decía por Basauri, se había marchado a Brasil en busca de una nueva vida para dejar atrás sus problemas.
El 7 de marzo de 2001, sólo 17 días después de la desaparición de Rubén, una persona encontró un cadáver flotando a diez metros de la playa de Sopela. Este periódico dio la noticia del hallazgo al día siguiente. El cuerpo, que fue rescatado por la Cruz Roja, estaba en un avanzado estado de descomposición y no fue posible identificarlo en ese momento. La Ertzaintza abrió una investigación y el Juzgado de Instrucción número 5 de Getxo inicio las diligencias judiciales para tratar de aclarar lo ocurrido.
La Ertzaintza, según confirman fuentes del Departamento vasco de Seguridad, envió a Madrid las huellas de Rubén. Según un informe remitido al juzgado, la Guardia Civil también trasladó el 22 de marzo al Departamento de Identificación del Instituto Armado varios dedos del cadáver y el pulpejo del indice derecho con el objetivo de que fuesen sometidos a un proceso de regeneración dactilar para lograr su identificación. Pero no fue posible. Y el 15 de diciembre Rubén fue enterrado en Getxo en una tumba sin lápida como un cadáver sin identificar. Sus padres no sabían nada de esto. Todavía no había pasado un año desde su desaparición. Y a veces pensaban que quizá regresaría a casa el día menos pensado.
Malestar
Pero los meses pasaban y Rubén no aparecía. Los años se convirtieron en una década. Hasta que el teléfono sonó el pasado 1 noviembre en casa de sus padres. Era la Ertzaintza. En todos estos años no habían llamado nunca. Unos agentes acudieron a su casa y tomaron unas muestras para cotejarlas. Apenas tres días después, el 4 de noviembre, cuatro ertzainas volvieron a su domicilio a darles la noticia, a explicarles que en realidad su hijo había aparecido sólo 17 días después de que dejase aquella nota de despedida. Habían pasado 5.737 días desde su desparación. 137.688 horas de incertidumbre.
¿Cómo es posible todo esto? Según un informe de la Guardia Civil enviado al juez, la identificación de Rubén fue posible hace escasas semanas cuando, durante un cotejo rutinario, «se detectó» en los archivos de desaparecidos «una denuncia activa grabada recientemente por la Ertzaintza». Fuentes del Departamento de Seguridad insisten en que, a partir de la actualización de los listados y protocolos de desparecidos de los últimos años, la Guardia Civil hizo un «repaso» de los casos que estaban sin resolver y se pudo poner nombre y apellidos al joven basauritarra.
En todo caso, las mismas fuentes subrayan que en 2001 los medios técnicos eran mucho más limitados. Apenas se hacían pruebas de ADN y las comprobaciones de las huellas eran mucho más rudimentarias. No obstante, admiten que, en general, las denuncias sobre desapariciones se llevan «con mucho más rigor» en todos los ámbitos y reconocen que el malestar de la familia es «entendible».
Estos son algunos mensajes de familiares de desaparecidos:
"No hay palabras para esta dejadez. Claro no era el hijo de ningún policía, los demas podemos esperar a que nis llamen si tienen algo nuevo que no lo hay por que no se hace nada.
Un abrazo fuerte a esa familia que sabe lo que es el dolor y la espera."
"Fuerza y ánimo. Un abrazo"
"Sin palabras. Mucha fuerza"
" Y, por supuesto, compartir la impotencia e indignación de los padres de Rubén.... ... Aunque ha sido el peor momento y de la peor manera posible, han podido comenzar a cerrar uno de los capítulos más cruciales. Muchos ánimos y un fuerte abrazo "
"Más de 15 años es mucho tiempo esperando, cuando lo inevitable ya ha sucedido... UN FUERTE ABRAZO A LOS PADRES DE RUBÉN... años de incertidumbre que quedan atrás... en adelante el dolor y la claridad, la tristeza y la paz... os auguro un duelo sin ambigüedad... ya tenéis la verdad, la realidad, aunque dura, os permite caminar sin dudas... cada cual en su lugar, llorando su ausencia con amor, una despedida íntima y en compañía... Adiós Ruben"
"Mucho animo para la familia de Ruben "
"Hoy ha sido un día duro , recodar a HEAVY que sigue desaparecido. Ver cómo desaparecidos tardan años en ver que han sido enterrados sin nombre: Rubén, Raúl Casero. Secuestros parentales: Hugo. Y ver a Isa hablar con esa fuerza recordando a su Carolain. Un abrazo a todas las familias"
Menudo drama. Como siempre, ciudadanos de primera y de segunda.
Lo primero, un abrazoenorme para la familia de Ruben.
Estafamilia no ha vivido un error policial, no, está familia ha sobrevivido a una tortura institucional durante 5.737 días y 5.737 noches.
Y lo que es peor ¿Cuánt@sRuben hay enterrados como un ?sin nombre? ¿Cuántas familias hay buscando desesperadamente a sus hijos, padres, hermanos,? y están enterrados hace años como un ?Sin nombre??
¿Cómo nos sentiríamos si fuese nuestro hij@?.
Mi familia llevamos padeciendo 11 años y 2 meses una situación similar. Suecia nos entregó un cadáver sin corazón y sin identificar. No existen fotografías, no nos permitieron identificarlo, no le realizaron la prueba de ADN,? y esta situación podría haberse evitado con una simple prueba de ADN. Pero las Instituciones no tienen sentimientos ni empatía y algunos de los que trabajan en ellas tampoco. Mi hermano Miguel Angel Martínez Santamaría,de Algorta, tenía 45años.
Tenemos 4.000 personas enterradas ?sin nombre? y miles de familias buscando desesperadamente a sus hij@s, padres, madres, herman@s,... desaparecidos; no es un error es undrama social, una tortura familiar.
Muchas familias que vivimos una tragedia así nos da miedo contar nuestra historia por el trato que puedan dar los medios de comunicación. Pero tenemos que ser valientes porque es necesario para que la opinión pública conozca lo que estamos viviendo y,sobretodo, para que casos como el de Ruben no se vuelvan a repetir. El artículo es impecable y está contada con respeto y empatía, algo que últimamente parece que muchos periodistas han olvidado.