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El alma germana de Francisco
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mundo guerrero

El alma germana de Francisco

27.03.13 - 11:28 -
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Que es futbolero, que solo tiene un pulmón, que se hizo cura por un amor no correspondido, que viaja en autobús, que no rechaza una bombilla de mate, que llama personalmente por teléfono a su dentista para anular una cita, que era el otro gran favorito del cónclave que eligió a Ratzinger… del Papa Francisco sabemos cada día más cosas, casi siempre sorprendentes. Nos faltaba conocer sus gustos literarios, sus preferencias por tal o cual escritor, más allá de los grandes maestros argentinos. Y hete aquí que el pasado domingo, durante el Ángelus, Bergoglio nos dio la clave al revelar que leía al cardenal alemán Walter Kasper, a quien hizo una publicidad impagable (también bromeó con eso) cuando los fieles de la Plaza de San Pedro y el mundo entero escuchó estas palabras: "Estos días he leído un libro de Kasper, un teólogo muy bueno, se trata de 'Misericordia'… me ha hecho tanto bien ese libro... Pero no creáis que hago publicidad a los libros de mis cardenales. ¡No es así!". El espontáneo comentario de Francisco se ganó el aplauso y la simpatía de la gente, y paralelamente puso el foco sobre un tal Kasper, que seguramente en ese momento debió de sentir algo parecido al placer divino. No todos los días un Papa elogia un libro tuyo ante un auditorio mundial.

¿Pero quién es Walter Kasper? ¿Quién es este teutón de rostro afable que pasó de estar a punto de quedarse fuera del cónclave a ser el más veterano de los cardenales electores?

Walter Kasper, que nació en el católico sur de Alemania en 1933, cumplió 80 años el pasado 5 de marzo, lo que en teoría le dejaba fuera de la Capilla Sixtina, pero aún no los tenía cuando se abrió el periodo de Sede Vacante, el 28 de febrero, que es lo que reglamentariamente cuenta, por lo que pudo escuchar el 'Extra omnes' bajo los frescos de Miguel Ángel, y apoyar así con su voto a su amigo el cardenal Bergoglio.

Este intelectual alemán, una de las voces más críticas con el escándalo del 'Vatileaks', es una referencia para el ala progresista del catolicismo, que ha visto en él al sucesor natural del fallecido cardenal Martini, aquel que dejó dicho en una entrevista póstuma que la Iglesia se había quedado 200 años atrás, y que reclamaba ritos y hábitos menos pomposos y una transformación radical "empezando por el Papa y sus obispos".

Como cabecilla de ese reducido grupo de purpurados 'progres', Kasper y otros cardenales, como el inglés O'Connor y el brasileño Hummes (al que el Papa también citó al contar la anécdota de cómo eligió su nombre), se emplearon a fondo en los días del precónclave para que saliera Bergoglio.

Una mente brillante

Pero por encima del gran valedor del Papa Francisco, Kasper es una mente brillante, un prolífico escritor, un respetado e influyente teólogo con una veintena de doctorados honoris causa, entre ellos el de la Universidad Pontificia de Comillas, en Madrid, que se lo concedió en 2004. Por aquel entonces, Kasper llevaba tres años de cardenal (fue nombrado por Juan Pablo II el mismo día en que Hummes y Bergoglio recibieron su capelo cardenalicio) y ya había tenido sus encontronazos con su paisano, el poderoso prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger.

Los dos alemanes, eminentes teólogos ambos, se profesaban (lo siguen haciendo) un mutuo respeto y cierta admiración, pero en lo doctrinal chocaban como dos panzer. Es curioso que Ratzinger, cuando ocupaba el cargo de antiguo inquisidor, prohibiera el ejercicio de la enseñanza a Hans Küng, el teólogo disidente con el que Kasper colaboró como asistente a principios de los años 60.

A Ratzinger tampoco le gustaron las ideas de Kasper sobre la postura de la Iglesia ante los católicos separados y vueltos a casar, oficialmente impedidos de recibir la comunión. No es que el díscolo Walter defendiera una especie de 'barra libre' para estos matrimonios, pero sí era partidario de una interpretación flexible de los preceptos y de un estudio "caso por caso".

Y, sin embargo, no fue Ratzinger quien clavó a Kasper la espinita que aún le flagela. Como presidente (ahora es emérito) del Pontificio Consejo para la Unidad de los cristianos, Kasper ha dedicado muchas horas de su vida, dentro y fuera del Vaticano, a promover el diálogo con los cristianos ortodoxos y protestantes, en pos de un acercamiento entre los cristianos de distinto signo. Y justo cuando en 2010, Benedicto XVI se preparaba para emprender un importante viaje al Reino Unido (la primera visita oficial de un pontífice después de la Reforma anglicana del siglo XVI), Kasper, el principal experto papal en las relaciones con la Iglesia de Inglaterra, salta la víspera y deja caer que los cristianos están discriminados en Reino Unido, que cuando "llegas al aeropuerto de Heathrow uno se siente como si fuera el tercer mundo", y que en Inglaterra se propaga un nuevo ateísmo agresivo porque "si uno lleva una cruz en un vuelo de British Airways, es discriminado". Al final se decidió que Kasper se quedara en Roma alegando razones de salud. El patinazo fue 'cariñosamente' abordado en la prensa británica. Y el Papa Benedicto regresó de Londres con Alitalia en lugar de con la British, como es tradicional en estos viajes. En ese vuelo volaron también muchos de los denuedos de Kasper por la unidad de los cristianos. Puede que el pasado domingo, cuando el Papa Francisco habló de ese libro de Kasper "que tanto bien me ha hecho" le estuviera devolviendo las alas.

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