Las txosnas, el semillero de la fiesta

Una de las txosnas del Arenal.
Una de las txosnas del Arenal. / Ignacio Pérez

El Arenal mantiene la tradición comparsera gracias al relevo generacional y a los jóvenes voluntarios que se animan año tras año

MARTÍN IBARROLA

Durante los nueve días de Aste Nagusia la ciudad se llena de pequeños poblados a los que nos hemos acostumbrado a llamar txosnas. Hay 29 en El Arenal, 3 en la Plaza Circular, 6 en Berastegi y otra más en Pío Baroja. Tienen sus propias normas y tradiciones y todos los años se cuidan de buscar un relevo generacional que recoja el testigo y conserve la ilusión. «Nosotros somos la base de las fiestas de Bilbao. Es muy importante que encontremos voluntarios con ganas de mantener la tradición», asegura Yolanda Lekerika, una amama de 62 años que estos días acompañaba a su nieto Josu en la comparsa de Zaratas.

«Es habitual encontrar tres o cuatro generaciones en la misma txosna. Los niños se lo pasan muy bien y hacen muchos amigos. Los que son más mayores les gusta asumir responsabilidades, desde pelar patatas hasta cubrir turnos de noche. Aste Nagusia no es solo estar de juerga». Victoria, Kalliope, Eliza Daphne y Gabriel juegan en la trastienda y se persiguen unos a otros. Son los hijos de Dagmara Dabrowska, una polaca que lleva ya 20 años en Bilbao. «Las comparsas organizan muchas actividades para pequeños. Maquillaje, juegos en la ría, talleres... Se lo pasan bomba. Es una alternativa al txikigune de la Casilla, que muchas veces tiene colas que doblan la esquina».

Milagros Acea es la coordinadora de la exótica cocina de Gentes del Mundo. Rodeada de patatas rellenas, asaditos, rollitos filipinos y salteñas, explica que su madre Georgina fue una pionera en la comparsa. Ahora se enorgullece de que sus hijos Imanol, Unai y Kenya ayuden en las labores de intendencia.

Los prófugos

En esta txosna cuentan con el «equipo de semilleros», un grupo de niños que se apunta a todas las actividades deportivas que se organizan dentro del recinto festivo. «Los semilleros son el futuro de la comparsa. Han crecido aquí y aprenden valores importantes como el esfuerzo, la integración en el grupo o incluso la importancia de divertirse», comenta los organizadores. Iván, el hijo de 6 años de Oksana Zubriev, vigila puerta de entrada atentamente. «Controlo quien entra y sale para que no se cuele nadie a robar la bandera», explica, en referencia a un juego habitual entre los comparseros que consiste en conseguir los estandartes de las carpas vecinas.

«Los txosneros formamos una gran una familia. Siempre hay prófugos que se escapan algún año, colaboran con diferentes comparsas y luego vuelven. Es un trabajo duro y se hace de manera altruista. Un cambio de vez en cuando ayuda a mantener las ganas y la ilusión», explica Lekerika. Paloma García, de la comparsa Bilbo Gay & Less, insiste en que además del relevo familiar o «los amigos que vienen a ayudar», sus filas están compuestas de muchos jóvenes que solo se quedan un año y refuerzan al grupito de los veteranos. «Siempre habrá personas que tiren del carro, pero esto es un trabajo en equipo».

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