«Quiero lo mejor para mis leones. Yo también soy animalista»

El Circo Mundial reclama «más regulaciones y menos prohibiciones» para seguir utilizando animales salvajes, esencia de un espectáculo que lucha por sobrevivir

Francesco Berosini, tercera saga de domadores de origen italiano, ensaya con un macho adulto de león en un corral del circo./Ignacio Pérez
Francesco Berosini, tercera saga de domadores de origen italiano, ensaya con un macho adulto de león en un corral del circo. / Ignacio Pérez
JOSÉ MARI REVIRIEGO

Francesco Berosini, tercera generación de una saga de domadores de sangre italiana, se encarga de proporcionar el agua y la comida a los cuatro grandes felinos que forman parte de la caravana del Circo Mundial que visita estos días Bilbao. Aclara que no hace falta mucho más para garantizar su adiestramiento, aunque se acerque a ellos con una barra de metal con la que se ayuda para dar órdenes. Ese contacto diario es la clave para hacerse con su confianza. Les ofrece pollo y carne roja en días alternos. Siempre, por la noche. Y no tanto como premio a su actuación o para que salgan sin hambre a la pista, equipada con 1.100 butacas. Si les diera de comer antes, el león macho que luce melena oscura -tiene 10 años- se haría el remolón con la tripa llena. «Es perezoso y no lo movería nadie», dice.

En mitad de la semana, el domador introduce en el menú una buena ración de leche y huevos para conservar la calidad de su pelaje. Ayer por la mañana correteaban y tomaban el sol en un corral al aire libre, montado al lado del ‘tráiler- jaula’ en el que pasan su cautiverio antes de saltar a la pista. Los rugidos que sueltan de vez en cuando sirven para recordar que no son precisamente lindos gatitos. Siguen siendo fieras, aunque nunca hayan olisqueado la sabana africana ni sepan qué es un ñu.

Francesco, de 23 años, se declara un enamorado de los felinos, en respuesta a la discusión abierta en Bilbao sobre la conveniencia de usar fauna salvaje en el circo. «Quiero lo mejor para mis leones. Por eso yo también soy animalista. Quiero reglas, leyes. El que las cumpla como hacemos nosotros, que tenga animales. Pero que no nos lo prohíban», explica el domador, nacido en México D.F..

Gestado en cautividad

Los cuatro felinos son un león adulto, un tigre que no comparte ‘patio’ con los otros para evitar zarpazos fatales y dos ‘ligres’. No es ningún producto monstruoso de laboratorio. Se trata de un híbrido gestado en cautividad, fruto del cruce entre un león y una tigresa. El aspecto es más leonino, aunque se notan rayas en el pelaje. Forman parte de un espectáculo contratado para la ocasión a un circo italiano.

El rancho de ayer fue pollo -una bandeja de veinte kilos, unas diez unidades por barba-. La factura semanal de la alimentación ronda los 500 euros. Sumada la manutención de sus tres elefantes y veinte caballos, el Circo Mundial gasta unos 5.000 euros cada quince días en dar de comer a todos sus animales. Por eso Francesco recuerda que dejar al circo sin reclamos animales afectaría al trabajo de proveedores de carne, heno y pienso. Su sueño es ver leones en libertad en África.

«Los animales están mejor que en un zoo. Esta empresa tiene 82 empleados en nómina» José María González-Propietario del Circo Mundial

El debate sobre la posibilidad de vetar el uso de animales salvajes en el circo ha llegado en este mandato al Ayuntamiento de Bilbao, después de que UdalBerri amagara con llevar la discusión al pleno. En una propuesta que al final retiró, el grupo municipal formado por Equo, Podemos y Ezker Anitza-IU exigía poner fin al «sufrimiento» en cautividad y planteaba frenar el «maltrato» de los ejemplares en el ejercicio de números circenses que pueden comprometer su integridad. El equipo de gobierno (PNV-PSE), que suma mayoría absoluta, no está por la labor de las prohibiciones, pero aboga por «invitar a los agentes del sector a que busquen la innovación y la reformulación del espectáculo». Atrás quedan los tiempos en los que el alcalde Josu Ortuondo se subía sin problemas a lo alto de un elefante para inaugurar el recinto ferial .

«Comen pollo y carne roja. Una vez a la semana les doy leche con huevospara cuidar su pelaje» Francesco Berosini-Domador de leones

Una visita a las bambalinas más salvajes del Circo Mundial revela las interioridades de la lucha por la supervivencia de este negocio, un modo de vida que se mantiene en buena parte gracias al impulso personal de José María González, el propietario y fundador de esta ‘carpa de la onu’ itinerante. A sus 76 años, reconoce que «esto ya no se puede hacer» hoy en día. Él lleva cuarenta años al frente de una empresa que tiene contratados a 82 empleados, entre artistas y equipos de mantenimiento, y que se ocupa de cuidar «mejor que en un zoo» a un buen número de animales, cuya reintroducción en la naturaleza es imposible. Nunca han vivido en libertad.

1. Noelia mima a una de las elefantas de su show. 2. Francesco Berosini, tercera saga de domadores de origen italiano, ensaya con un macho adulto de león en un corral del circo.3. Un cuidador limpia con una manguera a uno de los veinte caballos de la yeguada del circo. / Ignacio Pérez

En este tiempo ha tenido que capear los zarpazos de la crisis económica y del declive de su actividad por el avance de propuestas más artísticas -como el Circo del Sol- y el aumento de la presión social en contra de espectáculos circenses con animales, ya vetados en más de 400 municipios en el conjunto de España. Pero nada comparable con el golpe que recibió con la pérdida de su hijo José María González ‘Junior’, fallecido en un accidente de tráfico en 2002. Domador de profesión, tenía 27 años y estaba llamado a ser la punta de lanza del circo. «Esto es muy difícil de superar. Ves lo animales y te acuerdas del ‘Junior’», deja escapar el padre. El componente humano es muy importante aquí.

«Pueden comer al día tanto como les des. Cada uno 50 kilos de heno y 10 de fruta de Mercabilbao» Lee Brown-Adiestrador de elefantes

Como cuando mira a las tres elefantas, compradas en los años ochenta a un circo inglés -cada uno de los ejemplares costó cerca de 10 millones de las antiguas pesetas-. Fue una inversión de futuro. Hoy sus nietas Noelia y Natalia -gemelas de 19 años, hijas de ‘Junior’- se ocupan de montar en lo más alto de ‘Jeny’, ‘Susy’ y ‘Bully’ bajo la atenta mirada de Lee Brown, un domador inglés que lleva diez años colaborando con la familia González. Los animales son la «esencia» de este espectáculo.

Los elefantes -de la especie india, los africanos son imposibles de domar- engullen al día unos 50 kilos de heno y otros diez de fruta comprada en Mercabilbao. Cepillados con agua y jabón, alternan la carpa en la que duermen con ‘paseos’ en un corral equipado con troncos para sus juegos de mantenimiento y acordonado por un cable eléctrico por razones de seguridad. Tienen cuarenta años, aunque su longevidad es muy elevada. Pueden vivir el doble. José María González, que se pasea entre ellos sin miedo, cree que los suyos llegarán a centenarios «gracias al cariño diario del público».

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