Gora el mariachi

El Mariachi Imperial Elegancia Mexicana, en La Pérgola./J. Alemany
El Mariachi Imperial Elegancia Mexicana, en La Pérgola. / J. Alemany

El Mariachi Imperial Elegancia Mexicana amalgamó en La Pérgola a nicaragüenses, guatemaltecos, ecuatorianos y más, y lideró una feliz cita cantarina, entre lo amoroso y lo guerrillero

ÓSCAR CUBILLO

El martes, cuarto día de Semana Grande, la oferta oficial melómana nos permitía regresar a La Pérgola a disfrutar con el habitual mariachi, al que no le hincábamos el diente desde hacía demasiados veranos y ya empezamos a pensar que cualquier día la autoridad incompetente lo prohibiría. ¿Y qué había en las otras tarimas municipales que tan poca competencia le hacían? En la Plaza Nueva montarían una fiesta abigarrada y disfrazada a base de punk céltico The Fatty Farmers (Los Granjeros Gordos), que aunque no se lo crean son de Toledo, y en Abandoibarra cantaría pop melancólico, vulnerable, doliente y sufriente la malagueña Vanesa Martín, quien recientemente llenó el Euskalduna pero a la que descartamos porque en su penúltima visita con banda a Bilbao, en el Campos, la oímos media hora y nos marchamos ante el flojo resultado (pero seguro que Abandoibarra estuvo mejor).

Así que volvimos a cruzarnos con el Mariachi Imperial Elegancia Mexicana, que se supone proviene de Guanajuato, el Estado de la Alegría, aunque radica en la Rioja. La última vez que le catamos fue en el 29º Getxo Folk, ya en el lejano septiembre de 2013, cuando una dama anónima me espetó: «No los pongas demasiado mal. Ganas ponen, pero diafragma no tienen mucho». Se refería a su chorro vocal, que en La Pérgola pecó de muy irregular (a veces tembloroso en los más jóvenes), destacando dos o tres vocalistas (entre ellos el bigotudo Bernardo Solórzano y el poderoso Julio Hernández, creemos que se llaman; esta es su web: http://www.mariachiimperialdemexico.com/bernardo-solorzano.html

El Mariachi Imperial Elegancia Mexicana lo compusieron en La Pérgola nueve músicos (cuatro violines, dos trompetas, guitarrón y dos vihuelas), dos vocalistas y bailarinas, más un bailarín. Doce oficiantes en total para un repertorio de 23 piezas en hora y media clavada. Muy bien la música, irregulares las voces, y hermosas y pintorescas las danzas. El público, mixto, acrítico y participativo, la gozó. Había numerosos indígenas, o sea paisanos de edad bastante avanzada, y cientos de forasteros, de inmigrantes, de hermanos suramericanos, estos de todas las edades. Y la gente se sabía casi todas las canciones, no solo las más celebérrimas.

El mostachudo Bernardo Solórzano ejerció de maestro de ceremonias y presentó y explicó casi todas las canciones que hicieron, citando títulos y autores, y llamándonos 'compadre', en singular. Abrieron con 'Cuando el mariachi suena el mundo canta' del Mariachi Vargas de Tecalitlán...

... y tras colar un pasaje del himno del Athletic, lo enlazaron con 'El toro viejo', también del Mariachi Vargas. Acabó esta dupla y hablaron los mexicanos de La Rioja: «Venimos a compartir la música, el folclor y nuestra cultura. Somos cien por cien mexicanos». Y tras un solemne 'A mi manera' de Sinatra con voces inseguras, cierto barniz a lo Alejandro Fernández y honda ovación a modo de premio, se disparó la primera diana de la velada: la pícara 'Ay Chavela', de Antonio Aguilar, cantada por todos los presentes.

Normalita les quedó 'Si nos dejan', de José Alfredo Jiménez («ahora se diría 'si queremos', pues ya nadie pide permiso», actualizó el bigotes), y el respetable compartió las notas de un 'Cielito lindo' que les salió mucho mejor («compadre, para que canten los que están atrás, de atrás hasta delante»); por cierto, ésta la entonaron más los nacionales que los inmigrantes («el aplauso para ustedes, que cantan muy bonito», halagó el líder). La chica María, muy justa de voz y de personalidad, se encargó de 'Mi gusto es', de Aguilar también, y a la otra chica, 'Sesi' (¿Ceci, apócope de Cecilia?), le tocó el 'Fue tan poco tu cariño' de Juan Gabriel para Rocío Durcal, y lo hizo también en plan becaria.

A la novena, una estampa instrumental bailada y taconeada en pareja mixta (el chico galleando con una chula chaqueta de ante y flecos), la nominaron 'Popurrí del Norte' («del Estado de Nuevo León, en la frontera, donde al otro lado gobierna el bonachón Donald Trump. Es muy bueno, dicen. Cuando está dormido», explicó Bigote Arrocet). 'Allá en el rancho grande' (por cierto, los trajes churriguerescos de los mariachis provienen de la vestimenta de los rancheros ricos de antaño) resultó un poco caricaturesca, y se retornó a la seriedad con 'Te solté la rienda', de José Alfredo Jiménez, un vals estupendo y sentido, y eso que le tocó interpretarlo a un miembro jovezno («Y cuando al fin comprendas / Que el amor bonito / Lo tenías conmigo / Vas a extrañar mis besos / En los propios brazos / Del que esté contigo»).

Dos estupendas más sonaron consecutivas: 'Caballo prieto azabache' de Pepe Albarrán y versionada por Antonio Aguilar, Vicente Fernández, etc., una historia muy revolucionaria («¡viva Pancho Villa!», gritó un espectador al fondo, «sí señor», replicó el abigotado; aunque las que iban a fusilar eran «las fuerzas leales de Pancho Villa», ¿eh?), y 'El Rey', «para que canten», nos invitó, y la masa lo hizo como si militase en Los Zopilotes Txirriaos, y lo hizo con aires sostenidos, exagerados, parranderos, torrenciales: «con dinero o sin dinero / hago siempre lo que quiero…». Uf, qué bonito…

'Te amaré toda la vida', dedicada a gente de Ecuador y Guatemala («¡y Nicaragua!» gritaron unas damiselas a nuestra espalda), resonó a canción melódica («les recuerdo que la mayoría de los muchachos del mariachi son solteros; yo estoy casado, pero en México», advirtió el enmostachado), y a continuación 'Sesi' cantó 'Los laureles' tan mal como India Martínez (por Dios, qué 'ayyyy' inicial), aunque la sima de la cita quizá fue el 'Caray' de Juan Gabriel, que sonó a karaoke, encima y debajo de la escena.

Pero las siete últimas piezas fueron satisfactorias y volaron alto. A partir del segundo instrumental bailado, el reconocible 'El jarabe tapatío'

, o sea la segunda estampa regional (esta con el varón vestido con el traje típico de Jalisco), se vivieron bastantes emociones: un sorprendente 'Txoriak Txori' de Mikel Laboa (delante de nosotros la cantó un muchacho mexicano y acabó el mariachi jaleando '¡Gora Euskadi!'), una 'Adelita' guerrillera muy bien entonada por el público, 'Acá entre nos' de Vicente Fernández, 'Mujeres divinas'’ de Martín Urieta melódica y coreada, 'Volver volver' también de Vicente con la carpa cantando a pleno pulmón, y el bis con 'Ay, Jalisco no te rajes', de Jorge Negrete, protagonizada por el bigotes, y la despedida del mariachi saludando con los sombreros.

Han cambiado bastante el repertorio, pero lástima que ya no toquen 'El mariachi loco', como les pidieron unos fans insistentemente, ni nuestra favorita 'El sinaolense'. Hum… Esta se la cantamos ahora: «Ay, ay, ay mamá por Dios / por Dios qué borracho vengo / que me siga la tambora / que me toquen el quelite»…

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