Concierto de M Clan en Aste Nagusia 2017: La única gran cita de rock and roll

Carlos Tarque, en pleno concierto. /Ignacio Pérez
Carlos Tarque, en pleno concierto. / Ignacio Pérez

Pletóricos, sentimentales y roqueros americánofilos sin tacha, M Clan pusieron a cantar y a ondear los brazos al público jovezno y mixto que llenó Abandoibarra y que se olía que de invitado iba a estar Fito Fitipaldi

ÓSCAR CUBILLO

Viernes, séptimo día de Semana Grande. El Ayuntamiento en sus cuatro escenarios principales musicales nocturnos había contratado a los vizcaínos The Groovies para tocar versiones en una Pérgola que quizá rejuvenecieran; a la segunda sesión dance y botellonera del parque Europa, ésta nominada ‘ADI Bilbao’; en la Plaza Nueva a los Travellin’ Brothers, el grupo que más hemos visto en el último lustro, en esta ocasión especial con metales y numerosos invitados guiris para hacer blues y swing; y nuestra opción, la que elegimos sin dudar: los roqueros españoles M Clan en Abandoibarra, explanada que llenaron, que alegraron y que satisficieron por completo. Hum… el suyo fue el único concierto de rock de la programación estelar municipal.

Pletóricos, rampantes y seguros de sí mismos, el cantante Carlos Tarque y los suyos dieron un show de 103 minutos y 17 canciones. Desgranaron el mismo repertorio y en el mismo orden que arbitraron el 29 de julio en la plaza de toros de Huesca, pero descartando un título para nosotros: ‘Whiskey On The Rocks’.

(Murcia, 1993) operaron en septeto dinámico y grupal, con sonido muy americano (rollo sudista hasta en la estética, la aportación de la pedal steel guitar de David Soler…), potencia, volumen y claridad («estoy a 70 metros y se oye perfectamente», mandó un whatsapp Oscar Cine a mitad de la grata cita), y una selección de títulos perfectamente ordenada para arrasar, dosificar sin que se notara, y rematar con tanta energía como emoción.

El público, volcado

Las siete primeras canciones sirvieron de declaración de principios y de golpe en la mesa demostrativo de su conjunción engrasada, de su dominio escénico y de su envidiable capacidad para hacer rock americano en castellano coreable y melódico. La gente cantaba todo. Abrieron con el rock and soul ‘Usar y tirar’ y «hey, Bilbo, buenas noches, somos M Clan para ti», saludó Tarque a la mitad, antes de volver a hablar a la segunda pidiendo «manos arriba, Bilbo» mientras sonaba el riff reconocible de su comunitaria versión del ‘Llamando a la luna’ de la Steve Miller Band a tres guitarras. «Arriba las manos, Bilbo, come on», insistía Tarque, y le obedecían, oigan.

El público cantó sin descanso las canciones de Carlos Tarque.
El público cantó sin descanso las canciones de Carlos Tarque. / I. Pérez

Un honor y un placer aseguró que era tocar ahí, y siguió con ‘Souvenir’, un country rock hippie y melódico con visita a muchas ciudades: «Madrid, Bilbao, Sevilla, Ibiza, Alicante o Santander», ¡qué bien cantó esa noche Tarque, muy bien de voz y sin perder chorro a lo largo de la velada! ‘Perdido en la ciudad’ apostó por el boogie sureño con saltos del líder, ‘Calle sin luz’ sonó sesgada a lo Bruno Lomas con epílogo guitarrero vía los Cream de Clapton, ‘Para no ver el final’ pareció sureño en plan JJ Grey con entonaciones a lo Rod Stewart en buen castellano («para ti, para ti, para ti, you, you.. I love you!», soltó Tarque señalando a la peña de uno en uno, cual político americano), y ‘Basta de blues’, con su perezoso tumbao stoniano, levantó un mar de brazos ondulantes como si estuviéramos ante Enrique Iglesias. Buf, vaya inicio inspiradísimo, confiadísimo, absorbente…

Tarque presentó a la banda: «mi socio, mi compañero», dijo de Ricardo Ruipérez, el guitarrista, el líder en la sombra, la mente organizadora, la mano de la disciplina, el otro miembro fundador, al que conoció haciendo la mili. Y se refrenaron disimuladamente durante un pasaje: ‘La esperanza’ con su rollo Byrds se la dedicaron «a nuestros managers, que son de Bilbao, Polako, Saioa y compañía…»; el country ‘Roto por dentro’ remitió a Rod Stewart; antes del honky tonk algo Lucinda Williams ‘Delta’ (con mandolina, pedal Steel guitar, acústica, piano… ¡y vigor!) explicó Tarque que «es el título de nuestro último disco, grabado en Estados Unidos en 2016 y presentado en el Arriaga, que fue un lujo».

Dos bises

El rock intenso se recuperó en ‘Las calles están ardiendo’, su canción 15-M con un cacho ambiental central moroso que fue lo menos lucido del concierto, y al presentarla Tarque denunció la corrupción política y pidió representación popular (vaya, un grupo que toca para tantos ayuntamientos quizá no debería hablar de eso, y lo sugerimos sin doble intención, ¿eh?). Después regresó la fiesta coreada en ‘Maggie despierta’, su versión traducida de Rod Stewart, con Tarque bajando del escenario para andar entre el gran público con la cámara siguiéndole y ampliándolo en la pantalla lateral; se le vio muy desenvuelto entre la peña, más que Loquillo cuando hace lo mismo, halagándonos al decir «gente guapa hay aquí en Bilbao», siendo foco de selfies, parándose ante una belleza («¿nos conocemos?», preguntó el ídolo) o ironizando («quiero comprobar qué bien suena, por si despedimos al técnico»). Y cerraron con ‘Pasos de equilibrista’ y sus fusilamientos a los Who, con el grupo proyectando una solvencia apta para los estadios, los festivales, los grandes espacios.

Pero aún quedaban dos bises, ambos dobles. Reaparecieron los roqueros, y deseó Carlos Tarque: «Yeah, Bilbo. Gora Aste Nagusia. Gora Bilbo. Gora M Clan». Ya saben que ha vivido entre nosotros, pues tuvo novia de Getxo durante bastantes años (la cantante Rubia) y cerró (y sigue cerrando) muchos bares locales. El primer bis lo abrió con ‘Miedo’, quizá lo mejor de la velada, un soul stoniano con guitarras Lynyrd Skynyrd y manos arriba a lo Enrique Iglesias, y lo cerró con su hit ‘Quédate a dormir’.

Fito y Carolina

Y en el segundo bis planteó Tarque: «Vamos a invitar a un amigo que admiramos. ¿Quién es?» Fitoooo, Fitoooo, coreó la masa. Y con él cantaron la pedófila ‘Carolina’, que ignoramos si se incluye en alguna lista negra de canciones que no se pueden pinchar, y que se ejecutó a cuatro guitarras y con Fito marcando el punteo a la Stratocaster mientras los móviles grababan a tope. «Quiero un fuerte aplauso para el artista más grande que ha parido esta tierra», pidió para despedirle Tarque, antes de cerrar ellos la velada con el stoniano ‘Concierto salvaje’, colofón de una actuación que rebasó las expectativas por sonidazo, ecualización de la instrumentación, claridad de la garganta de Tarque y un repertorio rotundo, sentimental y evocador. Hasta la próxima, M-Clan.

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