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Bush renueva la promesa de ganar la guerra
contra el terrorismo
El presidente se dirigió a la nación
para prometer que las 3.025 víctimas del 11-S no murieron
en vano mientras Rumsfeld advierte a las tropas que «seguimos
más cerca del principio de esta guerra que de su final»
MERCEDES GALLEGO
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| CONSUELO. Dos mujeres se abrazan
en el Círculo del Honor rodeadas de flores
y recuerdos. / REUTERS |
De Nueva York llegó el quejido silencioso
de miles de familias que velaban a sus muertos con un rictus de
dolor. De Washington, los aplausos, los himnos patrióticos
y las proclamas de los políticos que renovaron el grito
de guerra.
«Hoy recordamos cada vida perdida, reinauguramos
este orgulloso símbolo (el Pentágono) y renovamos
nuestro compromiso de ganar la guerra que comenzó aquí»,
anunció George W. Bush desde la flamante fachada occidental,
destruida un año atrás por el vuelo 77 de American
Airlines.
La llegada del presidente y la primera dama a
la tarima, sonrientes, fue anunciada a bombo y platillo con el
circense «ladys and gentleman» incluido, entre aplausos
y banderitas. La imagen necesitará pie de foto en la historia,
para no ser confundida con la entrada a una convención
política. En el micrófono le había precedido
el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que entonó el
canto guerrero y colmó de alabanzas al comandante jefe.
«Señor presidente, está usted actuando heroicamente
(en la guerra contra el terrorismo)», le felicitó.
Rumsfeld advirtió que el motivo del acto
no era sólo honrar a las 184 personas que murieron en ese
«campo de batalla», sino «rededicarnos a la
causa por la que dieron la vida». «Una batalla entre
las naciones de los pueblos libres y las fuerzas que tratan de
hundir al mundo en la oscuridad de la tiranía y el terror».
Frente a las cámaras, el jefe del Pentágono
se limitó a extender la bandera y los logros obtenidos
en la guerra «en nombre de aquellos que murieron y en favor
de los que están vivos», recitó. «En
Afganistán, usted ha rescatado a un país y liberado
su pueblo», le dijo. Rumsfeld destacó también
el cumplimiento de la promesa hecha el año anterior por
Bush de perseguir a los terroristas «hasta que no tengan
donde correr, donde esconderse o donde descansar», le parafraseó.
Canciones especiales
Entre discurso y discurso, la banda de música
del cuerpo de marines interpretaba animadas canciones compuestas
para la ocasión, con títulos patrióticos
como Un héroe para hoy y Unidos todos
a una.
La vulgaridad del acto contrastaba con la sobria
dignidad de la ceremonia que paralelamente se celebraba en Nueva
York. Una orquesta de música clásica arrullaba con
piezas de Bach y Mozart la sobria lectura de los 2.801 nombres
de los que perdieron la vida esa mañana. Se necesitaron
doscientas personas y casi tres horas para recitarlos, casi el
doble de lo que tardaron las Torres Gemelas en desmoronarse.
Miles de allegados fueron invitados por la ciudad
a participar en el acto en la llamada Zona Cero, donde
descansa el polvo de quienes quedaron consumidos por las llamas
o el impacto. Unas 1.700 familias no ha recibido ningún
objeto personal de sus seres queridos, aunque los servicios forenses
siguen analizando unas 18.000 partes humanas que pueden servir
al menos para poner un hueso en el ataúd.
Almas arrancadas
Un viento agreste se desató sobre Nueva
York según comenzó la lectura de los nombres, desatando
remolinos de polvo que irritaban los ojos ya hinchados de los
presentes. Desde las cornisas de los rascacielos cercanos, los
presentadores de televisión luchaban para mantener el flequillo
compuesto frente a las cámaras, corbatas al vuelo. No faltaron
los que interpretaron aquella repentina ventolera como la fuerza
manifiesta de tantas almas arrancadas inesperadamente de ese solar.
Otros sintieron a sus familiares en la intimidad
de sus corazones. «Mi hermano murió solo, y yo sabía
que hoy tenía que venir aquí para estar con él,
por difícil que fuera», dijo Nancy Chipura. «He
sentido su presencia al oír su nombre por los altavoces,
y sé que estaba contento de tenerme allí».
Tras viajar por el país siguiendo la ruta
de los aviones utilizados como misiles aquel 11-S que cambió
la historia, el presidente Bush llegó a la Zona Cero
a las 4.30 de la tarde (22.30 en España) y recompensó
a los familiares de las víctimas por la espera firmando
autógrafos durante tres horas, tiempo que restó
del reservado para su propio descanso. A las nueve de la noche
(tres de la madrugada en España), Bush tenía previsto
dirigirse a la nación desde la Isla Ellis, con la Estatua
de la Libertad de fondo. Según un extracto de su discurso
adelantado por la Casa Blanca, insistió en que Estados
Unidos tiene «unos enemigos decididos y no somos vulnerables
a sus ataques» y tuvo palabras de apoyo para los familiares
de las víctimas y para los militares.
En un editorial publicado ayer por el diario
The New York Times, titulado Asegurando el Triunfo
de la Libertad, el mandatario agradeció la colaboración
de los aliados y prometió aprovechar «nuestra incomparable
posición de fuerza e influencia para construir una atmósfera
de orden internacional».
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