EXCLUSIVA (10 de octubre de 2001)

El chico del círculo
Dos jóvenes españolas coincidieron en 1971 en Oxford con Bin Laden, un adolescente espigado al que retratan en un diario como «tierno» y un «solete de crío»

J. MUÑOZ

Bin Laden, a la derecha, junto a sus dos hermanos y dos amigas,
en 1971. / EL CORREO

Fue un círculo inequívoco lo que llamó la atención de las dos mujeres españolas. Identificaba como Osama Bin Laden a uno de los 22 vástagos retratados en la foto de la familia saudí que publicó la prensa europea tras los atentados de Nueva York y Washington. La instantánea había sido tomada durante un viaje por Suecia en 1971, el mismo año en que el adolescente enmarcado con un trazo fino coincidió con las dos españolas en una escuela de idiomas de Oxford. Su sonrisa infantil y pacífica reaparecía en otra foto tomada aquel verano en el Reino Unido con las dos chicas y con dos hermanos del clan Bin Laden que también viajaron a Suecia. Una de las mujeres conserva la imagen treinta años después, en un álbum salpicado de acotaciones, junto a un diario y unas cuantas cartas con matasellos extranjeros Su amiga guarda alguna tarjeta de invitación del muchacho identificado como Osama para ir a una discoteca.

«Dejamos de ir a ese local porque un grupo de rockeros que llevaban chupas de cuero negro le propinaron una paliza a un italiano», recuerda la mujer que recopiló el álbum y pide permanecer en el anonimato. Osama tenía entonces 14 años -de ser ciertas las biografías que se le atribuyen-, aunque era muy espigado para su edad y decía que era mayor. Él y sus dos hermanos, que aseguraban tener 17 años, estaban muy protegidos por la dirección del internado. No solían participar en las excursiones con los demás alumnos, y el centro veía con buenos ojos que se relacionaran con las dos estudiantes españolas, porque procedían de un país donde las costumbres eran más estrictas que las que imperaban en Londres por aquella época. La joven que llevó el diario de aquel insólito verano y su amiga salían de paseo con los Bin Laden por la tarde, después del té. «Pensábamos que eran príncipes saudíes. Nos invitaban a remar en una barca por el Támesis. Éramos mayores que ellos y nos divertía que quisieran pagar el alquiler de los botes», rememora la mujer.

Abre el álbum y enseña varias fotos en color. En una de ellas, Osama aparece de pie en la popa del bote, sosteniendo el remo como un gondolero. La española está tendida en la embarcación y contempla el paisaje con aire despreocupado. El autor de la instantánea quería retratar a la chica y no encuadró al adolescente saudí, de modo que sólo asoman sus tejanos y el remo. Otra foto recoge un pic-nic. En esta ocasión, a la joven le acompaña otro Bin Laden, un joven que paseaba con Oxford con un voluminoso peinado y una forma de vestir que se anticipaban una década a los del cantante Prince. A la mujer no les resulta fácil recordar los detalles, después de tanto tiempo, pero una de sus anotaciones en el álbum describe textualmente al mismo Osama de la foto de Suecia como «un solete de crío» y otra advierte que parecía sentir un apego «platónico-maternal» por la otra amiga.

Aquel muchacho «guapísimo» vestía pantalones acampanados, pero se conducía de forma diferente a sus dos hermanos. Uno de ellos desaparecía constantemente de escena y se dedicaba a comprar discos de rock y pop. El otro era cuidadoso con su vestuario -en la onda de Prince- y adquiría pañuelos y botas de punta afilada. Osama sentía escaso apego por todo aquello y el trajín londinense de los setenta -sexo, drogas y rock and roll- tampoco le agradaba. Solía decir a las españolas que los jóvenes extranjeros que pululaban por Londres estaban un poco locos. Era pausado al hablar, educado y bastante «profundo» para su edad.

«Una madre bellísima»
«Nos contó que su madre era bellísima y que eso fue lo que llamó la atención de su padre». Las jóvenes percibieron unas gotas de tristeza cuando les explicó que los tres hermanos tenían madres distintas y que la suya no era «esposa del Corán, sino una concubina». Por lo visto, el cabeza del clan Bin Laden, un constructor multimillonario de origen yemení fallecido tres años antes, la conoció en un desplazamiento que hizo para inaugurar una carretera. «Su hijo era un chico tierno. A mi amiga la piropeó diciéndole que era tan guapa como su madre», resume la antigua estudiante.

No recuerda que aquel hijo de concubina se mostrara especialmente pendiente de sus obligaciones religiosas, a diferencia de otro alumnos kuwaití con el que coinció en el internado de Oxford. Tampoco hablaba de política y se refería al hermano mayor de los Bin Laden, responsable del conglomerado familiar, como «big brother». «Creo que necesitaba confidentes y por eso le cogimos cariño», afirma la mujer, mientras cierra con cuidado las tapas del álbum.

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