|
El chico del círculo
Dos jóvenes españolas coincidieron
en 1971 en Oxford con Bin Laden, un adolescente espigado al que
retratan en un diario como «tierno» y un «solete
de crío»
J. MUÑOZ
 |
Bin Laden, a la derecha, junto a sus dos hermanos
y dos amigas,
en 1971. / EL CORREO |
Fue un círculo inequívoco lo que
llamó la atención de las dos mujeres españolas.
Identificaba como Osama Bin Laden a uno de los 22 vástagos
retratados en la foto de la familia saudí que publicó
la prensa europea tras los atentados de Nueva York y Washington.
La instantánea había sido tomada durante un viaje
por Suecia en 1971, el mismo año en que el adolescente
enmarcado con un trazo fino coincidió con las dos españolas
en una escuela de idiomas de Oxford. Su sonrisa infantil y pacífica
reaparecía en otra foto tomada aquel verano en el Reino
Unido con las dos chicas y con dos hermanos del clan Bin Laden
que también viajaron a Suecia. Una de las mujeres conserva
la imagen treinta años después, en un álbum
salpicado de acotaciones, junto a un diario y unas cuantas cartas
con matasellos extranjeros Su amiga guarda alguna tarjeta de invitación
del muchacho identificado como Osama para ir a una discoteca.
«Dejamos de ir a ese local porque un grupo
de rockeros que llevaban chupas de cuero negro le propinaron una
paliza a un italiano», recuerda la mujer que recopiló
el álbum y pide permanecer en el anonimato. Osama tenía
entonces 14 años -de ser ciertas las biografías
que se le atribuyen-, aunque era muy espigado para su edad y decía
que era mayor. Él y sus dos hermanos, que aseguraban tener
17 años, estaban muy protegidos por la dirección
del internado. No solían participar en las excursiones
con los demás alumnos, y el centro veía con buenos
ojos que se relacionaran con las dos estudiantes españolas,
porque procedían de un país donde las costumbres
eran más estrictas que las que imperaban en Londres por
aquella época. La joven que llevó el diario de aquel
insólito verano y su amiga salían de paseo con los
Bin Laden por la tarde, después del té. «Pensábamos
que eran príncipes saudíes. Nos invitaban a remar
en una barca por el Támesis. Éramos mayores que
ellos y nos divertía que quisieran pagar el alquiler de
los botes», rememora la mujer.
Abre el álbum y enseña varias fotos
en color. En una de ellas, Osama aparece de pie en la popa del
bote, sosteniendo el remo como un gondolero. La española
está tendida en la embarcación y contempla el paisaje
con aire despreocupado. El autor de la instantánea quería
retratar a la chica y no encuadró al adolescente saudí,
de modo que sólo asoman sus tejanos y el remo. Otra foto
recoge un pic-nic. En esta ocasión, a la joven le acompaña
otro Bin Laden, un joven que paseaba con Oxford con un voluminoso
peinado y una forma de vestir que se anticipaban una década
a los del cantante Prince. A la mujer no les resulta fácil
recordar los detalles, después de tanto tiempo, pero una
de sus anotaciones en el álbum describe textualmente al
mismo Osama de la foto de Suecia como «un solete de crío»
y otra advierte que parecía sentir un apego «platónico-maternal»
por la otra amiga.
Aquel muchacho «guapísimo»
vestía pantalones acampanados, pero se conducía
de forma diferente a sus dos hermanos. Uno de ellos desaparecía
constantemente de escena y se dedicaba a comprar discos de rock
y pop. El otro era cuidadoso con su vestuario -en la onda de Prince-
y adquiría pañuelos y botas de punta afilada. Osama
sentía escaso apego por todo aquello y el trajín
londinense de los setenta -sexo, drogas y rock and roll- tampoco
le agradaba. Solía decir a las españolas que los
jóvenes extranjeros que pululaban por Londres estaban un
poco locos. Era pausado al hablar, educado y bastante «profundo»
para su edad.
«Una madre bellísima»
«Nos contó que su madre era bellísima y que
eso fue lo que llamó la atención de su padre».
Las jóvenes percibieron unas gotas de tristeza cuando les
explicó que los tres hermanos tenían madres distintas
y que la suya no era «esposa del Corán, sino una
concubina». Por lo visto, el cabeza del clan Bin Laden,
un constructor multimillonario de origen yemení fallecido
tres años antes, la conoció en un desplazamiento
que hizo para inaugurar una carretera. «Su hijo era un chico
tierno. A mi amiga la piropeó diciéndole que era
tan guapa como su madre», resume la antigua estudiante.
No recuerda que aquel hijo de concubina se mostrara
especialmente pendiente de sus obligaciones religiosas, a diferencia
de otro alumnos kuwaití con el que coinció en el
internado de Oxford. Tampoco hablaba de política y se refería
al hermano mayor de los Bin Laden, responsable del conglomerado
familiar, como «big brother». «Creo que necesitaba
confidentes y por eso le cogimos cariño», afirma
la mujer, mientras cierra con cuidado las tapas del álbum.
|