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«La crisis no nos puede frenar; es hora de seguir confiando en lo que hacemos»

ALAVÉS DE ENERO

«La crisis no nos puede frenar; es hora de seguir confiando en lo que hacemos»

Fernando Remírez de Ganuza, Alavés del mes de enero de EL CORREO, dice que la clave del éxito «son las ganas de querer hacer bien las cosas»

16.02.13 - 02:14 -
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Su carácter emprendedor y sus dotes para los negocios han hecho de Fernando Remírez de Ganuza un hombre de éxitos. Comenzó muy joven vendiendo chorizos, pero su empuje pronto le llevó a proyectos más ambiciosos dentro del sector vitivinícola. Criado en Meano -Navarra-, en 1989 recaló en Samaniego para construir la bodega que lleva su apellido. Allí se ha convertido en todo un referente enológico por su filosofía de elaborar vino. Sin embargo, el gran logro de su vida es, sin duda, su familia. Y es que confiesa que su trayectoria profesional nunca hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de su mujer, Marisol, sin la que no podría haber mantenido el núcleo familiar. Su buen hacer en el mundo del vino, pero sobre todo sus acciones solidarias le han hecho merecedor del premio Alavés del mes de enero que otorga EL CORREO. En su dedicación por ayudar a los demás, este bodeguero dona desde hace tres años la recaudación de uno de sus vinos más especiales, 'María', dedicado a su hija fallecida hace ocho años. Este 2013 lo recaudado irá para la Fundación Síndrome de Down de Madrid.
-Este premio se suma a una gran lista de reconocimientos que ha recibido por sus vinos. ¿Este le sabe igual o mejor?
-Mejor, porque soy de los que opina que donde te tienen que apreciar es en tu casa, luego en tu pueblo, en tu provincia… No vamos a empezar desde el extremo del mundo hasta llegar a tu casa. En tu tierra igual se enteran los últimos y terminan diciendo: 'Qué razón tenían los otros'.
-Sus vinos no cesan de cosechar galardones, ¿cuál cree que es la clave de su éxito?
-La clave del éxito de cualquier persona son sus ganas de querer hacer bien las cosas. Yo partía de cero en el mundo del vino porque mi padre se dedicaba a hacer embutidos. Al principio la gente me decía cómo tenía que hacer las cosas pero llegó un momento en el que dije no, porque así no aprendía nada. Y empezamos a hacer las cosas con limpieza y bien. Antes se manchaban las barricas para darles un toque de antigüedad, pero el buen vino no tiene que estar en barrica vieja. El recipiente tiene que estar impoluto y nuevo. Cuando el vino nace, nace también la barrica y muere con el caldo.
Caída del consumo
-Esta filosofía de elaborar vino hace 23 años cuando empezó en la bodega rompía los esquemas del sector.
-Rompía todo pero la gente lo sabía porque todo el mundo reconoce lo que está bien hecho. Lo que pasa es que cuando estás instalado en un negocio incomoda mucho que alguien venga por detrás a decirte que lo que haces estaría mejor de otra manera. Pero cuando llega un punto en el que la gente no quiere pagar por una cosa, en este caso hacer vino, y empezamos a recortar de los sitios acabamos haciendo algo mediocre. Y eso es lo que yo no quería hacer.
-Con la crisis esos recortes están a la orden del día. ¿Cree que esto puede perjudicar en un futuro a la marca Rioja?
-Absolutamente. En tiempos de crisis hay que recortar en las cosas de la vida que podamos como la gasolina o en la ropa. Pero si lo hacemos en el vino bajamos su calidad. No es hora de frenar, es hora de avanzar y seguir confiando en lo que hacemos. Creo que es tiempo de hacer cosas para mejorar y para que cuando la crisis se acabe estar en la línea de salida el primero porque si no estás ahí luego no pasas por encima de los demás, ya no te dejan.
-El consumo de vino ha caído por la situación económica, ¿Cómo ve el futuro del sector?
-Yo no vivo en otro mundo y me doy cuenta de que las cosas están mal. Sin embargo, en el sector vinícola veo que no están tan mal como en otras industrias porque las bodegas con las que hablo todas han subido un montón en el extranjero. Y así se ha ido equilibrando la balanza de las ventas con lo que vamos perdiendo en el mercado nacional. Pero en España se siguen vendiendo vinos caros, en los que se encuentran los de nuestra bodega. Cuando empecé se consumían cerca de medio millón de botellas de este tipo de caldos y ahora se venden cinco millones. Por lo tanto el mercado aumenta. Otra cosa es el mercado intermedio, que es el que ahora mismo está perdiendo.
-Se caracteriza por su carácter emprendedor y negociante, ¿se embarcaría en nuevos proyectos?
-La verdad es que no lo sé. Estoy en la bodega con mi hija Cristina y no soy machista, pero una vez que una mujer es madre debe dedicar tiempo a sus hijos. Por mi trabajo yo no puede estar con mis hijos. Había días que solo los veía cuando iban al colegio y eso no me parece lo mejor. Pero tuve la gran ventaja de tener una mujer como la mía y estaba tranquilo fuera de casa porque sabía que estaba todo controlado. Ahora te das cuenta de todo y me pena también no haber cuidado más de ella.
-¿No hay nada que le gustaría hacer?
-Sí, volver a mi trabajo como comerciantes de fincas. Antes me dedicaba a comprar parcelas y viñas, las arreglaba y las vendía. Eso sí, ahora cobraría mi tiempo mucho más caro. Me he dado cuenta de que dedicaba mucho tiempo a este trabajo y no lo valoraba lo suficiente. Y en la vida lo único que no se puede comprar es el tiempo y luego cada uno lo valora como cree que debe hacerlo.

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Remírez de Ganuza, con el premio de EL CORREO. :: JESÚS ANDRADE
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