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Las dos caras del agua

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Las dos caras del agua

Mientras los vecinos de la cuenca del Zadorra trataban de paliar los efectos del temporal, cientos de alaveses se lanzaron a contemplar los pantanos ayer

21.01.13 - 02:11 -
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La crecida del río Zadorra ha centrado en las últimas horas todas las miradas. Ya sea por alerta, preocupación o por simple y sana curiosidad. Como era de esperar, las fuertes lluvias de esta semana volvieron a crear problemas -aunque de menor envergadura- durante el día de ayer en Vitoria y sus alrededores, sobre todo por la mañana. Así, la cara más dura del temporal la ofrecieron las calles y carreteras que permanecían cortadas, las fincas y huertas que se echaban a perder completamente inundadas, así como los sótanos y trasteros ahogados bajo el agua.
Pero la vida siempre depende del cristal desde el que se observa. Por eso el desbordamiento de la ribera también tuvo otra lectura alternativa. Una más amable: la de los cientos de alaveses que optaron por un plan de domingo diferente y se acercaron a algunos de los puntos señalados en rojo en el mapa de emergencias a 'disfrutar' del «espectáculo» del embate. Porque no fueron pocos los que condujeron sus coches hasta Ullíbarri para inmortalizar en sus cámaras de última generación la gran triple cascada que escupían sus tres compuertas abiertas.
Los quebraderos de cabeza, en cualquier caso, se centraron en los mismos puntos que en las jornadas anteriores. El barrio de Abetxuko amaneció amenazado -aunque el nivel del río se estabilizó por la tarde-, los agricultores de Mendibil vieron de nuevo anegadas sus fincas de cereal y varios garajes de la zona este de la ciudad necesitaron la ayuda de los Bomberos -en la calle Galileo, en los Astrónomos, se registraron sótanos en los que el agua cubría un metro-.
La circulación también se vio afectada en el municipio vitoriano. La Policía Local cortó la carretera a Yurre desde la Avenida del Zadorra, lo mismo que el cruce de las calles Zurrupitieta con Mendigorritxu, en Júndiz. A la red secundaria, con carreteras como la A-4002 -en Lermanda-, la A-3010 -de Lubiano a Junguitu- cerradas, le tocó sufrir. Y localidades como Trespuentes o Víllodas siguen alerta.
El Zaias, que cruza la localidad de Foronda, iba también a punto de salirse. Alberto Viguri, propietario de una casa muy próxima a la fuerte corriente, explicaba que «sí hay algunas pistas menores llenas de agua del río por las que no se puede cruzar, pero poca cosa. Todavía me acuerdo de la que nos cayó hace 35 años... entonces me entraron 60 centímetros en la cocina y se echó a perder toda la cebada», relataba. «Ahora ya no le tenemos miedo al agua, aunque este río es imprevisible. Y si la Diputación no limpia bien, se pone más peligroso», advertía, «porque está lleno de algas, matos y árboles», criticaba.
Turismo de proximidad
En cualquier caso, Álava descubrió ayer una nueva atracción turística en los concurridos alrededores del embalse de Ullíbarri, retratado ayer desde mil focos. En la carretera que da acceso a la zona no cabían más coches y la largas hileras de vehículos en los arcenes obligaron a los Miñones a controlar la situación. Más de uno volvió a casa con una multa por «invadir la calzada transitable».
«Hay más gente aquí que en la calle Dato», retrataba lúcida Mar. Esta mujer, junto a su marido Jose y sus hijas Naiara y Patricia, había acudido a la zona a observar la furiosa cascada. «Es impresionante», confirmaba. Lo mismo opinaban Aroa y Janire Garrido y su madre, Mari Corrales. «Da gusto ver este paisaje, aunque también debemos acordarnos de los propietarios de las huertas que están sufriendo ahora», valoraba la mamá.
Santi es un habitual. Lleva muchos años recorriendo esa misma zona en bicicleta. «Una de las mejores rutas cerca de Vitoria para pedalear». Y estaba muy sorprendido. «Sabía que habría gente. ... pero no tanta», explicaba. La fuerza del líquido elemento en caída libre también tenía boquiabiertos a los vitorianos Jon y Estitxu. «Siempre que abren las compuertas nos pasamos a curiosear», explicaba ella, mientras él activaba la cámara de su iPad para inmortalizar el momento.
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Aroa y Janire Garrido posan frente al embalse con su madre, Mari Corrales.
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