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Los matices del verde

Capitalidad Verde Europea

Los matices del verde

La Green se cierra sin el consenso político que la impulsó, lo que pone en riesgo el desarrollo del proyecto ya financiado para quitar hormigón a la Avenida Gasteiz

31.12.12 - 01:42 -
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«Una flecha sola puede romperse fácilmente. Muchas son indestructibles». Probablemente, esta máxima -una variante exótica de la clásica 'la unión hace la fuerza' - sea la única inspiración válida en política si lo que se busca son resultados e infalibilidad. La cosa pública está abarrotada de ejemplos que demuestran eso mismo y lo contrario. Es decir, la pérdida preciosa de tiempo y el desgaste de las arcas públicas que acarrean las ensoñaciones vanidosas de frágiles gobiernos en minoría.
Posiblemente, el mejor caso que prueba el éxito al que aboca caminar por el mismo sendero sea la Capitalidad Verde Europea de Vitoria, que finaliza de manera oficial esta noche. Entendido por todos como la guinda de los reconocimientos a un objetivo compartido y mimado por gestores de distinto signo a lo largo de tres décadas, prácticamente ininterrumpidas, nadie pone en duda que la Green Capital es un premio al consenso. Sin esa unidad de partidos, sin ese remar acompasado en la misma dirección, Vitoria no sería una ciudad verde, agradable y cómoda, ni ofrecería a sus habitantes un más que respetable nivel de vida. Pero menos aún habría logrado colarse en el escaparate de la sostenibilidad urbana continental durante todo un año.
Ahora bien, ¿la 'bola' de la Green ha sido tan grande como la ha pintado el Gabinete Maroto? ¿ha arrastrado a una marabunta de ávidos turistas, como sostiene? ¿la gestión de la capitalidad ha sido redonda pese a las apreturas impuestas por la crisis? ¿el galardón cambiará inexorablemente los designios de Vitoria? Las respuestas a todas esas preguntas son, obviamente, más que discutibles. No es cuestionable, sin embargo, la extraordinaria promoción interior y exterior que ha brindado el mayor reconocimiento que ha recibido Vitoria en toda su historia. Ni tampoco el pellizco que ha supuesto al sentimiento colectivo de pertenencia.
Tal vez esas sean, precisamente, las razones de la alarmante y antiestética paradoja que se ha producido durante todo el año 'green'. Desde la noche gloriosa de Estocolmo, en octubre de 2010, cuando todos los partidos en bloque -gobierno y oposición- celebraron un logro que cada uno sentía en parte como suyo, la instantánea solo se ha vuelto a repetir una vez más. Fue el pasado febrero, cuando la Reina doña Sofía, acompañada de autoridades europeas, nacionales, vascas y locales, declaró oficialmente inaugurada la Green Capital de Vitoria.
Cortina de humo
A partir de ahí, el PP y el resto de grupos han seguido caminos paralelos, divididos por la mediana verde. Mientras que los populares recriminan al PNV, PSE y Bildu su «autoexclusión» de un año «al que no han aportada nada», éstos acusan al equipo de gobierno de discriminación y de obviar sus aportaciones al programa 'green'. Lo cierto es que el caramelo que representaba gestionar la capitalidad verde, obtenido en la 'era Lazcoz' y disfrutado a causa de un vuelco electoral por el alcalde Maroto, ha soliviantado a la oposición. Más aún cuando ha sido hábilmente utilizado para desviar la atención de recortes, expedientes de regulación de empleo y empobrecimiento social. Demasiado para soportarlo.
Así las cosas, sucede que en pleno cénit de una filosofía de ciudad tejida durante tres décadas para avanzar hacia un modelo de sostenibilidad medioambiental, el consenso que lo procuró y que embelesó a la Comisión Europea, se agrieta. Así se ha visto durante los últimos meses y así se ha puesto de manifiesto con el rechazo unánime de la oposición al proyecto verde más ambicioso después del icónico Anillo Verde: la reforma de la Avenida Gasteiz con criterios ecológicos. La débil minoría de Maroto y el chapuzón de marketing que ha procurado a la Green Capital ponen en la cuerda floja un plan ideado por el exdirector del CEA, Luis Andrés Orive -ahora hombre fuerte del alcalde-, y bendecido en la teoría por Bruselas y, en lo económico, por el Gobierno vasco.
La Green viaja a Nantes dejando flechas solitarias en una ciudad admirada y concienciada, pero vulnerable.
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