Ocurre a menudo que la relojería de un 'thriller' se construye mediante ingeniería inversa a partir de su desenlace, una secuencia en la que el guionista sorprende al espectador encajando la última pieza de un puzzle que se ha ido dibujando dentro y fuera de campo. Es el caso de 'El cuerpo', un 'whodunit' adicto a los 'thrillers' italianos de los años 60 y 70, en el que Oriol Paulo psicoanaliza vulgarmente la 'Sospecha' de Hitchcock mediante los poderes del 'giallo'. A este género tan particular se adscribía el anterior guion de Oriol Paulo, 'Los ojos de Julia', una suerte de homenaje a la mirada subjetiva de autores como Dario Argento y Franco Barilli contaminado por el goticismo chic que caracteriza los trabajos recientes de la productora de 'El orfanato'.
Como ya adelantaba al inicio, las referencias al maestro inglés son constantes, aunque no pasan de ser meros apuntes gráficos insertos en una trama diseñada para enmarañar al público en un madeja de 'flashbacks' y escenas paralelas que revelan la obsesión del director por dotar de coherencia interna a un relato sobre el que pesa una elevada carga de autoconsciencia que ignora la esencia de la intriga hitchcockiana. Pero ese celo, que en otras ocasiones puede resultar admirable, perjudica el ritmo de una narración que se congela cuando José Coronado y Hugo Silva miden sus fuerzas en infinitos cara a cara teatralizados en un espacio cerrado.
Atado a la severidad de un guion que da vueltas sobre sí mismo, Oriol Paulo no acierta a atisbar un punto de fuga a través de una puesta en escena que suspira por espejarse en las 'Seis mujeres para un asesino', de Mario Bava, aunque el resultado no pasa de ser una aseada colección de movimientos de cámara irrelevantes. Puede que el giro final premie la paciencia del espectador aficionado a los golpes de efecto, pero en el trayecto Paulo ha perdido la oportunidad de indagar en la psicología homicida del matrimonio, y ha cerrado un círculo -plagado de trampas argumentales- sin permitirse un acceso de irracionalidad.