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Vitoria goza de su naturaleza

ARABA/ÁLAVA

Vitoria goza de su naturaleza

1.600 personas caminan hasta el bosque de Armentia en la marcha, festiva y solidaria, organizada por EL CORREO

24.09.12 - 02:23 -
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La capital alavesa muestra pocas veces su rostro más verde, solidario y festivo. Ayer tocaba. Con el tiempo de gran animador, con una temperatura excelente y un viento trotón que aliviaba el bochorno, 1.600 personas pagaron sus dos euros solidarios para Cáritas y cambiaron el asfalto por el monte a fin de recorrer en poco más de dos horas uno de los itinerarios más hermosos de la ciudad y uno de los símbolos del Anillo Verde que ha permitido proclamar por el mundo la capitalidad ambiental europea. La I Marcha Familiar Green-Anillo Verde, organizada por EL CORREO con el patrocinio del Ayuntamiento de Vitoria y la colaboración de Artepan, Cocacola, los clubes La Montañesa e Iturribero, las federaciones Vasca y Alavesa de Montaña, Protección Civil y DYA, cosechó una respuesta multitudinaria y entusiasta de los vitorianos.
Antes de las once de la mañana, el coso de la plaza que rodea el kiosko de la Florida era un hervidero de gente y el preludio de una buena mañana de paseo y fiesta. Alrededor de 300 personas se inscribieron a última hora. El alcalde, Javier Maroto, dio el pistoletazo de salida a las once pero ya había gente que había arrancado. Dos veteranos montañeros, Alejandro Chaparro y Fernando Quiñena, con sus bicicletas marcaban el paso como liebres. «Tenemos orden de que no nos rebasen. Es una marcha tranquila, no hay que correr», decía Alejandro.
Pero desde el principio quedó claro que había quien tenía prisa y enVitoria caminar es una filosofía de vida. Para ellos tenía un pensamiento Luis San Isidoro, uno de los más veteranos con sus 85 años. Su ritmo era pausado al llegar al monumento a San Prudencio, uno de los hitos del recorrido. «Caminar es sano y barato. No hay que parar, pero no basta con andar: No hay que agachar la cabeza como las ovejas. Hay que ir atento, observar el camino, fijarse en las cosas que llaman la atención, un árbol, un edificio, la forma de una montaña. Ando todos los días y llevo un cuaderno donde apunto lo que me llama la atención». Luis, además cree que es bueno que la gente se junte, que vea que otros hacen lo mismo.
Después de atravesar la senda más pisada por los vitorianos desde La Florida a la basílica de San Prudencio, el camino se introducía en el bosque de Armentia. Quejigos, arces, fresnos y una multitud de arbustos crean un lugar lleno de magia y sombras que refresca y hace disfrutar los sentidos, que se relajan. Tras el avituallamiento, consistente en un botellín de agua y el sello de control, algunos pequeños empezaron a sentir el cansancio. Irati, de 6 años y Maier, de 8, aguantaron bien. Han subido ya al Aitzgorri, comenta con orgullo su madre. Tres mujeres, Naroa, de 2 años, Eva, de 38, y Conchi, de 75, simbolizan la unión de tres generaciones disfrutando del mismo tiempo juntas.
«Descubren el bosque»
Algunos descubren por vez primera el bosque y no pueden dejar de exclamar que «es un lujo tener algo así tan cerca del centro». «Es lo más natural que tenemos», sentencia Luis San Isidoro. A su lado, otro abuelo, Paulino Salazar, se ha traído a sus cuatro nietos, Eder, Luis, Iris y Laida. La última solo tiene 4 años y asombra verla de la mano de su prima caminando sin rechistar. «Se anima por el bocadillo», puntualiza Zuriñe, su madre. Han venido desde Leioa y al final van a tener un premio: se llevarán una de las 8 bicis del sorteo, como Eli Sánchez y el dominicano José Juan López. Entre las más pequeñas, Andrea Méndez, de 5 meses, en la mochila de su padre, Julián.
Sobre las 12.25 llegaron los primeros caminantes. Les recibía la fanfarre de Salinas, un txoripan, un refresco y una cantimplora. La fiesta tocaba a su fin. «Una mañana perfecta de salud, amistad y solidaridad», concluía Josetxu Santana.
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