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Viandas, botas y timbas de cartas para amenizar el viaje

Miranda

Viandas, botas y timbas de cartas para amenizar el viaje

El almuerzo fue de lo más variado, pero los menos previsores apostaron para ganar unas garrapiñadas

15.04.12 - 02:12 -
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Se tomaron su tiempo para acomodarse. Algo lógico si tenemos en cuenta que iban cargadas de equipaje. Maletas, un sombrerero de la época, cestas de mimbre repletas de viandas y una caja que solo pudieron colocar debajo del asiento y que era, sin duda, la pieza más valiosa. La descubrieron tras la parada de Vitoria, cuando entendieron que era ya hora del almuerzo.
De ella, Rosa Ruiz y sus compañeras de viaje, sacaron dos grandes tortas de pan con la leyenda '150 años'. El secreto estaba en su interior, partidas por la mitad guardaban sabrosas tortillas de patata cubiertas con pimientos verdes y jugosos filetes empanados. Uno a uno muchos fueron los pasajeros que se pasaron por el coche número 2 para poder hacerse con un pinchito acompañado con un trago de zurracapote y vino fresquito, conservado en botas de cuero.
Para Ruiz era un viaje diferente pero no el primero hecho en un tren de vapor, ya que «además de estar casada con un ferroviario, soy hija y nieta de otros. Yo he viajado muchísimos años en estos y eran calcados». Por eso, reconoció que la aventura le hizo mucha ilusión. No obstante, ella y su grupo de amigos, han dedicado casi un mes a preparar el atuendo apropiado para la ocasión.
No fueron los únicos que aprovecharon la segunda parte del trayecto para dar buena cuenta de sus viandas. Otros sacaron de sus maletas chorizo del cerdo del marqués y vino elaborado en las bodegas de la aristocracia, que compartieron con sus compañeros de viaje.
Algunos menos pudientes no dudaron en montar una timba para sacarse un dinerillo con el que sufragar parte del coste del billete. Así lo hacía antaño un vecino de Briviesca al que alguno de los pasajeros no tardó en reconocer. Su papel lo interpretó en esta ocasión el artista y ferroviario mirandés Julio Carazo, encargado de vender 3 tablillas a 1 euro, cada una con 4 cartas pegadas.
Una vez repartidas todas, una mano inocente elegía un naipe de una baraja y el que tuviera esa misma, resultaba agraciado con una bolsita de garrapiñadas, otra de pastas de coco y una más de rosquillas. Todo casero. Así estuvo, acompañado por dos azafatas, cestita en mano, haciendo sorteos hasta que se acabaron las reservas. «En definitiva, se trataba de pasárselo bien», zanjó. Y en lugar de elegir otra indumentaria optó por reproducir un personaje real ya desaparecido.
También las cuatro azafatas encargadas de atender al pasaje recorrieron en numerosas ocasiones los pasillos de los cuatro coches ofreciendo tanto folletos informativos con la historia de la línea y del viaje como recuerdos del mismo. Pañuelos, silbatos, postales y mochilas conmemorativas. Ellas también agotaron casi la práctica totalidad de sus reservas, salvo de este último complemento. Los que viajen hoy (11.00 horas) tendrán que conformarse con hacerse muchas fotos para el recuerdo.
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Viandas, botas y timbas de cartas para amenizar el viaje
Aplausos en la despedida desde los andenes. :: A. G.
Viandas, botas y timbas de cartas para amenizar el viaje
No hubo coche restaurante, pero tampoco fue necesario. :: A. G.
Viandas, botas y timbas de cartas para amenizar el viaje
Uno de los pasajeros mira atentamente su reloj. :: A. G.
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