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Dos generaciones a los mandos

Francisco Garro y Mari Carmen López recuerdan sus experiencias

Dos generaciones a los mandos

«A los maquinistas de ahora les suelo decir que es el tren el que les lleva a ellos», dice el más veterano, que guió una unidad de vapor

15.04.12 - 02:14 -
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150 años dan para mucho y, es evidente que en ese tiempo el ferrocarril, protagonista de esta efeméride en Miranda ha evolucionado; pero no es menos cierto que si la ingeniería y los avances industriales han hecho su parte, todos esos cambios han sido vividos y asumidos por aquellos que conseguían -con carbón en principio, o mediante la electricidad ahora- dar vida a los trenes; todos y cada uno de los ferroviarios han aportado su granito de arena, pero la tarea más llamativa es quizás la que desde el principio realizaron los maquinistas.
En Miranda son muchos los que han dedicado su vida al tren y hay por lo tanto infinidad de historias relacionadas con el ferrocarril. Rememorar el primer viaje entre la ciudad y Alsasua ha propiciado que en la estación se agolparan los curiosos y contemplaran con una sonrisa la máquina de vapor. «Es bonito, pero recordar las calamidades que pasábamos nosotros para hacerlas funcionar, no lo es tanto», argumenta Francisco Garro que en 1948, con tan sólo 15 años, se hizo ferroviario. Fue fogonero y maquinista y no olvida que «el trabajo era durísimo, no podías bajar de la máquina mientras durara tu turno, que nunca sabías de cuánto tiempo iba a ser, y el calor o el frío que se pasaba era algo inhumano».
Fueron años complicados y tiene claro que quizás eso tuviera mucho que ver a la hora de forjar el carácter de los ferroviarios de entonces, y más concretamente de los maquinistas. Y es más, él tiene a gala, y con orgullo afirmar que «los mirandeses, los que éramos de aquí y los que vinieron de otros lugares a este estación éramos los mejores». Y si está seguro de ello es porque «siempre teníamos el peor material y, por orgullo y por coraje, lo hacíamos funcionar. Teníamos peores medios que otros pero nos las ingeniábamos para hacer las cosas mejor que nadie».
Fueron los años de las máquinas de vapor tiempos de carencias, tantas que incluso se las ingeniaban para «no gastar todo el carbón que llevábamos. Cuando cambiaban algún tramo de vía, allí estábamos los de Miranda para coger las traviesas viejas de madera y emplearlas para poder mantener una buena combustión. Nos las ingeniábamos y salíamos de todas».
Evidentemente las mejoras en cuanto a medios y seguridad han facilitado el trabajo de los ferroviarios en general y los maquinistas en particular; es algo que consustancial con el paso del tiempo, eso lo entiende perfectamente Garro y, es más, lo considera prioritario. Pero también le sirve para bromear. «A los maquinistas de ahora les suelo decir que es el tren el que les lleva a ellos».
Y de algún modo lo corrobora Mari Carmen López, maquinista aunque ahora ejerza otras funciones. «Cuando yo empecé si me hubieran dado una de aquellas no la habría cogido, reconozco que si ahora tanto hombres como mujeres podemos hacer el trabajo igual, llevar una máquina de vapor era algo durísimo, a mi me habría resultado imposible. Ahora conducir una máquina es más sencillo, hay que estar atento a lo que va surgiendo, pero las mejoras en seguridad hacen que la cosa no sea tan complicada».
Muchas ferroviarias
Ella es la única mujer maquinista de Miranda -accedió a ese puesto en 1981- pero ahora «somos ya muchas», y tiene en mente la posibilidad de celebrar este año «un encuentro aquí». Sin duda la igualdad es también una realidad hoy en día en el mundo del ferrocarril y ella afirma que «nunca me he sentido discriminada por los compañeros»; eso sí, no obvia que en sus comienzos «sí me encontré con algún viajero que al ver que la maquinista era una mujer dudaba en si subir o no». Eso, como el hecho de que en una estación se sintió como una estrella de cine porque «un grupo de japoneses al verme empezó a hacerme fotos», son para Mari Carmen meras anécdotas de alguien que, hija de ferroviario, aprendió «a andar dentro de un tren».
Ella es parte del mundo del ferrocarril por el que apuesta de modo decidido «es el mejor medio de transporte, tenemos una red y unos trenes extraordinarios, y yo creo que merece la pena seguir potenciándolo».
Sin duda es una de las mujeres que ha aportado su esfuerzo para que el camino de hierro sea lo que hoy es; lleva con orgullo su condición de ferroviaria y, aun sabiendo que al ser una de las primeras maquinistas pudo marcar una época, echa la vista atrás para argumentar que «las mujeres siempre han tenido presencia aquí; no podemos olvidarnos de las viudas y huérfanas que se encargaban de algunos cambios de agujas, o de las cantinas, esas fueron las primeras ferroviarias de verdad; después ya fuimos llegando las demás; la vía estaba abierta».
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