Un ginecólogo y una matrona declararon ayer en calidad de imputados ante un juzgado donostiarra por el presunto robo de un bebé. Los hechos juzgados ocurrieron en 1975 en el Hospital Provincial de San Sebastián -ahora integrado en el Hospital Universitario Donostia- después de que Rosa María Ibáñez, que entonces residía en Oiartzun, diera a luz a un niño que, supuestamente, falleció muerto.
El juez atribuye un presunto delito de detención ilegal al ginecólogo y a la matrona que atendieron a la mujer tras examinar el escrito remitido por la Policía judicial de la Ertzaintza, encargada de investigar el caso. Los dos profesionales sanitarios decidieron prestar declaración aunque tenían la posibilidad de negarse. Eso sí, al estar bajo secreto sumarial, se desconoce el contenido de su testimonio y si, como requería la familia denunciante, han «arrojado un poco de luz» sobre los hechos supuestamente ocurridos. Tampoco se tiene constancia de que el juez decidiera acusarles formalmente.
Fuentes de la familia aseguran que tanto el médico como la matrona ya no ejercerían su profesión y estarían jubilados. Interpusieron la denuncia en mayo del año pasado ante la Fiscalía. «En el hospital les dijeron a mis padres que ellos se ocupaban de todo y que el niño iba a ser enterrado en Polloe. Pero en el cementerio no consta que fue inhumado allí», asegura Susana Espí, hermana del supuesto bebé desaparecido.
El caso se remonta al 21 de julio de 1975. Rosa María Ibáñez y Esteban Espí, de 25 y 27 años, vecinos de Oiartzun, esperaban su primer hijo. Rosa acudió al Hospital Provincial en busca de un parto sin dolor. Nada más entrar por la puerta comenzaron los problemas. «Le dijeron que el bebé venía muerto. Mi madre les explicó que eso no podía ser porque ella continuaba sintiendo al pequeño dentro», afirma su hija. Según relata, su madre fue anestesiada y, cuando se despertó en la habitación, «ya estaba todo hecho».
En Bizkaia ya ha testificado como imputado otro ginecólogo, relacionado con la exhumación realizada en Derio en la que, al igual que las practicadas en Polloe e Itsasondo, no se encontraron restos de los bebés supuestamente enterrados allí.