Los aspirantes al carné de conducir prefieren, con frecuencia, los vehículos pequeños. Cuestión de agilidad. En el caso de la joven compañía Kulunka, su primer montaje es una apuesta de pequeño formato, a bordo de la cual ya han viajado por Europa, Asia y América. Eso sí, cuando se mira la letra pequeña, se ve que los profesionales que presentarán 'André y Dorine' el jueves en la sala Jesús Ibáñez de Matauco (20.30 horas) tienen una notable experiencia en sus trayectorias.
Un ejemplo claro es el director de la pieza, el vitoriano Iñaki Rikarte, que actualmente representa un Calderón en Madrid -con la Compañía Nacional de Teatro Clásico- y ha trabajado con Katu Beltz, Pikor o el Centro Dramático Nacional. Además, ha dirigido obras como 'Sísifo B.' o 'La lengua de las mariposas' y ha escrito varias frunciones, incluida 'Gris Mate', finalista del Max 2008.
Junto a él, el actor zaragozano José Dault, el riojano Edu Cárcamo o la actriz Garbiñe Insausti han unido sus talentos con el músicoy actor de Imprebís Yayo Cáceres. En la estela de los germanos Familie Flöz, con quienes se han formado y colaborado, han dado lugar a una pieza única de teatro gestual y máscaras que ya ha sido vista en Reino Unido, Colombia,China, Turquía, Nepal, Cuba, Argentina, República Dominicana o Ecuador, desde su estreno a finales de 2010.
«Es un milagro, porque con otros espectáculos puedes tener mejor o peor suerte. En este, todo el esfuerzo ha tenido una recompensa clara», subraya Rikarte.
El argumento es «una historia de amor» de una pareja de ancianos, que se desarrolla con el alzheimer como telón de fondo. De hecho, la enfermedad hace cambiar la relación entre André, Dorine y su hijo, así como «los roles en el núcleo familiar».
El gesto es el vehículo para la narración, en una pieza donde «el silencio es el verdadero texto». La clave de esta propuesta -incluida en el ciclo vanguardista JIM Aktual- es el uso de las máscaras. «Es una historia convencional, contada con un lenguaje que no lo es. Los diálogos imaginados son traducidos en acciones, sin que el público eche a faltar las palabras», describe Rikarte.
Ese 'texto' «es de creación colectiva, incluyendo al músico, que estuvo improvisando con nosotros», apunta Dault. No teníamos sinopsis y grabamos dos semanas de improvisaciones en vídeo. Hubo una primera parte muy intuitiva, pero una segunda muy intelectual, según Rikarte.
Los artistas destacan que el planteamiento de la pieza lleva al espectador a formar parte de la creación. Por ejemplo, «dicen que parece que las máscaras cambian de expresión, pero es el público el que lo hace en su cabeza».
«Montaña rusa»
«Es una montaña rusa de emociones, con humor y una esencia claramente optimista, de luchar por la vida», resume Dault. Y agrega que es «un montaje desnudo, honesto», en el que los tres intérprete dan vida a un total de 14 personajes.
En el caso de Garbiñe Insausti, a la labor interpretativa se suma la de creación de las máscaras, un planteamiento en el que -además de la formación con los especialistas germanos- «ha habido un proceso de prueba y error» hasta dar en el clavo.