El domingo ha dejado de ser festivo para muchos pequeños comercios de Logroño. Las tiendas del centro necesitan cada vez más abrir el séptimo día de la semana para que las cuentas cuadren a final de mes, y la moda se está imponiendo más allá de las pequeñas tiendas de gominolas y panaderías. Cualquier domingo se pueden adquirir sin dificultad frutas, verduras, carne, películas, libros, complementos de ropa, prendas de vestir, maquillaje, pasteles o incluso un corte de pelo.
María Julia Codés trabaja en Valvanera, una de las tiendas que no bajan la verja los domingos. En este comercio, situado en Vara de Rey, venden periódicos y revistas, pan, dulces, chucherías y bolsas de patatas. «Para un establecimiento como este, es imposible cerrar el fin de semana porque los clientes están acostumbrados», asegura.
En el caso de Valvanera, los empleados se organizan para trabajar un domingo sí y uno no, pero esto es imposible para muchas tiendas familiares sin empleados. Es el caso de Masquechuches, en la calle República Argentina, una golosinería familiar que los domingos regenta Ana de Miguel para que su madre, que está detrás del mostrador entre semana, pueda estar más libre ese día. Ana apunta que los festivos son un día de mucho bullicio, «porque los niños no tienen clase» y es un día en que se hace suficiente caja como para no perderlo. «Además, todas las tiendas de alimentación de alrededor abren, lo que nos obliga a hacerlo a nosotros también», apostilla. Reconoce sin embargo que algunos días se le hace duro levantar la persiana a las 9.30, «sobre todo si he salido el día anterior».
Uno de los colectivos que trabajan más festivos es el de los inmigrantes. Arslan Liaqat tiene una tienda de comestibles que durante la tradicional jornada de descanso recibe más clientes que cualquier laborable. «Es normal porque mucha gente trabaja entre semana. El domingo es un día tranquilo que aprovechan para hacer compras de comida», comenta. La tienda de Arslan está detrás de la estación de autobuses de Logroño, una zona en la que viven muchos inmigrantes. A solo unos metros hay una peluquería abierta, en la que un paquistaní, Haled, trabaja sin parar. En el local hay seis niños y dos adultos haciendo cola para cortarse el pelo, y de las cuatro cabinas de teléfonos de que el establecimiento dispone no para de entrar y salir gente. Haled explica que el día de más trabajo para él es el domingo. «Vienen muchos niños», chapurrea con la tijera en la mano.
También para los negocios chinos el domingo es un día de apertura obligada. El reconvertido bazar oriental, cada vez más especializado en ropa y complementos a precios de saldo, encuentra en ese día un tipo de cliente distinto al que frecuenta estas tiendas normalmente.
Isabel, una empleada española en uno de estos comercios, asegura que los festivos «no sorprende que vengan parejas jóvenes con carritos o mujeres de mediana edad buscando bisutería, cuando entre semana normalmente quien viene son señoras mayores». Sin embargo, constata que la cantidad de gente cae mucho los festivos. «No es el mejor día, pero se abre para no perder ni una venta», apunta.
Sectores tradicionales
En algunos sectores, la apertura de festivos no es nueva. En el videoclub Mabel, una de las empleadas, Nuria de la Concepción, explica que desde que, al menos desde que ella comenzó, siempre han abierto los domingos. «Es el día que más faena hay, porque la mayoría de los clientes eligen sábados y domingos para alquilar películas», comenta. Poco importa que el videoclub disponga de una máquina expendedora afuera, que parecería hacer innecesaria la apertura. La dependienta lo justifica: «Sí, tenemos varios expendedores automáticos en la calle, y se utilizan mucho, pero un día de tantos clientes como estos hay que estar adentro por si pasa algo». «Además, yo creo que siempre se agradece el cara a cara», añade.
El sector de las pastelerías es otro de los que tradicionalmente mantienen las puertas abiertas durante los festivos, un buen día para el dulce pecado. Una de las pastelerías más conocidas de Logroño, Garpesa, tienen la costumbre de abrir los domingos desde hace muchos años. «Servimos todos los días, domingos y festivos, menos en verano», explica Melani, una de las empleadas, a la que le tocó trabajar el pasado domingo. Melani asegura no importarle trabajar el séptimo día porque el horario «no es malo» y además rotan de forma que cada semana le toque a uno de los empleados. Al preguntarle por las diferencias que encuentra entre las compras del domingo y los demás días en la pastelería asegura: «No creo que haya mucha diferencia, quizás que está algo más tranquilo y algunas cosas anecdóticas, como que los domingos son los días que más trenzas se venden».