Mañana es el día de San Valentín, el protector de los enamorados. Vamos, como si los enamorados necesitaran protección. Creo que es la única fase de la vida de las personas en la que no necesitas que nadie te proteja, porque vas sobrado de estímulo. Es una pena que, por lo general, dure tan poco. Sí, luego están los que dicen que están enamorados de la vida, de su trabajo, de su pareja desde hace cien mil años. Seamos serios, eso es cariño, amor de diario, inteligencia emocional y lo que quieras, pero enamoramiento no. El enamoramiento es la única droga dura que genera nuestro organismo, y lo dejamos ahí, en 'organismo', porque no quiero discutir con Punset si son el cerebro, el corazón o los genitales los responsables de provocar tal estado de euforia. No he sido mucho yo de celebrar este santo, porque me parece una horterada el asociar amor con bombones, flores y lazos; lo cierto es que nunca lo he entendido, y que me perdonen los horteras. Y luego está la obligación del regalo, que es una de las torturas sociales a las que estamos sometidos. Pero con todo, aprovechando la efeméride valentina, me ha brotado una reflexión de lunes tontorrón que comparto gustoso con ustedes, vosotros, enamorados, desenamorados, militantes de la rutina en pareja o solitarios irredentos. Visto lo visto, probablemente, al único clavo ardiendo que nos podremos agarrar de ahora en adelante es al amor. Sí, porque creo que amar va a ser lo único gratis que nos va a quedar. Algunos pensarán: los recuerdos. No, amigos, desenterrar fosas de memoria y desempolvar las vivencias está demostrado que pasa factura, que se lo digan a Garzón y a tantos otros. Pues soñar, está pensando usted. Tampoco, porque tiene trampa el tema del sueño: generalmente, y en esto tienen mucha culpa los libros de autoayuda, acabamos por intentar materializar lo soñado, y raro es el sueño que, traído al mundo de las tres dimensiones, sale gratis. Así que amar es la solución. Ojo, en plan fraternal, nada de amoríos con fines retozantes, eso es inaccesible. Amar al prójimo, como él nunca te ha amado. No hace falta empezar hoy. Pasen buen día.