Los humildes, se pongan como se pongan los ideólogos de la crisis que sostienen que todo debe quedar como está, también existen. Y justifican, además, que el fútbol ponga a prueba lo lógico y lo previsible aunque solo sea durante cuarenta y tres minutos. Ésa es la primera de las lecturas que se extrae del encuentro disputado en El Mazo por Haro y Vianés bajo la gélida cuchilla del norte, y saldado al cierre con una goleada que resulta excesiva pero justa (4-0).
La segunda alude al carácter imprevisible de este deporte en el que una línea de retaguardia solvente, ordenada, atenta, y un meta en racha pueden poner patas arriba a todo un equipo, se ponga como se ponga.
La tecera habla de la lógica que en ocasiones se impone como una apisonadora y que durante el choque de ayer se hizo evidente durante la segunda parte, periodo de tránsito en el que el Haro había acumulado el rédito obtenido al cierre del primer periodo, al rubricar Aimar un rechace a saque de esquina con un lanzamiento ajustado desde la frontal, una pegada de un zurdo que rastreó de primera y en cuelo raso el cobijo del palo derecho, sin encontrar impedimento entre un bosque de botas impasibles.
Con esa mínima ventaja, que equilibraba el saldo favorable a los jarreros después de un disparo a la media vuelta de Gallo que encontró la respuesta de David, gigante poco después en un mano a mano con Gerika que vio abortada la mejor jugada del primer periodo, se retiraron los dos bloques al descanso. Y con esa mínima ventaja empezó a construir el Haro su incuestionable victoria ante un rival de buena traza, pero sin pegada, incapaz de aprovechar una arrancada de Muchave a los seis minutos que concluyó con un disparo cruzado que se fue al abismo.
Carlos Alonso entró en juego en la segunda parte y por su carril, el derecho, y por la carrera interior llegaron las jugadas que acabaron resolviendo el duelo entre riojanos y navarros. Gerika dibujó una genialidad (control con la derecha sobre línea de fondo, recorte con el exterior de la izquierda para ganar ángulo y trallazo siniestro inapelable), Unai remachó una creación de Carlos y Gerika, de nuevo, puso punto final al relato.