La asociación de vecinos Auzokideok ha decidido poner en conocimiento del Ararteko las molestias por ruidos y olores que causa en los caseríos cercanos la planta de compactación de basuras de Getxo. La peor parada es, sin duda, la familia Maruri-Zarraga, de Larrañazubi, cuya particular condena se remonta a hace 36 años. Todo empezó en la década de los 70 con la apertura de un vertedero frente a aquella casita de dos plantas situada en el recodo de una carretera local de Larrañazubi.
Con el paso de los años, la enorme hondonada situada junto a un puñado de viviendas se llenó con cientos de miles de toneladas de basura. Desde entonces, no ha cesado el ruido de los camiones. Tampoco «la pestilencia», que les obliga a cerrar a cal y canto las ventanas, sobre todo en verano. A mediados de la pasada década, el anuncio de clausura del basurero arrojó cierta esperanza. Pero todas las ilusiones cayeron en saco roto con la instalación de la planta compactadora de desperdicios. Actualmente «pasan más camiones y el hedor perdura».
Los afectados tienen claro que ya «nada ni nadie puede reparar el daño causado». Sin embargo, su hartazgo ante el continuo trajín les ha despertado del letargo: por allí pasan los autobuses que transportan a unos 6.000 escolares hasta el Aula Ambiental cada día y por la noche los camiones que transportan la basura. Incluso hay abierto un punto limpio las 24 horas del día y la actividad en la planta compactadora no cesa. Primero llegan los camiones que vuelcan los desperdicios. Luego, una excavadora los empuja para que finalmente los prensen en unos contenedores.
Medidas de seguridad
Las molestias han llevado a estas personas a exigir medidas de seguridad. Requieren que los vehículos reduzcan su velocidad al pasar por la zona, mejorar el bacheado firme de la carretera y establecer alguna medida de protección o de seguridad a la casa más cercana. Además, piden la canalización de las aguas pluviales y que hagan un doble apantallamiento en la planta compactadora para que no se oigan los ruidos.
Los vecinos exigen que, si estas medidas resultan insuficientes, se proceda al cierre de la planta. Y amenazan con llevar el caso a los juzgados. Por ahora, ya se han entrevistado con las autoridades locales, aunque «han pasado más de 100 días y no tenemos contestación». El Ayuntamiento de Getxo ya anunció a EL CORREO que procurará evitar ciertas molestias. «Algunas medidas serán implantadas de manera inmediata y otras requerirán más tiempo, dada su complejidad», aseguraron.