Músicos sin Fronteras reparte juego. Con el objetivo de que «todos los niños del mundo conozcan los Derechos de la Infancia», la ONG vitoriana se ha lanzado a editar tres barajas de naipes muy especiales. En euskera, castellano e inglés. Por ahora cuentan con mil unidades por tirada -3.000 en total-, y en las 40 cartas de cada pack han escondido mensajes e instrumentos musicales.
Con evidente parecido a las tradicionales usadas para el juego de las 'familias', sus homólogas filántropas exhiben a personas de distintas razas con artilugios para crear música. Desde un djembe sobre cuyo parche se percuta «amor y comprensión» hasta unas maracas cubanas que reivindican el «derecho a jugar». Pasando por el sitar, que se refiere a la innegable libertad para «disfrutar del recreo» y el crótalo, un antiguo aparato semejante a la castañuela, que clama contra «la discriminación religiosa».
Jesús María Alegría 'Pinttu', que dirige la iniciativa, asegura que a los chavales «les encanta» y dentro de la campaña 'Los derechos humanos, tu mejor instrumento', aspira a seguir repartiendo por las escuelas vascas primero -como han hecho hasta ahora-, y por las demás después, más ejemplares de la baraja. «Ya pensamos en la siguiente tirada. Nos gustaría sacarla también en hebreo y árabe para repartir por Israel y Palestina», explica.
Entrega a la Reina
Pero esta baraja ha llegado esta última semana a unas manos muy especiales. A las de Su Majestad la Reina doña Sofía. ¿Cómo? «Por pura casualidad», relata Paco Galve, director de la Escuela de Música Luis Aramburu y artífice de la extraña conexión entre Músicos sin Fronteras y la esposa del Rey. «Trabajo junto a 'Pinttu' para organizar un festival que se llamará Solidarijazz y en el que músicos de todo el país tocarán en Vitoria por la solidaridad, y quedamos el día de la inauguración de la Green Capital a tomar un café». Y entonces lanzó el órdago: «¿Y si le doy una baraja a la Reina?». Dicho y hecho. Horas más tardes, Galve se lanzó y se la dio.
Antes de hacerlo, tuvo que pasar por el protocolo de seguridad. «Miraron las cartas una por una y finalmente me tocó el turno de hablar con doña Sofia». Y los naipes se hicieron reales. «Nos deseó suerte con el proyecto, fue muy receptiva y dijo que la iniciativa le gustaba, así como la manera en la que se vive la música en Euskadi», asegura Galve que dijo la Reina. «También bromeó, dijo que a ver cuándo aprende a tocar algún instrumento». «Ahora, hasta en la Zarzuela saben que en Vitoria trabajamos todos juntos por los derechos de la infancia».