Nació como uno de los proyectos más participativos del Casco Viejo, llamado a mejorar la práctica deportiva del barrio y jubilar de paso unas instalaciones antiguas -las pistas de juego entre las calles Santa María y Las Escuelas-, que no reúnen las condiciones más idóneas. Pero tras años de dimes y diretes, de diseños una y mil veces revisados y de numerosas críticas, finalmente El Campillo se ha quedado sin polideportivo.
El motivo para despedir esta actuación -una pieza clave en la revitalización de la colina iniciada en 2008- es, una vez más, el económico. Los continuos retrasos para llevar a la práctica los bocetos sobre el papel han provocado que el Ayuntamiento vitoriano pierda los 5 millones de euros que reservara el Departamento de Cultura del Gobierno vasco para construir este equipamiento. Su repercusión es tal que ya es 'vox populi' entre los cuatro partidos municipales, que lo dan por hecho con mayor o menor grado de publicidad. Desde el equipo de gobierno lo asumen y, si bien no renuncian a esta iniciativa, por el momento rehúsan hablar de plazos o sobre cómo solventar -si es que se puede- lo ocurrido. Especialmente, en una época de prórroga presupuestaria.
El problema se debe a que esa cuantía corresponde a una partida finalista, es decir, con un plazo límite, y a que no es la primera vez que sufre demoras. Ya en 2009, el Gabinete López ajustó el calendario tras un «retraso en la ejecución del proyecto» por la adaptación de la normativa urbanística y las modificaciones en el diseño elaborado un año antes, ya que fue sometido a exposición pública para recabar la opinión vecinal. Entonces se optó por adaptar las partidas al «previsible» desarrollo de la obra, de forma que en 2010 se aportaran 1,5 millones, otros 2,5 en 2011 y el resto, en este ejercicio.
Pero actuaciones como el arreglo de las calles del barrio o la mejora de los cercanos jardines de Etxauri relegaron al polideportivo a un segundo plano y no fue hasta abril de 2011 cuando resurgió un renovado diseño que incluía peticiones de vecinos, de las asociaciones y federaciones deportivas, y de los técnicos de ambas instituciones. Fue aprobado por unanimidad en el Consejo de la Arich, que en julio abordó la posible convocatoria del concurso en otoño.
El plazo expiró en diciembre
Para entonces, el cambio de gobierno municipal, la destacada presencia de Bildu -que desde el principio se ha mostrado crítico con los proyectos de la agencia para el Casco Viejo- y las numerosas quejas del colegio Ramón Bajo sobre los perjuicios que las obras supondrían para sus alumnos, que usan las actuales instalaciones como patio, pusieron en peligro el futuro polideportivo. Y efectivamente, no hubo ningún avance hasta el 31 de diciembre, cuando expiraba el plazo para convocar el concurso y adjudicar el proyecto y las obras. Algo que tenían muy presente todas las formaciones municipales. No en vano, el que fuera gerente de la Arich, Gonzalo Arroita, lo dejó claro en su informe final de gestión, presentado ante el consejo en noviembre. En él, advertía de que «antes de final de año debería convocarse el concurso», ya que la financiación autonómica «así lo exige».
Poco después, reivindicó en EL CORREO «un pronunciamiento municipal» y sugirió que la participación de tantos agentes al valorar los diseños retrasaba el proceso. «Los planteamientos a veces son contradictorios e incompatibles», si bien reconocía que «hemos llegado a un documento que intenta casarlos a todos». Parece que no ha sido así.