Esta vez el Gobierno de Brasil no se ha dejado sorprender por los policías en huelga. Tras la rendición el pasado miércoles de los 300 agentes amotinados en el Parlamento del estado de Bahía, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, aseguró ayer que las protestas de sus colegas de Río de Janeiro están «absolutamente bajo control» y descartó que puedan extenderse a otros estados. Con la lección aprendida tras el paro policial de nueve días en Bahía, que disparó la criminalidad y obligó al Ejército a poner cerco a los rebeldes, las autoridades federales se han ofrecido ahora a enviar 14.000 soldados a Río para garantizar la seguridad de la ciudad carioca, que será escenario principal del Carnaval dentro de una semana y donde los bomberos también participan en las movilizaciones.
No obstante, el gobernador local, Sergio Cabral, declinó el ofrecimiento, ya que la movilización de Río no fue la esperada. Según la Jefatura de Policía, los paros no impidieron el «pleno funcionamiento» de las unidades ni paralizaron los servicios. Eso sí, fueron detenidos 158 uniformados por no presentarse en su destino. Igualmente, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, aseguró haberse sentido «horrorizada» por la difusión unas grabaciones en las que se insta a quemar autobuses, bloquear autopistas y propagar los disturbios en otros estados del país.
Atrincherados
Los policías de Río decidieron ir a la huelga en la noche del pasado jueves, en una asamblea en la que participaron tres mil funcionarios -sobre 43.000 que integran el cuerpo en la ciudad-. La medida fue adoptada tras rechazar un aumento salarial del 39% que el Gobierno había resuelto otorgarles en respuesta a sus demandas.
Los huelguistas aconsejaron a los habitantes de Río a no salir a la calle ni enviar a sus hijos a las escuelas. También sugirieron a los comerciantes cerrar sus locales. Su objetivo era atrincherarse en los cuarteles, pero la convocatoria no tuvo la respuesta esperada.
En tanto, en Bahía, tras la evacuación del Parlamento y el arresto de los cabecillas de la rebelión, las movilizaciones en demanda de mejoras salariales también ha perdido fuerza. Según declaró ayer el comandante general de la Policía Militar, Alfredo Castro, el 85% de los agentes volvió a la calle y solo una minoría resiste. No obstante, la imagen del caos es difícil de olvidar. Durante los días en que la Policía dejó de trabajar se produjeron 155 homicidios, el doble de lo habitual.