Hace una semana, un altercado entre dos usuarios del albergue municipal de Vitoria -CMAS- derivó en una agresión a las dos vigilantes del centro que intentaron mediar en la disputa, protagonizada por una mujer y un joven. Las trabajadoras se recuperan de sus lesiones físicas -contusiones por patadas y manotazos-, aunque las psicológicas siguen ahí.
Las agredidas se concentraron ayer junto a compañeros y miembros del comité de empresa del Ayuntamiento frente a las oficinas del Servicio de Inserción Social, en Pablo Neruda, para denunciar «la falta de medios que sufrimos desde hace años ante la sobreocupación del centro y que está provocando una inseguridad cada vez mayor», argumentaron los portavoces. «De hecho, es la tercera vez que una de las vigilantes es agredida en el desempeño de su labor».
Las dos afectadas se mantuvieron en todo momento en un discreto segundo plano. Como si temieran represalias por un incidente en el que ellas son las únicas víctimas. Sus compañeros explicaron que la segunda herida «está en una bolsa de trabajo municipal y al día siguiente de la agresión su principal preocupación era no perder el puesto de trabajo por lo ocurrido». Respecto a la vigilante que sufrió más golpes, el comité de empresa le consultó el mismo domingo, cuando aún estaba en el hospital, si quería presentar denuncia ante la Policía. «Pero como es la tercera vez que se enfrenta a algo así, y en las dos anteriores ya denunció y no se hizo nada, prefirió dejarlo pasar».
Conocedor de la protesta, el Gabinete Maroto aseguró que en el albergue municipal «no hay ningún problema de seguridad». Por ello, no se espera que se tomen medidas para evitar que se repitan actos violentos como los ocurridos.
Dos vigilantes por turno
El CMAS dispone de 69 plazas y cuenta con un vigilante en el turno de mañana y dos en el de tarde- noche. Los trabajadores piden estar por parejas durante toda la jornada, «como en San Sebastián y Bilbao, en donde siempre hay dos vigilantes y tienen menos usuarios». Además, los servicios de comunicación entre ambos guardas no funcionan desde hace tiempo.
«Un 'walkie-talkie' o un teléfono móvil, para nosotros no es un juguete, es un herramienta de trabajo necesaria, ya que hacemos rondas por todo el edificio. El sábado, por ejemplo, una empleada de la limpieza tuvo que salir corriendo para ir a pedir ayuda a la segunda vigilante que estaba en otra estancia», relató la plantilla del albergue del Ayuntamiento.