José Luis Rodríguez Zapatero se enfundó ayer por primera vez la toga negra con puños rojos y se colocó la medalla de consejero de Estado. El expresidente del Gobierno tomó posesión de su cargo en una solemne ceremonia en la sede del órgano consultivo, atiborrada de invitados. Tuvo como padrinos a su exvicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, «leal, eficaz e incansable compañera de Gobierno», según dijo, y de cuyos servicios prescindió en octubre de 2010, y al exministro de Justicia Fernando Ledesma, ambos miembros de la institución.
En presencia de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, el presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, y el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, Zapatero reclamó generosidad con Mariano Rajoy y altura de miras. «El Gobierno de España -dijo- debería contar con todo el apoyo político e institucional que se le pueda prestar» para encontrar una salida a la crisis y reformular el proyecto europeo.
Señaló que España vive «una encrucijada decisiva» para su futuro y que la solución no está solo dentro del país, sino en la Unión Europea, desde donde tiene que surgir «una respuesta conjunta y solidaria». El expresidente indicó que con la próxima reforma de los tratados europeos para avanzar en «la gobernanza» de la Unión y en la delimitación de las competencias soberanas de cada país, los Veintisiete vivirán un momento «cuasiconstituyente» en el que el Consejo de Estado podrá «proyectar su 'auctoritas' y su saber experto». En lo que a él respecta, se ofreció a trabajar con «voluntad de ser útil» a la institución.
Reforma constitucional
Con Zapatero tomó posesión como consejero permanente Alberto Aza, exjefe de la Casa del Rey, y como consejeros natos, es decir por razón de su cargo, el nuevo fiscal general, Eduardo Torres-Dulce, el jefe de Estado Mayor de la Defensa, almirante Fernando García Sánchez, la abogada general del Estado, Marta Silva, y el director del Centro de Estudios Constitucionales, Benigno Pendás. De todos ellos trazó una semblanza el presidente del Consejo de Estado, Francisco Rubio Llorente, que tiene las horas contadas al frente de la institución porque Rajoy nombrará otro presidente.
Rubio diseccionó con mimo la gestión de quien le colocó al frente de la institución hace ocho años con elogios para la retirada de las tropas de Irak y los avances en derechos sociales; reformas, dijo, que podrá ser «corregidas o modificadas» por los nuevos gobernantes del PP, «pero no abandonadas». Subrayó con énfasis el éxito de lograr que ETA haya anunciado el final de la violencia gracias al «esfuerzo» de Zapatero, aunque repartió los méritos con los anteriores gobiernos y la labor de los tribunales y las fuerzas de seguridad. Pero también hubo un reproche, la negativa a encarar la reforma constitucional, para la que el Consejo de Estado elaboró un voluminoso informe que fue ignorado por el Gobierno socialista. «Era necesaria -se lamentó- y ahora más que antes».
Zapatero ni pestañeó en su silla tapizada de rojo. Su nuevo trabajo es vitalicio y le reportará 72.800 euros brutos anuales, que se sumarán a los 74.000 que percibe como exjefe del Ejecutivo.