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Bilbao Basket

BIZKAIA BB 93-69 REAL MADRID

Una noche mágica

El Bizkaia recupera el average al Madrid en una gran velada y ahora depende de sí mismo en el Top 16

09.02.12 - 02:04 -
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Y no pasaron. Se toparon con una red de barricadas infranqueable. La amenaza blanca se vio desde el salto inicial atenuada por las ansias de gloria de un Bizkaia que sigue subiendo el listón de palmo en palmo, pese a encontrarse ya en el terreno de la plusmarca histórica. No se conforman con nada los hombres de negro. Quieren seguir pujando por otra porción de sueño en la subasta de la mejor competición de Europa. La consigna, la ilusión, la esperanza era no despedirse ayer de las posibilidades de prolongar el éxtasis. Sólo un puñado de visionarios se atrevía a imaginarse el escenario de la mayor felicidad imaginable. La remontada de 16 puntos en el average entre ambos aspirantes a los cuartos de final de la Euroliga. Dicho y hecho. Lo apuntaba Katsikaris en la víspera. Decía en lenguaje políticamente correcto que a sus hombres, y a él, les va la marcha. Les ponen las gestas, los retos, las pruebas. Infalible la franquicia vizcaína en el ámbito continental cada vez que ha sentido el rudo tacto de la cuerda apretando su nuez. Ganó en Vitoria de tal guisa. Después en Estambul. Repitió proeza en el remate de la primera fase de nuevo ante el Caja Laboral. El Real Madrid descansa también en su vitrina de presas del máximo prestigio.
Todo por creer y combinarlo con una calidad que está enamorando a la marea negra. El público, siempre fiel, también aportó lo suyo en otra velada para la historia. 9.200 aficionados desafiando las peores condiciones posibles. Lluvia, frío y la complejidad en esas circunstancias para acercarse a Miribilla. Olían a sangre. Aunque llevan tiempo con las pilas puestas, las recargaron con el triunfo liguero del pasado dominfo en Madrid. El equipo entrenado por Pablo Laso provoca morbo desde la misma pronunciación de su nombre, desde el primer vsitazo a su níveo uniforme, trufado de detalles dorados. A estas alturas de la película, pesa mucho la ley del deseo. Es una ventaja jugar sin presión en Europa. No la tiene el Bizkaia en este escaparate al que ha llegado por derecho propio, ocupando las baldas estelares a pie del pasillo central. Por contra, la contabiliza en toneladas el conjunto capitalino.
Buena defensa, velocidad...
No se le pasaba por la cabeza a los blancos verse superados, dominados, apartados de cualquier síntoma de voluntad con tanta premura. Un cuarto técnicamente perfecto habilitó la candidatura vizcaína. 10-0 en la primera secuencia. Buena defensa, velocidad de reacción y mano de santo desde la línea de tres. Magia. Ni el asombrosamente desfavorable arbitraje (5-1 en faltas en tres minutos y medio con una permisividad abrumadora para los contactos y manos ilegales de los madridistas) opacaba la luminosidad. Era tal el destello, el brillo que emanaban los hombres e negro que parecían teñidos con alguna anilina con efectos especiales. Era el inicio soñado. En menos de siete minutos la mejor de las posibilidades, la utopía de la recuperación del average, era una realidad. 25-8 como aperitivo al triplazo de Raúl que cerraba el priemr caurto con veinte puntos de ventaja (34-14). Los pellizcos iban y venían para constatar que era verdad, cierto, real lo que se había visto concentrado en diez minutos de excelencia sobre el parqué del Bilbao Arena.
Vasileiadis estaba enchufado con la ballesta, Mumbrú más de lo mismo. Jackson facturaba lo que pretendía y el rebote era una maniobra dominada, pero en el aro propio, dado que no fallaba ante el rival ni el apuntador. La valoración de 47-5 señalaba el calado de la humillación sufrida por los blancos. Quedaba un mundo y muchas veces, dice el tópico, que encierra más complejidad mantenerse que llegar. Gran verdad, por cierto. Un par de escarceos con el exceso de individualismo de inmediato corregidos por Grimau y Mavroeidis con un trabajo hercúleo en el rebote ofensivo mantuvo el atrezzo como estaba. El Madrid seguía maniatado por una defensa letal, al límite, aplastante por intensidad y convicción. Los números eran antagónicos y los de casa dilapidaban tiros libres para doblar en el luminoso al gigante, para entonces, ya herido de muerte.
Hubiera estado bien haber colado un par de micrófonos en los vestuarios para ver cómo se gestionan situaciones tan dispares desde la doctrina de los técnicos. El Real Madrid tenía que salir a morir, pero no se le había apreciado madera de sufridor para hacerlo. Su calidad, sin embargo, le confiere el rango de zombi, de muerto que en cualquier instante te asusta con su retorno a la vida o a algo parecido. La cuarta falta de Mirotic afectó mucho a los planes de Laso, ya que soportaba el montenegrino nacionalizado español el cuarenta por ciento de la anotación de los suyos. En su lugar emergió la mejor versión que se recuerda de Nole Velickovic. Quince puntos llevaron su marchamo en la recta final del tercer acto. Se las había prometido muy felices el Bilbao Basket al superar la treintena de renta (68-37), pero debió padecer el lastre de un pequeño bache en ataque. Todo lo que no le había entrado a los de Laso hasta entonces comenzó a ser tragado por el hierro a paladas. Un parcial de 2-14 poníe en cuarentena el lote completo. La victoria era ya segura, pero restaba la defensa del rédito, la llegada a los dos últimas joranadas del Top-16 con el average ganado al Real Madrid y dependiendo de hacer sus mismos resultados para completar el círculo que supondría ver en Miribilla al CSKA. Pero, frenemos, aunque el corazón pida abrir gas a discreción.
El margen de ventaja en esa diferencia de puntos era de cinco a favor en la última vuelta. Como en Madrid el domingo, Jackson y D'Or Fischer se dejaron ver. Showtime, espectáculo en estado puro. De la pareja americana, y de Vasileiadis, que evitó los primeros temblores con el quinto triple de su casi inmaculada serie de seis intentos. Y la defensa se mantuvo sólida y con ella hasta los destructores llegaban a soltar torpedos. Canastones de Hervelle, de Banic. Combinaciones de fantasía de un equipo desbocado. A Laso no le quedó otra que porfiar su destino a los triples y pobló de especialistas con buena mano su quinteto en cancha. Pero, sencillamente, ayer era imposible que atinara con la tecla. Ninguna incluía un tono lo suficientemente estridente para alterar la maravillosa sonata de invierno interpretada por los hombres de negro. El Montepaschi será el siguiente destinatario del '¡No pasarán!'.
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