Con un tema en común, el respeto, cerca de una treintena de escolares de 15 y 16 años de seis países europeos visita Bilbao para conocer la cultura vasca de la mano de alumnos de cuarto de Secundaria y primero de Bachillerato del colegio Trueba. Letón, kurdo, danés, estonio, flamenco, griego, euskera y castellano son sus idiomas maternos. Una torre de Babel a la que hacen frente con el inglés. «Predendemos que los alumnos desarrollen unas competencias básicas para su futuro laboral, porque la vida de ellos va a ser Europa», explica Mari Mar Carrero, directora pedagógica.
El colegio Trueba, junto a otra decena de centros escolares de Bizkaya, toma parte del Proyecto Comenius, una iniciativa europea que persigue el desarrollo y entendimiento entre varias culturas del viejo continente a través del intercambio y la cooperación entre escuelas de países diferentes. Así, durante los dos años que dura el programa, los grupos de los siete centros de Letonia, Turquía, Dinamarca, Estonia, Bélgica, Grecia y España visitan a sus compañeros en su país de origen, mientras comparten un blog donde cuelgan sus experiencias. Alumnos del colegio Trueba acudieron en octubre a Mazsalaca, una localidad letona «muy diferente a Bilbao, más pequeña, con mucha naturaleza y una gente que se volcó con nosotros», recordaba ayer Nerea. Durante este curso visitarán también el instituto Atatürk de Adiyaman, al sureste de Turquia. «Les llevaremos al monte Nemrut y les agasajaremos con una gastronomía excelente», adelantaba su director, Yusuf, ayer en Bilbao. El resto de países tendrán que esperar al próximo curso
Listón alto
El listón se pone alto y el centro bilbaíno ha aceptado el reto. Se ha propuesto hacer alarde de bilbaínismo, «en el mejor sentido de la palabra», ante sus invitados, que pernoctan en los domicilios de los alumnos de Trueba, con un amplio y variado programa. Ayer visitaron el Ayuntamiento y el Casco Viejo. Hoy acudirán a la Diputación; mañana preparán pintxos; el jueves, San Mamés... Mientras, organizan una maleta que ya han comenzado a llenar de sensaciones. «Sois comunicativos, hospitalarios y participativos», destacaban Kristine Estepanova y Lilija Gutmane en el pórtico de Santiago. «Es mejor de lo que esperaba», añadía el eslovaco Martin. «Bilbao es como un museo abierto, con sitios bonitos y una arquitectura extraordinaria. Es muy cercana y hospitalaria», corroboraba Yusuf.