Francisco Lorenzo es el coordinador de Estudios de Cáritas, «el último recurso» cuando todo se desmorona. Él conoce a fondo cómo y en que ámbitos ha golpeado la crisis. Esta tarde (19.30 horas, Centro Cultural de Ibercaja en Portales 48) va a ofrecer un análisis sobre el problema y la respuesta que la sociedad está ofreciendo.
-Una crisis con un efecto devastador en poco tiempo...
-Las primeras consecuencias de la crisis empiezan en 2008. En años anteriores, en tiempo de crecimiento económico, se había consolidado una situación de riesgo que no se percibía. La situación parecía fantástica. Detrás de un crecimiento del PIB o de una generación de empleo por encima de la media europea, se escondían indicadores que nos podían haber alertado de una situación de riesgo.
-¿Era una situación previsible?
-Un porcentaje alto de la población española estaba no en unas situación grave, pero sí de vulnerabilidad, en términos de pobreza, de privación o exclusión social. Alrededor del 50%. Y no quiere decir que estuvieran mal, sino en riesgo. Al cambiar el ciclo económico, en solo tres años, se han empezado a ver consecuencias graves.
-Desempleo, parados recientes convertidos en parados de larga duración...
-Exacto, en poco tiempo se han cronificado las situaciones. Pero, además, ha habido un incremento importante de la tasa de pobreza. Durante los catorce años de crecimiento (del 1994 a 2007) se mantuvo estable, pero con la crisis la tasa sube un 1% cada año.
-Según los últimos datos, en el país hay diez millones de pobres.
-Sí, y más de ocho millones de personas en riesgo de exclusión social.
950.000 personas en 2010
-¿En Cáritas, cómo se refleja la situación?
-En 2007, desde los servicios de acogida atendimos a 400.000 personas; en 2010 pasamos a 950.000, más del doble. Y lo que es peor, muchos de los que recurren a nosotros nos dicen: 'Nunca pensé que tendría que pasar por Cáritas para pedir ayuda', porque Cáritas parece como el último recurso.
-Están desbordados...
-Sí, porque detrás de todos estos datos hay personas y con un sufrimiento concreto. Gente a la que el día a día les iba bien, pero que habían asumido gran cantidad de riesgos. Personas que con un empleo precario habían firmado una hipoteca alta. Con el trabajo podían seguir adelante, pero cuando lo han perdido todo se desmorona.
-El panorama es desalentador
-Cuando se han terminado las prestaciones por desempleo, se han gastado los últimos ahorros y se ha dejado exhausta a la familia de tanto pedirles prestado se producen situaciones muy dolorosas. Salvo que se garantice algún tipo de protección. Si la sociedad no es capaz de asumir de forma colectiva los riesgos individuales...
-Pero vivimos tiempo de recortes y no parece que en el Estado se vaya a encontrar la solución.
-Hay un problema. Se cree que el gasto social es eso, gasto. No damos un paso más para considerarlo una inversión de cada al futuro. En Educación, por ejemplo, ahora asumimos un gasto pero en el futuro consolidará la sociedad. Pero sí, ahí no está la solución, porque ahora 'reducir gastos' es una máxima.
-¿Y qué podemos hacer?
-Yo plantearía dos ámbitos. Por un lado, cada uno tenemos unas posibilidades concretas para colaborar, no solo económicamente sino de implicarnos en proyectos. Pero, en el fondo, lo que está en juego tiene que ver con el modelo de sociedad; y ahí tomamos decisiones todos.
-¿En qué sentido?
-Un ejemplo. El 'boom' inmobiliario. Detrás del análisis económico, hay decisiones personales. Todos hemos arriesgado para tener una casa más grande, hemos especulado con nuestra vivienda cuando la poníamos a la venta... al final lo que hay es actitudes personales. Y en ese sentido, el modelo no solo nos llama a la revisión macro, sino también micro. Démosle a la economía el papel que se merece, no puede estar por encima de las personas. No puede haber leyes incuestionables en la economía que generen unos porcentajes de pobreza como se están generando.