Eran apenas un punto negro en un estadio abarrotado de leones. Rugían y rugían, pero los mil rojillos que salieron de Miranda dispuestos a conquistar San Mamés no se dejaron amedrentar y repasaron una y otra vez el repertorio de temas que en las últimas semanas han tarareado en media España y también fuera de sus fronteras. Nada más entrar al campo, algunos ya advirtieron que, si era preciso, estaban dispuestos a dejarse la voz en La Catedral para empujar a su equipo.
A modo de carta de presentación una de las peñas lo primero que hizo fue entonar el 'Somos el Komando, somos de Miranda, no necesitamos ninguna charanga y por si no nos habéis oído vamos a estar dando guerra todo el partido'. Y lo cumplieron, tanto ellos como el resto de los aficionados, entre los que no decayó el ánimo en ningún momento. No faltó el 'Sí se puede' que sonó en la Tribuna Sur cuando los dos equipos salieron del túnel de vestuarios. También entonces 40.000 cartulinas conformaron un enorme mosaico rojiblanco. Ellos eran muchos más.
Pero ni siquiera cuando el partido se puso muy cuesta arriba y la remontada se antojaba imposible flaquearon las fuerzas. Silbaron, aplaudieron, 'amenazaron' con tirar al árbitro al Ebro -algo que se antojaba imposible en Bilbao, quizá a la ría del Nervión- y, como no, entonaron el himno de Miranda. Un clásico que no puede faltar en ningún partido y que, casi con toda seguridad, se escuchó por primera vez ayer en La Catedral del fútbol. ¡Quién nos lo iba a decir!.
También la afición rojiblanca aplaudió la labor y el esfuerzo de los de Pouso sobre el terreno de juego y la entrega de la marea rojilla. Sus voces se sumaron a las de los mirandeses para gritar, hasta en tres ocasiones 'Mirandés'. Dejaron su impronta.
Lo hicieron desde que pusieron un pie en Bilbao. Varios de los aficionados coincidieron a su llegada con el autobús del equipo al que recibieron con palabras de ánimo y aplausos. Los mismos que todos los jugadores devolvieron a sus seguidores cuando el árbitro pitó el final del partido. Con estas despedida se acabó para todos un sueño compartido.
En esta ocasión el empuje de las miles de personas que vieron el encuentro a través de televisión no fue suficiente. Algunos incluso lo hicieron desde los bares situados en los aledaños de San Mamés y en Pozas, un feudo rojiblanco. La mayoría lo siguió desde casa, pero con el mismo ímpetu que si ocupara un asiento en el campo.
El Mirandés perdía y aún así en algunos sitios se coreaban consignas como 'A por ellos, oe, a por ellos oe...' o 'Ahora más que nunca, aúpa Mirandés'. Se lanzaron hasta cohetes como si de una victoria se tratara. Eso sí, esta vez la 'm', se quedó sola. La fiesta fue más comedida. Ayer era día de juerga en Bilbao. La felicidad se desbordó en las gradas, pero no bajó al césped. No hubo contacto físico entre los admiradores y los admirados, y tampoco hizo falta. Los dos polos de un mismo mundo, la grada y los jugadores, que no necesitan abrazarse para saber que se quieren.