Fueron casi tres horas de preguntas y respuestas. El hasta hace bien poco autor confeso del asesinato de Amaia Azkue había solicitado que se le escuchara en una nueva declaración. Ya lo había pedido en otra ocasión, hace unos meses, pero entonces la diligencia no se practicó. Hace dos semanas, sin embargo, sí fue posible. Acompañado por su abogado, el joven se desdijo de lo manifestado hasta ahora y afirmó que él no mató a Amaia Azkue, natural de Orio y vecina de Zarautz. Esta manifestación tampoco parece haber causado demasiada sorpresa en medios judiciales. Y en los policiales insisten en que el caso está «atado y bien atado».
Ander volvió a ser conducido hace quince días desde el centro de menores de Zumarraga, donde permanece recluido, hasta la sede de la Fiscalía Provincial de Gipuzkoa, donde se instruye el procedimiento en su contra. El joven azpeitiarra se halla sujeto a la jurisdicción del menor, ya que cuando se cometió el delito tenía 17 años, si bien en la actualidad es mayor de edad.
El crimen presuntamente cometido por este joven azpeitiarra se mantiene vivo en la memoria, no solo de los que conocieron a Amaia, sino de prácticamente toda la sociedad guipuzcoana. Casada y madre de dos niñas, Amaia Azkue, de 37 años, fue abordada sobre la una de la tarde del 16 de marzo frente al parking de un supermercado de Zarautz y obligada a dirigirse en su propio coche, un Renault Megane, hasta el embalse de Ibai-Eder, donde fue golpeada con una violencia inusitada en la cabeza.
El asesino arrojó su cuerpo atado de pies y manos a las aguas del pantano, abandonó el lugar al volante del coche de la víctima, se dirigió al cercano barrio de Aratz- Erreka, apenas distante seis kilómetros del pantano, donde se deshizo de diversos objetos en un contenedor de basura. Luego, cogió de nuevo el automóvil y lo abandonó en un parking cercano al santuario.
Cambio de estrategia
Un cordón utilizado presuntamente por el agresor para maniatar a Amaia, antes de arrojarla al embalse de Ibai-Eder, fue determinante en la investigación. El 17 de agosto, cinco meses después de la muerte y tras ver que el cerco policial se estrechaba sobre él, Ander E. se entregó. Aquella tarde, junto a su padre y un abogado, el chico, que entonces contaba con 17 años -cumplió los 18 al día siguiente- se presentó en la Fiscalía de Menores para confesar la autoría de los hechos. El ADN y una huella dactilar confirmaron su implicación.
En su primera declaración admitió su participación en la comisión del delito. Explicó que Amaia le había recogido cuando hacía autoestop y confirmó algo que los forenses y la Policía ya sabían: que utilizó una piedra para acabar con su vida. El resto de su declaración estuvo plagada de contradicciones y lagunas.
Seis meses después, Ander E. ha vuelto a la Fiscalía para realizar una nueva declaración, esta vez exculpatoria. La ley permite a un acusado efectuar nuevas manifestaciones, ya sea para modificar las anteriores, ampliarlas o matizarlas. En esta ocasión, Ander se habría desdicho de lo que inicialmente confesó. Al parecer, habría asegurado que no fue él quien mató a Amaia Azkue, sino que lo hizo otra persona, cuya identidad tampoco habría desvelado ya que «no le conoce».
Según su nueva versión, fue este individuo quien obligó a Amaia Azkue a trasladarse desde Zarautz a la zona del embalse de Ibai Eder, donde le habría robado las tarjetas y agredido para obtener las claves secretas. Asimismo, habría sido este sujeto quien golpeó a la fallecida con una piedra hasta matarla para luego arrojarla al agua. Ander sostiene ahora que no tuvo participación alguna en la agresión.
El acusado dijo desconocer la identidad de supuesto autor del crimen y, si bien ofreció una descripción física del individuo, los rasgos resultan tan genéricos que es poco menos que imposible determinar de quién se trata.
Esta nueva declaración no ha causado demasiada extrañeza en círculos próximos al caso. Los rumores de que Ander E. iba a modificar su versión se conocían desde hace tiempo dentro del Palacio de Justicia de la capital guipuzcoana, donde sospechan que todo obedece a una pura estrategia de defensa. Medios policiales consultados aseguran que el vuelco en su testimonio no hace que se tambaleen los firmes fundamentos sobre los que se asienta la acusación. Consideran que las pruebas incriminatorias en su contra están «bien atadas» y que no hay fisuras.