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La angustia de Contador abre la temporada

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La angustia de Contador abre la temporada

El TAS dicta hoy sentencia sobre su positivo en el Tour 2010 y el corredor, que jura su inocencia, teme una sanción menor

06.02.12 - 02:27 -
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Alberto Contador lleva año y medio con la guillotina detenida un metro sobre su cabeza. Hoy, cuando el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) dicte sentencia sobre su caso positivo en el Tour 2010, sabrá al fin si esa cuchilla decapita o no su carrera deportiva. No hay león sin garras. El ciclista madrileño defiende hasta con la uñas su inocencia: dice que el clembuterol que apareció en su orina procede de un solomillo adulterado. Pero sabe que en la justicia deportiva caben todas las apuestas. Se puede ser inocente y culpable, como ante un tribunal ordinario, y también probablemente inocente o probablemente culpable.
Los retrasos a la hora de redactar el veredicto hablan, según fuentes cercanas al proceso, de una elaboración minuciosa. «Será salomónica», creen fuentes consultadas por este periódico. «Ni para ti, ni para mí». Es decir, ni culpable ni del todo inocente. A eso teme Cotador, a que el TAS dé por buena su versión (la contaminación alimentaria) y no le aplique la sanción máxima (dos años), pero también contente a la parte acusadora, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), y condene al escalador de Pinto a un castigo menor, una suspensión de sólo unos meses. Quizá, incluso, podría correr el Tour 2012, aunque perdería la victoria en la edición de 2010. De ahí la angustia de Contador, que ayer corrió la primera etapa de la Challenge de Mallorca, se duchó, comió algo y partió hacia el aeropuerto de Palma para esperar en su casa madrileña la sentencia que hoy, a mediodía, deletreará el TAS. ¿Bajará o no la guillotina?
Así arrancó ayer en el Paseo Marítimo de Palma la temporada ciclista. Nieve en los accesos a la ciudad. Coches abollados en las cunetas. Conductores de secano, poco hechos al patinaje sobre gomas. Y sol en Palma, donde la mirada se olvida de la crisis y se llena de yates. Todo el mundo esperaba a Contador. «¡Estamos contigo, Alberto!», se oyó cuando el madrileño bajó del autobús del Saxo Bank. Rápido. Apenas un par de fotos y dos palabras: «Da gusto escuchar los ánimos. Y eso da ganas de correr», agradeció. Era la estrella. Casi nadie reparaba en Evans, el ganador del Tour, o en el joven británico Andrew Fenn (Omega), que iba a llevarse al sprint la primera etapa balear. También andaba por allí Cobo, el vencedor de la Vuelta. Y los Schleck. Los mejores. Pero el ciclismo vive a la espera de Contador. Pendiente como una guillotina.
Tropiezo y avanzo. A este ritmo ha corrido la vida de Contador. Muchos de esos tropiezos permanecen en forma de cicatrices: la que le dejó por fuera un operación cerebral y las que le han cortado por dentro, como su exclusión del Tour 2006 por pertenecer al Astana (equipo implicado en la 'Operación Puerto'), la marginación que sufrió ante Armstrong cuando coincidieron en la misma escuadra y, sobre todo, el positivo por clembuterol en el Tour 2010, el tercero que ha ganado.
Ha gastado un millón de euros entre abogados e informes científicos para probar su inocencia. Insiste en que el clembuterol estaba dentro del solomillo que masticó la noche previa al control antidopaje del 21 de julio, segunda jornada de descanso del Tour 2010. El 24 de agosto supo que el laboratorio de Colonia había detectado esa hormona. Ahí empezaron el insomnio, la asfixia. Rumió a solas su desesperación hasta que primero se lo dijo a su familia y luego lo hizo público. «Soy inocente». Y a eso se ha dedicado desde entonces.
El proceso se convirtió en un nudo. Un laberinto. El comité de Competición de la Federación española propuso una sanción de un año. Admitía la falta de volundad de 'doparse' del ciclista, pero le hacía responsable de lo que había ingerido. La Federación, sin embargo, no hizo caso de esa propuesta y le absolvió, después de escuchar cómo hasta el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se ponía al lado de Contador.
El escalador, nada más recuperar la licencia a mediados de febrero de 2011, salió a correr y a ganar: arrasó en el Giro tras pasar sin problema todos los controles antidopaje. En el Tour acabó quinto, después de sufrir varias caídas, y dar una lección de orgullo en la etapa de Alpe d'Huez: con la carrera ya perdida, atacó desde la salida, en el Galibier y reventó la etapa. No la ganó. Hizo más: perder así vale más que la mayoría de la victorias. Desde entonces, su carrera ha sido otra: la judicial. Lenta. Desesperante.
«Alberto lo está pasando muy mal», comentaban en su entorno. Y él, Contador, ha tratado de no quedarse a solas con su problema. «He intentado tener todo el día ocupado», confiesa. La AMA, organismo financiado por el Comité Olímpico Internacional y los gobiernos de varios países, quiere su cabeza. Guillotina. Contador se juega su prestigio, su honra; la AMA se juega la validez de su Código Mundial Antidopaje. Si Contador es declarado inocente, tendrá que cambiar las normas sobre sustancias como el clembuterol. Pero, ¿y los deportistas que ya han sido sancionados por casos similares? ¿Y si Contador no hubiera tenido un millón de euros para defenderse? ¿Hay una justicia para ricos y otra para pobres?
Protagonismo desviado
El inicio de una campaña ciclista debería estar más atenta al previsible choque de clasicómanos entre Gilbert, Valverde y Sagan; al duelo de Cavendish y Freire, con los Juegos Olímpicos de Londres como escenario; a Evans, rodeado del mejor equipo del mundo, el BMC; al nuevo RadioShack de Bruyneel y los Schleck; al talento escalador de Antón, favorito para una Vuelta a España hecha a su medida... Este deporte también tendría que pensar más en la desaparición de numerosas carreras, en la injusticia de un sistema de puntuación que prima a los equipos con dinero por encima de las escuadras de cantera... Pero, desde el verano de 2010 todo orbita sobre Contador.
El TAS tiene hoy la palabra. La AMA ha dejado ver sus dudas sobre el presidente del tribunal, el israelí Efraim Barak, y ha criticado que durante el juicio sus abogados no pudieran interrogar a uno de los testigos. Un miembro del equipo jurídico del AMA llegó a calificar el juicio de «farsa». El entorno de Contador teme que eso suponga una presión añadida.
Los miedos de Contador. No duerme pensando en una sentencia salomónica. A medio camino. Salomón fue el rey judío que descubrió a aquella falsa madre que reclamaba el hijo de otra: «Partid en dos al niño y dad la mitad a la una y la otra mitad, a la otra», ordenó el monarca sabio. La madre que mentía lo aceptó; la verdadera renunció a su mitad para salvar a su hijo. Salomón, claro, se lo dio a ella. Ahora, tras un millón de euros en gastos judiciales y año y medio de duermevela, Contador jura su inocencia pero tiene miedo de que el TAS parta en dos su carrera. Teme que el Tribunal reparta la razón y le aplique una sanción menor. Que el TAS dictamine que no es ni culpable del todo ni completamente inocente. Hoy lo sabrá.
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